La verga dura de mi maduro

Mi nombre es Kelly, voy en el último año de secundaria, soy morena clara, ojos grandes negros, cabello negro largo hasta un poco debajo de los hombros, labios carnositos, tengo un busto medianito pero muy atractivo, mis nalgas son paraditas y muy traviesas, piernas largas las cuales me gusta mostrar con mucho orgullo.

Como mencione vivo con mi madre quien enviudo hace poco más de un año, con mi hermano y mi abuela que está más sorda cada día la pobre, nos dedicamos a vender masa, pues contamos con un molino pequeño que nos dejó mi papá.

Me han preguntado como soy físicamente, pues mi estatura es de 1.60, peso 52 kg, mi pichita es como un durazno, con muy poquito bello, casi nada, muy húmeda y carnosita, mi anito es virgen y mis piernas son no muy delgadas, tampoco muy gordas, pero sí muy tersas y bien torneadas por el ejercicio de caminar para vender. Me gusta vestir cómoda con ropita ligera por el calor que hace aquí en la ciudad.

Bueno hoy les voy a relatar lo que viví con Don Pedro, es un hombre de unos 57 o 60 años de edad, es viudo, vive solo, aunque lo viene a visitar su hermana, una señora agradable ya madura como de unos 50 años, pero no viene todos los días, solo los fines de semana para limpiar la casa y lavarle la ropa a Don Pedro.

Es un hombre de 1.80 de estatura más o menos, no muy gordito, pero sí de complexión fuerte, manos grandes, no es guapo, pero es un hombre maduro muy tratable y siempre de buen humor, de ojos café obscuro, cabello entre cano, de piel color clara pero quemada por el sol me imagino que por trabajar en el campo. Su casa es de las que fueron hechas con madera y lamina de zinc, un poco oscuro adentro, el piso es de cemento pulido y tiene como tres piezas, la cocina, el comedor y sala juntos y su baño.

Ese día me puse una faldita ligera que me queda una cuarta arriba de la rodilla, de color verde clarito, mi top de color negro y mis tenis con calcetas pequeñas llamadas tines. Me hice una cola de caballo como peinado y cargué con mi mochila a la venta.

Después de caminar un buen rato, llevaba casi terminada mi mercancía, pero me estaba costando vender los últimos cinco kilos de masa, así que pase a la casa de Don Pedro, a ver si su hermana me compraba algo pues era sábado y pensé que ella estaría ahí con él.

Cual sería mi sorpresa y decepción al enterarme que la señora no había ido por cuestiones de salud a visitar a Don Pedro, decepción porque pensé que no iba a estar ella que es la que me compra la masa para hacerle su comida a su hermano, sorpresa porque supe que estaba enferma y no iría todo el fin de semana y Don Pedro estaría con la casa sucia y sin atender, que no es un hombre desordenado, pero si acostumbrado a que lo atendiera siempre o su esposa difunta o su hermana.

Buen día Kelly, me dijo con una sonrisa en sus labios.

Buenos días Don Pedro, ¿cómo amaneció hoy?

Pues aquí solo, me dijo, mi hermana no va a poder venir hoy, está enferma y a lo mejor viene hasta el otro fin de semana, pero la casa la voy a tener que limpiar yo poco a poquito porque son muchas cosas las que hay que acomodar y limpiar, todavía tengo que lavar mi ropa y hacerme de comer.

Yo le ayudaría Don Pedro, pero tengo aún 5 kilos de masa que vender y me ha costado trabajo porque hoy no ha habido mucha venta, le dije, pero si quiere le digo a mi tía que le venga a dar una vuelta a ver si le puede ayudar, ya ve que ella trabaja de sirvienta con los de la papelería.

Mi tía es una señora de unos 48 años, casada con el hermano de mi mamá, vive por ahí cerca de la casa y pues pensé que sería una buena opción para ayudar a el pobrecito de Don Pedro.

Pero Don Pedro me dijo, no Kelly gracias, mira yo te compró los cinco kilos de masa que te falta vender y te doy un poco más de dinero, si tú me ayudas a limpiar la casa, no te pido que laves la ropa, eso lo hago yo, pero a barrer y limpiar el piso, los trastes y tender la cama si me puedes ayudar te lo voy a agradeceré mucho mi niña.

Yo vi la oportunidad de poder terminar mi venta y así regresar a casa con el dinero y como él dijo, un poco más, “bien pues, manos a la obra le dije”, me señalo donde tenía la escoba, el trapeador, y lo que necesitaba yo para sacudir los muebles, y la cocina.

Primero barrí la casa, luego la trapee, lave los pocos trastes, mientras Don Pedro lavaba su ropa afuera, de vez en cuando entraba por algún otro trapo o por más jabón, y me miraba trabajando, pero se salía a seguir lavando.

Cuando me puse a sacudir los muebles, tenía que usar una pequeña escalera de unos cinco escalones, para poder alcanzar la parte de arriba de sus muebles, si tenían algo de polvo, pues recuerden que su hermana venía cada ocho días a hacerlo.

Estaba yo sacudiendo la vitrina de la sala, cuando el entro, no te vayas a caer, me dijo Don Pedro, no se preocupe ahorita termino y me bajo le respondí.

Subida en la parte alta de la escalera y estirándome para alcanzar la parte de hasta atrás del mueble, no me percate que mi faldita se subía más de la cuenta, de por si recuerden que puesta normal estaba por arriba de mis rodillas como una cuarta de mano, en la posición en a que me encontraba subida en la escalera, pues se subía más de la cuenta.

Se acerco Don Pedro con la intención de cuidar, según él, que no me fuera yo a caer de la escalera, así que se colocó atrás de mí, yo quise terminar lo más pronto posible, pues aún me faltaba tender la cama y acomodar algunas cosas de su cuarto.

En lo que me estiraba por alcanzar la última parte de este mueble, una mano de Don Pedro me tomo por la pantorrilla, sentí su manota áspera aprisionando con cierta fuerza mi pantorrilla, al mismo tiempo que me decía, con cuidado Kelly no quiero que te vayas a caer, yo aquí te sostengo.

Uf me estaba costando trabajo, pero lo logre hacer, en el último trapazo que le di la madera algo de polvo entró en mi ojo y me queje, inmediatamente mientras iba bajando de la escalera con la mano puesta en mi ojo, Don Pedro me tomo por la cintura y me ayudo a bajar.

¿Te lastimaste el ojo Kelly? ¿dime dónde te duele mi niña?, me decía mientras yo me tallaba el ojo para liberar con lagrimas el malestar que sentía, abrazada por Don Pedro pude llegar al baño y ahí me enjuague bien el ojo, me seque la cara con una toalla y él tomándome de la barbilla me pregunto, ¿te sientes bien, ya paso pequeña?, si Don Pedrito ya paso no fue nada, le respondí con una sonrisa de aprobación.

En eso se inclino hacía mi tomando aún mi rostro con su mano y me dio un beso en la frente, luego otro en mi ojito, uno más en mi mejilla, su otra mano me tomo por la cintura y me jalo hacia él, me abrazo y me acurruque entre sus brazos.

Eres una niña muy linda y muy trabajadora, Kelly, me decía esto mientras acariciaba mi coleta del cabello y me apretaba con sus brazos contra su cuerpo, me empecé a sentir extraña, su voz se oía diferente, su respiración también la oía cerca de mi oído, mi cuerpo empezó a reaccionar de una manera que me estaba haciendo sentir muchas cosas encontradas.

Por un lado, protegida por este hombrezote de 57 0 60 años, por el otro mi cuerpo pegado al suyo en medio de ese abrazo, estaba reaccionando esperando algo más.

Recordé que aún faltaban cosas por hacer en su casa, acomodar su cuarto y tender la cama, paso como un halo de luz la palabra cama y me estremecí. Los pezones de mis chichitas se me empezaron a parar y ponerse duritos, sentí un cosquilleo de mi pichita entre mis piernas.

Don Pedro me dijo, no te preocupes Kelly, ahorita vamos al cuarto y arreglamos, de pronto me dio un beso muy cerca de la comisura de mis labios, y sentí una de sus manos acariciar mi espalda, me quedé quieta con la mente casi en blanco, no estaba entendiendo plenamente que estaba pasando.

Me giro sobre mi eje y dándome un beso en los labios me dijo: eres tan bonita y tan chiquita mi preciosa Kelly. Yo puse mis manos sobre su pecho para empujarlo, pero la fuerza de sus brazos me mantuvo pegada a él.

Sentí sobre mi ombligo, pues es un hombre alto, algo duro como un palo, que con movimientos muy leves se restregaba a mi cuerpo, con el siguiente beso que me dio de lleno en mis labios, sentí que mi pichita se empezaba a humedecer y mis pezones se estaban poniendo al máximo de dureza.

Mientras me daba el beso una de sus manos acariciaba mi espalda jalándome hacia él, mientras la otra estaba llegando a mi cadera acariciando la parte alta de mi nalga.

Don Pedro, le dije entre pequeños jadeos que empezaban a salir de mi boca, me tengo que ir por favor.

Me gustas mucho Kelly, eres un panalito de miel que siempre me ha gustado, no me dejes, así como me estas sintiendo, y me repego aún más su duro palote en mi ombligo y mi vientre.

Pero … no dejo terminar de hablar y me dio un beso metiendo su lengua áspera en mi boquita, su mano bajo plenamente a acariciar mis nalgas, mientras la que estaba en la espalda me aprisionaba con cierta fuerza hacia él. Yo ya no pude más y correspondí a ese beso que me estaba dando Don Pedro.

Al ver que correspondí a su beso, bajo la otra mano y empezó a acariciar mis nalgas con ambas manos sobre mi faldita verde, al sentirlas recorrer mi traserito me estremecí de tal manera que de mis labios salió un gemidito prolongado, Don Pedro se dio cuenta que yo estaba excitada y fue un poco más atrevido, levantando mi falda metió ambas manos y me acariciaba mis nalguitas de una manera suave y sensual.

De pronto tomándome de las nalgas me levanto como una muñeca y me llevo a la mesa del comedor, me sentó sobre de ella, mientras me trasladaba y me depositaba en la mesa jamás dejó de besarme en la boca, ya mi pichita esta muy pero muy húmeda, los pezones de mis chichitas estaba que reventaban de lo duro que se me pusieron.

Eres una delicia Kelly, me encantas mi niña linda, me decía, mientras sus manos bajaron a acariciar mis piernas, mi faldita verde esta arriba de mi cintura hecha rollo, yo sentada en la mesa con las piernas a medio abrir, disfrutando de sus besos en mi boca, su lengua se movía como buscando un tesoro dentro de mi boca.

Empezaron a subir sus manos hasta llegar por encima de top negro a la altura de mis chichitas, las acaricio con suavidad, pero apretando un poquito, al tacto de sus manos yo eché mi cabeza hacia atrás y emití un pequeño gemido.

Bajo su cabeza y beso mis chichitas por encima del top, con sus labios apretó mis botoncitos parados, sus manos recorrían mientras mis piernas rozando mi pichita húmeda que estaba mojando mis calzones.

Don Pedrito ¿qué hace? Mmmm, pregunte entre pequeños gemiditos, abriendo aún más mis piernas, como dándole permiso a ir más allá.

No digas nada Kelly, permíteme saborear de tu rica miel, mi panalito delicioso, me dijo.

Entonces tomó mis calzones y los jaló para poder quitármelos, yo ayudé un poquito levantando mis caderas, cuando los hubo quitado totalmente, se puso de rodillas y metió su cabeza entre mis piernas, yo las abrí hasta donde más podía.

Primero sentí el aire que resoplaba de su nariz, oliendo con detenimiento mi húmeda pichita, una corriente eléctrica recorrió toda mi espalda, hueles a dulce mi niña hermosa, y de repente sentí su lengua recorrer mi pichita, poniendo su lengua en forma de cuchara recogiendo así la humedad que brotaba de mi pichita, de mis labios salió un largo haaayyyyy mmmgghh y cerré mis ojos disfrutando de esa lengua que empezaba a hurgar los labios externos de mi pichita.

Abrí las piernas poniéndolas sobre sus hombros, así él pudo meter más a fondo su cabeza y su lengua llegaba más profundo de mi derretida cuevita.

Chupaba cada centímetro de mi pichita, cuando llegó a mi botoncito especial, me dio una especie de choque eléctrico que abrió una especie de cascada, de la cual brotaba un torrente de agua tibia de mi cuevita, mi cuerpo se convulsiono y sentí que desfallecía.

Pero Don Pedro no dejo de lamer y tragar eso que de mi interior brotaba, “que rica miel destilas panalito de niña” me dijo mientras con su lengua recogía lo que salía de mi interior.

Mi respiración era agitada, estaba como en shock, se levantó y me dio un beso prolongado en mi boca, me gusto mucho su sabor, cuando él metió su lengua y deposito un poquito de lo que mi pichita le había dado.

Sus manos fueron hacia mi top y lo levanto hasta la altura de mis chichitas, luego desabrocho el sostén el cual se abotonaba por el frente y dejo al aire libre mis chichitas, las cuales estaban muy sensibles. Las besaba alternadamente, luego chupo sin lastimarme mis pezones que son de un color obscuro claro. Sus manos acariciaban mis piernas y mi pichita con mucha ternura y suavidad.

De pronto puso con su mano en mi mano ese palote duro y parado que tiene entre sus piernas, al sentirlo en mi mano me estremecí toda, su verga es dura, larga, un poco gruesa, morena obscura, y palpitaba con vida propia en medio de mi manita, que apenas y podía abarcar su grosor.

La cabezota de su punta estaba húmeda, con ese liquido que sale al principio, la empecé a recorrer desde la punta hasta su base, baje un poco más y pude palpar dos enormes huevos semi peludos, Don Pedro me dijo con un bufido en sus labios, “que rico se siente tu manita calientita Kelly mi vida”.

Yo la verdad estaba bien excitada, y sentir ese palote duro en mi manita me puso más, las caricias que recibía de Don Pedro y sus besos me tenían derretida ante él.

¿La quieres dentro, mi panalito de miel? Dime Kelly hermosa, te la puedo meter, mira que la tengo bien cargada, te voy a dar todo lo que mi difunta no se llevo de leche. Y me volvió a besar en la boca.

Cuando me dio respiración dije entre gemidos, Siiiii Don Pedro deme ese palote duro que tiene bien parado por favor.

Me la quito de la mano, me acomodo en la orilla de la mesa, abrió mis piernas hasta donde se podía, puso su cabezota a la entrada de mi pichita jugosa, cerré los ojos y mordí mis labios, de pronto sentí como iba en su empujoncito entrando esa cabezota abriéndose paso en mi pichita que ya la quería toda adentro.

Espero un momento y me dio un segundo empujón y esta ves sentí como entraba toda hasta el fondo, topando con mi interior y haciéndome gemir y pujar del rico placer de recibir tan enorme vergota.

Inicio con un vaivén despacito, sentía como se estiraban las paredes de mi cuevita húmeda, pero a la ves apretaban con delicia ese pedazo de carne descomunal que me tenía empalada.

Acelero su ritmo y sus embestidas eran cada vez más fuertes, yo gemía fuerte y no pensaba en nada más que disfrutar lo que estaba viviendo en ese rico momento, Don Pedro gruñía como oso en cada metida que me daba.

Mis piernas estaban bien abiertas y sus manos amasaban mis chichitas, y a veces me las chupaba tan rico que me hacía sentir en el cielo del placer, después de un rato de tenerme así, me tomo de las nalgas, me cargo en vilo y sin sacar su vergota y manteniendo el mete saca con mucho ritmo y pasión, me llevo a su cuarto.

Esa sensación de estar siendo cogida cargada con mis piernas sobre sus brazos, sus manos sosteniéndome de mis nalgas y yo abrazada de su cuello y besándonos, era la locura, el ritmo no disminuía en lo absoluto, al contrario, parecía no tener fin su mete saca, mi top ya no estaba en mi cuerpo, mi falda verde enrollada totalmente en mi cintura.

Yo gemía y el gruñía como oso grandote, me fue depositando en la cama, cuando termino de dejarme sobre la cama, me puso en cuatro patitas, pero antes me quitó la falda, ahora si estaba totalmente desnuda, el se quito también la ropa y puso una almohada debajo de mi pancita, haciendo con ello que mi colita quedara totalmente expuesta a su mirada.

Que rico panalito de miel eres Kelly, te la voy a meter hasta que me pidas que te coja todos los días, y diciendo eso me la metió en verdad hasta el fondo, puse mi cara sobre la sabana, con mis manos apretaba las sabanas, y él tomándome de la coleta me cabalgaba como a una yegua.

No se cansaba, su vergota entraba y salía de mi panochita haciendo un ruido tan especial, splas, splas, splas, me tomo de la cintura y me jalaba hacia él como queriendo atravesarme con su palote duro, yo tenía los ojos en blanco y sudaba como si estuviera en una sauna.

Me voltio poniéndome acostada boca arriba, levanto mis piernas sobre sus hombros y me la volvió a meter, me decía “estas deliciosa Kelly, eres mía mi amor, te voy a dar toda la leche que tienen mis huevos cargados de meses”. ¿te gusta mi amor?

Yo entre gemidos respondía a todo “ssssssiiiiii Don Pedro, seré toda suya, quiero que me coja todos los días, tiene una vergota deliciosa mmmmm deme más fuerte por su vida”.

Y el arremetía con más fuerza sin bajar el ritmo suculento de la cogida.

Podía yo ver mis pies como se movían al ritmo de su mete saca, mis piernas puestas sobre sus hombros, el chupando mis chichitas ya coloraditas de tanto magreo con su boca.

Sentí no se cuantas veces que me desmayaba de placer, no se cuantos orgasmos tuve ese día en su casa, lo que si se es que estaba siendo cogida por un hombre viejo con una verga descomunal que me partía en dos mi desflorada y empapada pichita, nos besábamos en la boca, me besaba por todos lados, sus manos recorrían todo mi cuerpo, iban de mis chichitas, a mis piernas, pasando por mis nalgas, recorriendo mi cara sudada y toda despeinada de tanto sexo desbordado.

En verdad que tenía guardado su luto muy bien y ahora lo desquitaba en mí como él quería.

Fue un momento que nunca olvidare, yo estaba concentrada totalmente en el placer tan inmenso que su verga me estaba dando, mis ojos miraban hacia el techo, mis manos apretaban las sabanas, y de pronto como un torrente de calor inmenso combinado con una descarga eléctrica sentí en mi interior que de mi pichita brotaba un río descomunal de jugos que inundaban la vergota de Don Pedro, aún no terminaba mi orgasmo cuando Don Pedro me la metió con fuerza hasta el tope, sentí en las paredes vaginales de mi pichita como su vergota engrosaba y su cabezota palpitando empezó a tirar grandes chorros de leche caliente que me inundaba todo mi interior, el gruño fuerte diciendo entre dientes, “Kelly panalito de miel toma toda mi leche en tu rica panochita”.

Se vino dentro de mí, yo termine mi orgasmo retorciéndome como nunca lo imagine hacer, bajo mis piernas de sus hombros y se recostó sobre mí. Su respiración era intensa, pero fue bajando poco a poco su ritmo, su vergota aún estaba medio dura y tirando las últimas gotas de leche caliente en lo profundo de mi cuevita.

Descansamos un rato, su verga salió de mi pichita y de ella broto mucha de la leche que Don Pedro me había depositado en la profundidad, sentí como escurría su semen por mi pichita y llegaba hasta mi anito virgen.

Eres maravillosa Kelly, vamos a bañarnos para que te puedas ir a tu casa y lleves el dinero de la venta de tus cinco kilos de masa que te faltaban. Me tomo de la mano y me llevo a su baño, me enjabono la espalda, las nalgas, mis piernas, cuando me toco mi turno, le enjabone la espalda, y dándose la vuelta vi su verga otra ves bien parada y dura, me arrodille y me la metí a la boca, le di una deliciosa mamada, me la volvió a meter cargándome como al inicio, paso sus brazos por debajo de mis piernas y sus manos me cargaban de mis nalgas, subía y bajaba según el me movía, yo abrazada una vez más a su cuello, gemía y gemía con desesperación, duro un poco menos que la primera vez, pero cuando estallo dentro de mí, lo hizo con la misma intensidad llenándome una vez más de su rica leche.

Terminamos de bañarnos, me vestí, y me despedí de Don Pedro con un beso en la boca, cuando llegue a la casa me acorde que no tendí la cama y que tal vez tuviera que volver pronto a terminar el trabajo que me pidió Don Pedro.