La gran obsesión de un lector caliente

Durante mis años de escritora de relatos eróticos en la red, me he visto sometida a varios tipos de lectores, comentarios, proposiciones, invitaciones e incluso estados visuales del grado de satisfacción de mis palabras.

Sin embargo, cuando empecé a narrar mis propios relatos en la web en la que suelo publicar, mis lectores están ,mucho más si cabe, receptivos.

He tenido todo tipo de proposiciones, pero sin embargo la última se lleva la palma.

Un lector fiel a mis historias y que me sigue desde hace bastante tiempo y que estaba encaprichado conmigo ha dado un paso más desde que empezó a escuchar mi voz.

Varias veces me ha pedido que mantenga conversaciones con él y me ha propuesto pagarme por ello.

Por supuesto es una locura, sin embargo parte de mi aceptaba la idea de lo morboso que sería guiarle en el proceso y hablar mientras se autocomplacía.

Una de las ventajas de internet es el anonimato y la gente, en especial los hombres, suelen dar mucha rienda suelta a sus fantasías. Si algo he aprendido en estos años es a saber escuchar y valorar la privacidad de sus confesiones. Aunque también claro está, me he visto envuelta en comentarios poco respetuosos y acusaciones. Pero he visto una faceta sexual, morbosa y excitante a través de la escritura y he podido saborear la victoria y el poderío de tener a un hombre en las manos a través de una pantalla, sólo con lo que mi mente decide narrar.

He llegado aprender un mundo aparte que no conocía y del que me estoy familiarizando, descubriendo una parte del sexo que desconocía.

Pero él era distinto. Desde el primer momento me apoyaba, me animaba, ansíaba un relato mio para perderse entre mis letras y caer en la tentación de darse placer con ellas.

Lógicamente me halagaba. Era una prueba evidente de que estaba haciendo bien mi trabajo, por el cual aparte de pagarme, hacía una buena obra.

Cada día leía la cantidad desorbitada de correos que me llegaban donde entre burradas y sin sentidos, a veces encontraba alguno que me sacaba una sonrisa de satisfacción. Lo gracioso del asunto es que nadie sabía mi apariencia, mi altura, como era mi cuerpo, mi color de pelo y ojos… sólo conocían mis palabras, un nick con el que me identificaban y mi voz.

Para muchos lo último era lo que les excitaba más que el propio relato. Una voz dulce, inocente, y angelical… nada mas lejos de la realidad y de la persona que hay detrás.

Pero este hombre conocía mi verdadera identidad. Mi nombre. Mi estatura. Mi fisico. Mi color de ojos y pelo. Sabía muchas cosas sobre mi y me seguía en todas mis redes sociales. Sin embargo no conoció mi voz hasta que empecé a narrar para esa web a raíz de las últimas actualizaciones.

Así que volvamos al principio. Una joven escritora erótica que publica en una web de relatos donde su mayor público es masculino. Donde los hombres acuden para un momento de desahogo y fantasía. Donde se dejan llevar por las situaciones que plantean esas historias y donde la imaginación es la madre de todos. Ahora tenían voz.

Como tantas otras veces hablé con él tras el relato, donde me contó su experiencia, lo que le había gustado, lo que había imaginado y como se había… complacido.

Deseaba que narrara para él, y sólo para él, mis otros relatos escritos.

Día tras día insistía, hasta que cedí, y un día le narré uno de mis relatos más visitados. Mientras hablaba conmigo escuchaba el audio que le había mandado de fondo y se le ocurrió hablarme por voz a través de instagram, a causa de tener las manos ocupadas.

Su voz entrecortada, mi propia voz de fondo narrando obscenidades, su respiración acelerada diciéndome cosas que me hacían revolverme en la silla mientras tragaba saliva y me ponía mas nerviosa a medida que avanzaba.

„ Me ató las muñecas y con ellas así le desabroché como pude el pantalón, con su paquete cerca de mi cara, haciendo que al liberarle me diera con su erección en la boca. «Abre» „

Oí de fondo mi propia voz y un fragmento de uno de mis relatos más leídos. Pero me centré en él.

– – Te imagino a tí, arrodillada, mirándome a los ojos mientras te relames, con la boca entreabierta, los ojos lascivos, deseando abrir la boca para dejarme entrar en ella, acariciar tu mejilla… te deseo. Aquí y ahora me gustaría follarte despacio, saborear el momento y ver como disfrutas.

– – ¿Qué estás haciendo? – Logré decir tragando saliva y por escrito, pues yo no hablaba.

– – ¿Quieres verlo? – Y una parte de mi sentía curiosidad y ganas por saltarse las normas que me había impuesto.

– – Vale.

Aquella aceptación lo elevó en segundos a una escala mayor de placer. El ser visto, observado, descubierto sólo por su escritora erótica, la que tantos buenos momentos le había proporcionado a través de las letras. Pues tras unos segundos sin hablar me mandó una foto donde se intuía su erección. No puedo negarlo… sentí excitación al ser yo quien había provocado eso y quería seguir investigando mis límites.

– – ¿Te gusta?

– – Sí…

– – Ahora tu.

– – Yo no mando fotos.

– – Pero necesito verte. – Yo dejé de escribir. – Estoy viendo tu perfil y sólo pienso en que seas tu la que está en ese relato, conmigo.

Pero yo no escribía. Estaba callada viendo a donde llevaba esa charla. Y debo reconocer que mi excitación se incrementaba através de sus declaraciones.

«ve el placer de tu cara en el espejo, mientras te follo y te la meto hasta el fondo»

Podía reconocer mi propias palabras en boca de mis protagonistas que ahora llevaban mi voz.

– ¿Sigues ahí?

– – Sí.

– – Necesito oír tu voz mientras me toco con tus relatos, pensando en ti.

– – No. Ya tienes el relato narrado como pedías, no puedo ofrecerte nada más.

– – ¿Y si te pagara por hablar conmigo mientras me masturbo?

Esa proposición no me la esperaba para nada. Me quedé callada sin saber que responder y desconecté.

Al día siguiente volví a hablar con él, como si nada hubiera pasado y nuestra conversación volvió a terminar donde siempre acababa. Con él masturbándose con mis relatos de fondo, volvió a confesarme lo de otras veces.

– – Me gusta tocarme oyéndote y viéndote.

Y eso despertó en mí cierto nervio en mi interior. Haciendo que apretara mis piernas instintivamente y tragara saliva.

– – Estoy viendo tus fotos. – „subí el vestido hasta mi cintura y abriendo las piernas me empecé a acariciar mi sexo empapado, llamando su atención y haciendo que sus ojos casi se desencajaran“ escuchaba de fondo otros de mis antiguos relatos que había narrado días atrás. – Mientras te veo reflejada en el relato y noto tu voz muy cerca de mi.

– – ¿Tanto te gustan? – Sin darme cuenta había empezado a pasar mis dedos por mis pechos, acariciando con las yemas los pezones por encima de la ropa, haciendo que se endurecieran.

– – Me encanta hacer esto, es como tenerte aquí.

– – ¿Qué estás viendo?

Y me mandó pantallazos de las fotos que estaba viendo de mi perfil.

– – No puedo dejar de observarte. – Quiero decirte todo lo que estoy haciendo, lo que pienso y lo que siento.

Abrí mis piernas y llevé mi mano a mis braguitas. Mientras le escuchaba, casi sin darme cuenta, empece a acariciarme através de la tela, imaginando cada una de las cosas que me decía.

– Quiero oírte ahora. – „sentí su mano por mi cuello, apartando el pelo, deslizándose por mi clavícula, tirando con un dedo de la cremallera de la camisa que empezaba a ceder.“

Y ahí estaba… otra frase de fondo de uno de mis relatos. Me viene a la cabeza su comentario sobre aquel día.

– „Imaginaba que eras tu, que yo era el que te hacía todas esas cosas, el que te desnudaba, te tocaba, te follaba y hacía que te corrieras en mis manos, deshaciéndote en mis dedos, suplicando más y más hasta que perdías el control.“

Siempre me comentaba cada una de mis publicaciones, todas con halagos, confesiones y fantasias.

Pero yo seguía callada, escuchando cada audio anonanada. Imaginando sin querer lo que él soñaba y recreando en mi mente los relatos que yo misma había creado.

Pero nuevamente desaparecí.

Hasta el día siguiente, claro está. Había subido un nuevo relato y el me había comentado como era habitual. Digamos que recibir sus palabras eran casi tan gratificantes como recibir él las mías… quizás en cierto modo cedía ante él y él tenía el control sobre mi. Ya que terminaba haciendo y disfrutando con lo que hacía para él. Debía reconocer que parte de mis ganas de escribir se las debía a él.

Y volvimos a la charla de siempre, donde se tocaba mientras oía de fondo mis historias, mientras imaginaba mi cuerpo, mi olor, mis acciones y seguíamos hablando. Y me encantaba.

Esta vez romí mis propias reglas y fui más allá. Nunca imaginé que sucumbiera a estos delirios de internet, con un extraño, con un desconocido que podría contarme cualquier historia a través de la red. Pero quería ver donde llegábamos, como y cuando pararíamos, y seguí el rollo a cada una de sus provocaciones. No puedo culparle, yo misma iba subiendo el nivel hasta que poco a poco perdimos el control.

Pero no podía estar mal ¿no? Ambos éramos libres, no teníamos pareja ni ataduras, así que era una manera mas íntima de complacer a mi lector favorito por su fidelidad.

Me dejé llevar.

Dejé el relato que estaba escribiendo y me tumbé en la cama. Le mandé una foto de mí mordiéndome el labio. Otra después de mi tirante deslizándose por el hombro. Otra de mi escote. Otra dejando entrever parte de mi cintura.

Me quité la camiseta. Una en sujetador. Me quité el pantalón corto. Otra en braguitas. Pero él pedía más .

– Saber que son sólo para mí… me está volviendo loco.

Otra foto con mi mano dentro de mis bragas. Otra sin sujetador, tapando mis pechos con una mano. Otra sin nada, sólo tapando los pezones por dos iconos de instagram.

Me empezó a mandar audios.

A estas alturas yo estaba con el móvil sobre una pierna, una mano en las bragas y la otra en un pecho, acariciando mi pezón con las yemas de los dedos.

Reproducía el audio: Quiero besarte el cuello, lamerte lentamente, bajar por él hasta tu pecho y coger un pezón con los dientes, mordisquearlo, lamerlo y mirar como te estremeces y se endurece bajo mi boca.

Pero yo no escríbia, simplemente me pellizcaba simulando sus palabras y me tumbé más para tener acceso a mi pezón con mi boca. Desde esa posición podía lamer, mordisquear y chupar mis pezones mientras en mi cabeza era su lengua la que jugueteaba con ellos.

Casi se me cae el móvil.

Intenté ponerlo de otra manera pero lo que conseguí es darle a la cámara y echarme una foto desprevenida que sorprendentemente me gustó y se la envié.

„Se acercó hasta mi boca y me mordió los labios. Pegó su cadera a mi y noté una tremenda erección desde mi sexo hasta mi cintura.“ Escuché de fondo otro de mis relatos.

– ¿Lo oyes? Así me tienes tu a mi. Me la pones dura con sólo leerte, con solo mirarte, con sólo pensarte. Quiero follarte hasta reventarte

No sabía que decir, era algo nuevo para mi. Pero el deseo crecía a medida que escuchaba sus audios.

– ¿Qué quieres que haga?- Logré decir por audio.

– – Oh… me encanta oírte tan receptiva… Dime ¿estás mojada?

– – Tengo las braguitas empapadas, por tu culpa.

– – Quiero que te toques pensando en mi, como yo haré contigo.- Abre las piernas, lleva una de tus manos a tu boca, roza tus labios con los dedos, chupalos y deslizalos por tu pecho, despacio, dejando un camino de saliva hasta llevar a tus bragas. Quiero que te acaricies por encima de la tela, pensando que son mis manos las que están ahí.

Le mandé un pequeño clip del recorrido de mis dedos hasta mi entrepierna.

– Ahora, quitate las bragas y vuelve abrirte de piernas. Acariciaté con los dedos, despacio, lentamente, y llevalos a tu boca. Coje tus pechos y masajéalos, apriétalos, júntalos como si mi polla estuviera entre ellos y quisieras abrazarlos con ellas. Quiero que te estremezcas, que chorrees, que estés al borde de la desesperación por tocarte.

Leía atentamente y la sóla idea de hacerle caso y que él llevase el control me estaba poniendo mala. Sentía como la parte baja de mi vientre se contraía, como el calor se centraba entre mis piernas para ascender hasta el interior de ellas. Mis pezones se erguían, un escalofrío me recorría y una sensación enorme de querer llevar mi mano a mi sexo se apoderaba de mi.

Mordisqueaba mi labio, echaba la cabeza aún mas atrás mientras cerraba los ojos y me centraba en su voz, oyendo de fondo fragmentos de mis historias que se reproducían para él.

„Se sacó la polla y me la pegó al culo, la pasó despacio y pude notar su calor, su dureza y la humedad que empezaba a desprender. La acercó a mi entrada y la rozó, con la punta, haciendo amagos de querer entrar «La quieres ¿eh, niña?» me dijo en mi oído antes de darme un toque con ella. «Voy a follarte tan fuerte y va a gustarte tanto que suplicarás por más».

Recordaba ese relato porque fue uno de los mejores momentos que escribí.

– Lleva tus dedos hasta tu entrada y acaricia con la yema del dedo, sin entrar, solo presionando un poco para notar lo humeda que estás. Acaríciate el centro del placer y esta vez lleva tu dedo a tu interior y entra en el. Despacio, entra y sal, para entrar una vez más con dos dedos. Para… quiero que ahora te acaricies con ellos y repartas la humedad que desprendes.

Mi cara era una odisea de placer. ¿El momento? ¿La situación? ¿El morbo? Quizás a una experiencia nueva y muy placentera a la vez que gratificante. Podría ser. El caso es que estaba deshaciéndome en placer con solo mis manos.

Con una mano me tocaba los pechos y los pellizcaba, con la otra me estaba masturbando como una posesa oyendo a un tío de internet.

– Me encantaría rozar la punta de mi polla contra tus pechos, ponerla en medio y juntarlos, ver como sobresale la punta por arriba para que acerques tu lengua y relamas las gotas que caígan, y deseo correrme contra tus pezones, sentir como mi semen resbala por tu piel.

Mis pezones estaban tan duros que iban a reventar entre el tacto, sus palabras y mi excitación.

– Sigue tocándote para mi, ansiaba masturbarme hablando contigo, sentir tu placer en mis manos, hacer que te derritieras por mi, y follarte hasta que no puedas mas. Córrete para mi, dame tu orgasmo.

Y como si fuese una orden seguí tocándome, acariciándome, metiendo mis dedos, entrando y saliendo de mi para compaginar la penetración con suaves caricias en el clítoris.

– Quiero escucharte gemir.

Y sin razón ninguna ante el momento me vine arriba y grabé mis gemidos y mi respìración agitada y entrecortada mientras me tocaba, llegando al placer más extremo, fáltandome el aire y arqueándome en la cama para dejarme llevar y correrme para él, el fiel lector.

– Bien… así me gusta.

Me pidió una foto de mi cara y como una chica obediente se la envié.

– Aún puedo ver tu cara de placer tras correrte… eres preciosa con las mejillas así. – Su voz se entrecortó. – Voy a correrme, cielo.

Y escuché como lo hacía.

Durante los días posteriores no hablamos, pero al cabo del cuarto día me volví a encontrar con él y me comentó en confianza que había hecho algo los días atrás.

– Ayer llamé a una línea erótica y después de escuchar varias voces, elegí la que más se parecía a la tuya y por un momento fuiste totalmente mia.

Pero eso es otra historia que os contaré en el próximo relato.

Deja una respuesta 0

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *