En la piscina con los amigos de mi hijo

Hola lectores de Todo Relatos. Este es mi primer escrito aquí en la página y trataré de ser breve en mi debut como autora. Soy una mujer madura de 44 años de edad, divorciada desde ya hace un tiempo y madre de 4 hijos que adoro. Los mayores son un par de adolescentes, Glenda de 19 y Alex de 18. Y luego dos pequeños los cuales omitiré el nombre por ahora pero diré que es una nena y un varoncito

Como lo comenté anteriormente estoy divorciada desde ya unos años atrás y vivo en Estados Unidos. Y entre lo que es la manutención que paga mi ex esposo más mi trabajo que tengo como supervisora en una empresa de la ciudad, eso me ha permitido mantener una vida holgada económicamente que me permite cumplir mis pequeños caprichos y los de mis hijos. Por lo mismo, por ahora no busco relaciones serias ni nada que me ate a algún hombre. Me gusta mi libertad y la vivo y la disfruto sin ataduras de ningún tipo. Ver videos pornos nunca ha sido lo mio. Soy más fan de leer relatos. El utilizar mi imaginación para vivir mentalmente lo que estoy leyendo me parece más placentero que verlo en un video donde ya no dejan nada a la imaginación. Siendo madre de 4 hijos no corro el peligro de que entren de imprevisto a mi recamara y me encuentren viendo algo impropio. Sobre todo en esta época de pandemia que nos ha obligado a permanecer más tiempo en casa. ¡En algo me tengo que entretener!

Pero bueno, se que las descripciones físicas son una parte muy importante de estos relatos así que trataré de describir de la mejor manera para quienes me hagan el favor de leer esto pueda darse una idea de como es quien lo escribe. No suelo describirme a mi misma asi que espero hacerlo bien y fiel a mi persona.

Como dije mi nombre es Helena Chase. Helena es mi nombre real, y Chase es un pseudónimo que usaré en esta página. Soy una mujer madura de 44 años de edad, ya con mucho camino recorrido. A pesar de la edad y de ser madre de 4 hijos podría decir que me mantengo bien físicamente, gracias a una buena alimentación, las horas que paso en el gym y a los buenos genes heredados de mi madre. Soy blanca de piel, con cabello largo de color negro aunque de vez en cuando experimento tambien lucir peliroja. Mi rostro es de forma alargada. No soy cachetona ni de rostro redondo y eso me ayuda a lucir más joven, creo yo. Mis ojos son café claro y a veces dan la impresión de ser verdes o azules cuando les da la luz del sol. Mis pómulos son delgados y hacen ver mi boca y labios como si estuviera una perversa sonrisa, incluso cuando trato de estar seria. Mis cejas están siempre en una posición arqueada y eso en conjunto con mi boca y pómulos me dan la apariencia de bruja mala de cuento o villana de película. Para nada podrían confundirse con una chica inocente. Mi aspecto es el de una perra madura que ya no cae en cuentos ni la engañas o impresionas con cualquier cosa.

Mi estatura es normal, y si bien no soy bajita siempre trato de usar tacones altos para dar la apariencia de ser de de mayor estatura. Mis pechos son grandes y redondos, y si bien la edad y la gravedad ya hicieron mella en ellos aun puedo lucirlos bien con un sexy escote y algunos truquitos de esos que usamos las mujeres para vernos mas tetonas. Mi cuerpo no puedo decir que soy una mujer de complexión delgada, pero si una buena combinación de peso bien distribuido por todo mi cuerpo y sobre todo en mi gran culo y anchas caderas. Aun mantengo mi cintura y eso es un plus a la hora de lucir un vestido o un pantalón de mezclilla ajustado. Mis piernas son largas y robustas y me gusta lucirlas con sexys minifaldas. Por la edad, mi apariencia física y el ser madre de 4 criaturas, fácilmente puede caer en lo que ahora llaman MILF.

No soy muy dada a describirme a mi misma asi que ya dejare de hacerlo y continuo con lo que deseo contar en esta ocasión.

Todo empezó un fin de semana que hacía bastante calor. Mi hija Glenda había salido con su novio, mis dos nenes pequeños se habían ido con su padre a pasar un par de días y tenía entendido que mi hijo Alex también había salido con sus amigos a dar un paseo por algún rincón de la ciudad. Yo llegué a casa como a mediodía, pues me había tocado trabajar el fin de semana. Estacioné mi auto y mientras me dirigía a la puerta de mi hogar vi como mi vecino de nombre Gilberto me saludaba con su mano a la distancia desde su casa. Gilberto era uno de mis vecinos, el de a lado de mi casa para ser exacta, y por sus acciones sabía yo que mantenía un amor platónico por mi y eso me divertía. Era una buena persona, lo apreciaba, pero no era mi tipo de hombre sinceramente.

Le devolví el saludo de forma rápida y apresuré el paso para entrar a mi hogar y no darle tiempo de acercarse. Y no lo hice de mala gana, simplemente hacía demasiado calor y no apetece estar con él en la calle hablando de cualquier cosa bajo este intenso clima. Sin darle tiempo de nada llegué aprisa a la puerta y entré a mi hogar rápidamente.

Ya dentro lo primero que hice fue quitarme los zapatos de tacón. Luego empecé a quitarme la ropa, tirándola ahí mismo en el recibidor de mi casa. Me deshice de mi blusa color blanco que sentí despegarse de mi sudorosa espalda. Luego bajé mi apretado jean de mezclilla el cual también por el sudor y lo apretado de la prenda fue un poco complicado bajarlo. Quedandome solo en mi conjunto de brasier y calzon estilo cachetero de color crema y asi descalza me encaminé a mi recamara sintiendo el rico frio del piso de marmol en las plantas de mis pies. Entré a mi recamara y me enfilé al cuarto de baño para tomar una ducha. ¡Vaya sorpresa que me esperaba al abrir la puerta!

Dentro estaba uno de los amigos de mi hijo al cual yo identificaba por el nombre de Hugo. No solo estaba en mi baño personal, si no que sostenía en su mano una de mis calzones que seguramente había sacado del cesto de ropa sucia y la pegaba a su rostro aspirando mientras con la otra mano se masturbaba furiosamente su verga que mostraba una considerable erección, también enredada en otra de mis tangas. Ambos nos sorprendimos al mismo tiempo. Yo por la escena antes descrita y el por saberse descubierto. Fue tanta mi sorpresa que yo solté un grito y Hugo solo atinó a quedarse congelado con sus manos ocupadas, una en mi calzón y la otra en su dura verga. Y para hacer las cosas aún más incómodas, su verga empezó a soltar abundantes chorros de semen que fueron a caer en el respaldo de la taza de baño y por supuesto en mi tanga que sostenía enredada a su miembro.

-Hugo! ¿Pero qué haces en mi baño? –dije sorprendida y la verdad un tanto molesta.

-Yo-yo-yo-señora! Pe-pe-perdón, ¡puedo explicarlo! No es lo que…parece! –me respondió Hugo tartamudeando y no supe si fue por el miedo de saberse descubierto o por estar en pleno orgasmo lanzando chorros de mecos empapando mi tanga que usaba como herramienta de masturbación.

Ambos escuchamos la voz de mi hijo y sus pasos como se acercaba a donde estábamos, por lo cual rápidamente le indique a Hugo que se subiera el pantalón y guardará su aún erecta verga, lo cual hizo rápidamente y nos movimos al centro de mi recama poco antes de que mi hijo Alex ingresara mostrando también sorprendido de vernos a su amigo y a mi. Sobre todo por el hecho que yo estaba solo en ropa interior.

-Ah chingados! ¿Que pasa aquí? –exclamó sorprendido mi hijo al ver la extraña escena ante sus ojos.

-Jajaja no pasa nada, mijo. Lo que pasa es que yo no sabía que ustedes estaban aquí y pues me iba a meter a dar una ducha, pero como Hugo tampoco sabía que yo había llegado y escuchó ruidos aquí en mi recamara pues entro pensando que se había metido algún intruso. Y pues yo pegué semejante grito por el susto que me dió Hugo al entrar así de repente –le dije inventando esa historia tan rápido que hasta yo misma me sorprendí.

-No mames, Hugo! ¿Quien se va a meter a la casa? ¿Y tu porque estas casi encuerada, má? Tápate poquito aunque sea que se le está cayendo la baba a Hugo jajaja! –respondió mi hijo con una carcajada ya sintiendo el ambiente más ligero. No solo las babas se le están cayendo, pensé y no pude evitar una sonrisa mientras Hugo se ponía rojo de vergüenza.

-Pues la culpa es de ustedes. Se suponía que iban a salir y no estarían en casa. Ya salgan que muero de calor y me quiero dar una ducha –les dije sin siquiera tratar de cubrir mi cuerpo. Después de todo mi hijo algunas veces me había visto en ropa interior y a Hugo lo dejé pasar que estuviera ahí. Además siempre me había sentido segura de mi cuerpo y el saber que al amigo de mi hijo se le salían los ojos de verme así en ropa interior hizo aumentar mi ego en ese momento.

-Pues por eso mismo, madre. Está insoportable el calor y decidimos quedarnos a pasar la tarde en la piscina de la casa. No te metas a la ducha, mejor ponte un traje de baño y metete con nosotros a la piscina. De todos modos este culero ya te está viendo casi encuerada jaja –dijo Alex dándole un zape en la cabeza a Hugo que solo atinó a sonreír nervioso.

-No, como crees. No quiero incomodarlos con mi presencia. Mejor ustedes vayan a la piscina y yo me doy un baño aquí –le respondí a mi hijo.

-No nos incomoda, señora. De verdad –dijo Hugo fingiendo estar tranquilo aunque por dentro sabía yo bien que se moría de nervios.

-Bueno, esta bien. Los acompaño un rato porque la verdad si muero ya por meterme al agua. Dejen busco un traje de baño y ahorita los alcanzo allá en la piscina –les dije tronando los dedos en señal de que se salieran de mi recamara.

Apenas se fueron los dos adolescente y rapido me meti al cuarto de baño a recoger el par de prendas que Hugo apenas y había tenido tiempo de tirar detrás de la excusado. La pantaleta que sostenía pegada a su nariz estaba intacta, solamente penetrada de mis olores naturales. La tanga que había enredado en su verga era otra cosa. Estaba totalmente cubierta de la copiosa venida de semen del amigo de mi hijo. Con cuidado la tomé con mis dos dedos mientras la examinaba tratando de no ensuciarme. Me vi tentada a acercarla a mi nariz para olfatear tal cual Hugo hiciera con mi otro calzon, pero me resistí a la idea y la lancé al cesto de ropa sucia.

Busqué en mis cajones de ropa algunos de mis trajes de baño para salir a estar en la piscina con mi hijo y su amigo. Toda la experiencia pasada con Hugo y el ver mi tanga cubierta de su semen me había dejado más excitada que molesta, lo admito. Y como dije antes, el saber que aun a mi edad podía llamar la atención de un adolescente al grado de hacer la locura que había hecho, volvió a pegar en mi ego. No pude evitar que saliera el espíritu perverso que vive en mí y me decidí por un bikini de dos piezas. La parte de arriba era suficiente para cubrir mis pezones y el par de pequeños melones que tenía por senos. Y la parte de abajo había escogido una tanga también bastante reveladora que dejaba poco a la imaginación. Solo un pequeño triangulito que muy apenas y ocultaba mi depilada vagina, y por detrás solamente un delgado hilo que se perdía en medio de la raya de mi gran culo. Me miré al espejo dando un par de vueltas frente a él y me gustó mi reflejo. Estaba segura que Hugo volvería a deslecharse nomas al verme salir en este traje de baño. Me daba algo de pena por mi hijo pero pudo más lo cachondo del momento que el pudor y la vergüenza. Mirándome una última vez me dirigí hacia el patio de la casa donde estaba situada nuestra piscina.

-Oh mierda! –pensé sorprendida para mis adentros apenas y crucé la puerta hacia al patio. En la piscina no solo estaban Hugo y mi hijo, sino también otro par de amigos de Alex a los que conocía por sus nombres de Hector y Paco que al igual que yo se quedaron sorprendidos de verme casi desnuda parada en la puerta.

-Ay chicos, perdon! ¡Qué pena, no sabía que estaban ustedes también! –les dije refiriéndome a Hector y Paco que me miraban boquiabiertos ante el tremendo espectáculo que sin querer les estaba dando. Me arrepentí de haber escogido un conjunto tan revelador.

-Má! ¿Que te pasa? ¿No encontraste un traje de baño más pequeño? No mames, casi les provocas un infarto a estos pendejos jajaja! –dijo Alex poniendo cara de desaprobación a pesar de su carcajada.

-Perdon chicos, tiene razón Alex. Escogí un mal conjunto. Dejen ir y me pongo otra cosa –les dije verdaderamente apenas y sintiendo mi cara enrojecer y no precisamente por el clima.

-No pasa nada, seño. Es su casa y usted puede vestirse como usted guste. Nosotros no tenemos problema, ¿verdad Hector? –dijo Paco recuperándose de su asombro y escuchando como Hector daba su aprobación a su comentario.

-Pues sí, má. Ya metete, qué más da. Ya le diste show a estos pinches zanganos, ya que! –dijo Alex lanzando agua a sus amigos que reían divertidos.

No me quedó otra más que hacerle caso a mi hijo y metiéndome a la piscina junto a ellos para no hacer mas incomodo el momento. La piscina era lo suficientemente grande para que cupieramos los 4 guardando espacio considerable entre unos y otros. Apenas y el agua tocó mi cuerpo sentí como mis pezones se ponían duros, marcando impudicamente bajo la tela de mi sostén y haciéndome de nuevo arrepentirme por mi infantil decisión de usar ese traje de baño. Afortunadamente nuestro patio estaba rodeado por un alto muro que impedía a los vecinos ver lo que sucedía en nuestra casa. En cambio los chicos no perdían detalle de mi cuerpo, incluyendo a mi hijo Alex quien se acercó a mí y me ofreció una botella de cerveza.

-Ahhh con que tomando alcohol, ¿eh? ¿Como lo compraron? Todos ustedes todavía son menores de edad y se supone que no pueden comprar alcohol –les reprendió pero de forma amistosa. La edad legal para comprar alcohol y cigarros en Estados Unidos es hasta los 21 años.

-Tenemos nuestros secretos, seño –dijo Hector sin poder apartar la vista de mis duros pezones.

-Yo se que tienen sus secretos. Eso todas las madres lo sabemos. –dije sonriendo y lanzando una mirada acusadora a Hugo para ponerlo incómodo. Lo cual surtió efecto y me causo gracia verlo como su rostro se ponía de mil colores.

-Bueno pero usted lo dice como si fueran secretos malos y pues no. Todos somos niños buenos, seño –me respondió de nueva cuenta Hector.

-Pero no me digan seño, ¡por Dios! Me hacen sentir como una vieja. Hugo, Hector y Paco, desde ahora queda prohibido decirme así. Pueden llamarme Helena, con confianza. Ya tienen mucho tiempo de amigos con mi hijo y viniendo a mi casa como para que todavía me sigan diciendo así –les reprendí.

-Ya oyeron, pendejos! No le digan seño a la seño! –les dijo Alex a sus amigos para luego lanzarles agua con sus manos a lo cual sus amigos respondieron el ataque lanzando agua también a Alex.

-Y tú tampoco estes grosero, Alex! –le respondí a mi hijo uniéndome a sus amigos para atacar con chorros de agua. Pronto eso se convirtió en una guerra de todos contra todos.

Con lo brusco de los movimientos, mis pechos se bamboleaban por todos lados haciendo que mis pezones casi escaparan de la tela que los cubría. Varias veces tuve que acomodar el top de mi traje de baño para evitar mostrarles por completo mis tetas a los adolescentes amigos de mi hijo, que no perdían detalle de mi cuerpo. Igual yo tampoco perdía detalle de sus cuerpos. Mirando cómo lucían todos ellos, incluyendo a Alex, severas erecciones que no podían disimular bajos sus trajes de baño. No pude evitar sentir como mi vagina me hacia cosquillitas.

No tardó mucho para cuando empezaron a hacer burla a Paco por la notoria erección que mostraba su verga, el cual apenado trataba de esconderla con sus manos.

-¡Jajaja No mames, Paco! Ya se te puso dura jajaja! ¿Ves mamá, lo que haces? ¡Ya alborotaste a este cabrón! –dijo Alex mientras todos se unían a la burla en contra de Paco, uniéndome yo misma a ellos.

-Ohh, ¡pues no soy de palo! Y no se hagan weyes que ustedes andan igual, cabrones! –dijo Paco tratando de defenderse y visiblemente apenado.

-Es cierto! También el Hugo anda en posición de firmes Jaja! –dijo Hector tratando de bajarle el short a Hugo mientras todos nos reíamos por la situación.

La guerra de agua pasó a ser una guerra donde mi hijo y sus amigos trataban de bajarse los trajes de baño unos a otros, a la cual yo tambien decidi unirme primero atacando a mi hijo, para despues tambien a sus amigos que se mostraron sorprendidos pero felices de tener oportunidad de tocar mi cuerpo, cosa que no tardaron en empezar a hacer. No se atrevían a bajarme mi traje de baño, pero si disimuladamente rozaban mi cuerpo con sus manos primero de forma disimulada pero al ver que yo no decía nada, los toqueteos se volvieron más descarados. Pronto sentí como pasaba sus manos por mis tetas y mi culo, y los más atrevidos trataban de agarrar mi panochita que ya la sentía yo chorrear flujos vaginales. Era tanto el toqueteo que ni siquiera podía distinguir cual de ellos me manoseaba, pero sabía que eran todos. Me calentó la idea de que unas de esas manos fueran también las de mi hijo. Un par de veces Alex logró ver como sus amigos pasaban las manos por mi cuerpo pero no dijo nada.

-Ya, ya, paren la guerra! Como castigo para los perdedores tendrán que salir a mostrar sus miserias durante 10 segundos jajaja! –grite divertida dando fin a la guerra de agua pero incitandolos a que tuvieran que salir desnudos.

-Cierto! Helena manda en esta casa y lo que ella diga es ley! ¡Que salgan los perdedores! –gritó Hector chocando la palma de su mano con la mía, dándonos un high five como le dicen a ese movimiento.

-Orale, no se hagan mensos. ¡Para afuera! Y no se vale taparse –gritó Hugo también uniéndose a la presión para que salieran Paco y mi hijo Alex, quienes eran los que se habían quedado sin sus trajes de baño que maliciosamente habíamos lanzado lejos de la piscina.

Alex me miró como pidiendo aprobación, la cual le di lanzándole una mirada de complicidad. Después de todo nos estábamos divirtiendo y no quería romper el rato ameno. Con visible pena, Paco y mi hijo salieron de la piscina tapando su entrepierna con sus manos pero los empezamos a atacar y no tuvieron más remedio que descubrirse. Quizás por los nervios pero ya sus vergas no se mostraban totalmente erectas aunque aún conservaban un tamaño bastante aceptable. Hugo y Hector se morían de la risa y lo mostraban con exageradas carcajadas mientras los perdedores se mostraban desnudos al mismo tiempo que yo lentamente contaba hasta el 10. Alex me increpaba a que contara más rápido y yo fingía perder la cuenta y reiniciaba otra vez.

-No mamen, pinches verguillas que tienen jaja! Ni siquiera se les para! Jaja! –se reía Hugo aparentemente ya olvidando el incidente del baño.

-Dejen les ayudo poquito con eso, chicos! –dije divertida y posicionandome frente a los dos perdedores pero evitando que Hugo y Hector me vieran, me baje rápidamente el top dejando al descubierto mis tetas a la vista de Paco y mi hijo, para luego volverlas a tapar.

-Heeey, no se vale! Nosotros fuimos los que ganamos y ellos son los que se dan banquete viéndola, Helena! ¡No se vale! –grito Hector fingiendo enojo.

-¿Quieren ver? Muestren sus miserias también entonces! –dije muerta de la risa y retandolos a Hugo y Hector a que se bajaran sus trajes de baño también ellos.

Sin pensarla mucho, los dos adolescentes saltaron fuera de la piscina y tomando lugar enseguida de mi hijo y su otro amigo, se bajaron sus prendas para quedar totalmente desnudos también. Repentinamente tenía a 4 adolescentes, incluyendo a mi hijo, frente a mí con sus vergas apuntando en mi dirección. También sin pensarlo mucho, me bajé el top de mi traje y expuse totalmente mis redondas tetas ante ellos. No solo eso, las empecé a acariciar de forma obscena llegando a apretar mis ya duros pezones. Al ver que yo hacía eso y ya sintiendo más confianza, los 3 amigos de mi hijo empezaron también a acariciarse sus miembros los cuales se pusieron duros. Alex tardó un poco en hacer lo mismo que sus amigos, pero perdiendo la vergüenza y omitiendo que era su propia madre quien se exhibía frente a ellos, como también su verga y empezó a frotarla tan duro y rápido como había visto a Hugo hacerlo momentos antes.

Yo ponía cara de viciosa al mismo tiempo que seguía apretando mis tetas, excitandome de ver las vergas de mis jóvenes amigos. Paco era quien a mi ver tenia la verga mas gruesa y larga, seguido por mi hijo Alex y despues Hector y Hugo que también contaban con buenas herramientas pero no tan ricas como las de los 2 anteriores. Para calentarlos más me despoje de la parte superior de mi bikini, para luego metiendo mis manos bajo el agua hice lo mismo con la parte baja lanzandola hacia ellos a lo que Hugo la atrapo con un rápido movimiento de su mano.

Lentamente me salí de la piscina y sentándome en a la orilla, abrí mis piernas mostrando por completo mi panocha, mientras me insertaba un par de dedos en ella en un furioso mete y saca. Después de eso ya no hubo necesidad de palabras, los 5 nos dedicamos a masturbarnos sin quitarme la vista de encima ellos a mi y yo a ellos. El saber que uno de ellos era mi hijo me causaba una enorme cantidad de morbo.

No pasó mucho tiempo cuando empezaron a soltar grandes cantidades de semen, tratando de apuntarlas hacia mi. Me encontraba a buena distancia, si no si hubieran sido capaces de alcanzarme con sus chorros de leche. Estuve tentada a acercarme para que impactaran a mi rostro, pero el estar yo también a mitad de mi orgasmo me impidió siquiera moverme. Solo gemia como perra en celo disfrutando mi orgasmo y viendo como mi hijo y sus jóvenes amigos soltaban espesos chorros de blanco esperma que caían manchando el suelo.

-Aggh, así mis amores, assssi! Denme su lechita, ¡bebés! Denme su lechitaaa! -les gritaba fuera de mi, abriendo mi boca y sacando mi lengua queriéndolos excitar aun mas si acaso era posible. Sentí como mi panocha se abría para soltar una extensa chorro de squirt que alcanzó a los pies de los afortunados adolescentes amigos de mi hijo. Era tan extenso mi orgasmo que pareciera que me estaba orinando. O quizás si me estaba orinando, en ese momento mi mente no estaba en condición de pensar con claridad. Solo sentía que se me iba la vida en esa fuente inagotable de líquido que expulsaba mi hinchada panocha depilada.

-Ahhh me vengo, me vengooo! –grito Hector quien fue el primero en soltar su carga.

-Toma mi leche, puta! Tomalaaa! -fue el turno de Paco de gritar sorprendiéndome que me llamara puta, pero lejos de molestarme me prendio mas.

A Hugo ni siquiera lo escuché pues mi atención se centró en mi hijo que también comenzó a gritar.

-Ahhh mami, toma mis mecos mami, tomalos. Son tuyooos!! -grito eufórico mi hijo Alex y fue demasiado el morbo que sentí que olvidándome de todo me arrastré rápidamente hacia mi hijo para tratar de atrapar los últimos chorros de semen que expulsa su dura verga. Sin pensarlo siquiera, la metí en mi boca ordeñandole su leche hasta que el solo se quejó y con un gesto que pareciera de dolor se apartó de mí sacando su ya más flácida verga de mi hambriento hocico.

Los otros 3 chicos tomaron eso como la regla a seguir y acercándose a mi rostro con sus ahora semi erectas vergas, me las ofrecieron y yo con gula empecé a devorarlas una a una sacándoles lo que les quedaba de semen a cada uno de mis amigos adolescentes.

Duré así unos 5 minutos que sirvieron también para que poco a poco todos y cada uno fuéramos tomando conciencia de lo que acabamos de hacer. Mi hijo fue el más avergonzado y sin decir palabra se apartó para luego meterse a la casa. Yo como la única adulta ahí sentí una tremenda carga de culpabilidad y vergüenza. Para nada era yo una santa o mojigata, pero una cosa era andar de puta con hombres a escondidas de mis hijos, a otra muy diferente a hacerles sexo oral no solo a los amigos de mi hijo sino tambien a mi propio hijo Alex.

Después de unos momentos les dije que tomaran sus cosas y se fueran a sus casa, no sin antes pedirles que no se dijera ni una palabra de esto que acababa de suceder y que ya tendríamos tiempo de discutirlo más adelante. Todos tomaron su ropa lentamente y en silencio salieron de casa. Paco al pasar a un lado de mí aprovechó que estaba yo descuidada y me dio un beso en mis labios tomándome por sorpresa para luego irse junto con los demás.

Lentamente y llena de vergüenza, entré a mi casa y me dirigí al cuarto de mi hijo. Íbamos a tener una larga conversación. Pero eso ya se los contaré en otro relato.

Por ahora aquí termina mi relato. Es mi primer intento y me disculpen por los errores que estoy segura dejé pasar. Si tengo buena respuesta de los lectores seguiré contando lo que sucedio después y muchas otras cosas más. Hasta luego.