Me excitan las nalgas de mamá

En aquellos tiempos mis padres tenían muchos problemas entre ellos dos y con la familia de mi padre, yo solo escuchaba por las noches sus discusiones tratando de ser disimuladas y creyendo que yo dormía, pero quién podía hacerlo con tan acalorado tono de voz utilizada por ambos, algunas veces molesto les pedía que dejarán de discutir en otras no me atrevía ni hacerles saber que me encontraba despierto.

Alguno de los motivos de discusión era el gusto que tenía mi padre por embriagarse hasta el punto de quedar perdido, otros motivos los supe ya más grande, a los quince años para ser exactos, aún que antes de esto hubo un detonante que cambiaría mi vida.

Sucede que en una ocasión fuimos invitados a una fiesta a la cuál asistimos y como siempre mi padre termino ebrio lo que causó la molestia de mi madre y aún más ya que mi padre no quería regresar a casa ni por qué ya no podía sostenerse, el solo quería seguir tomando, un compadre de mis padres con el que coincidimos en dicha fiesta trataba de tranquilizar a mi madre diciendo que no se preocupara que él nos iría a dejar y que se tomará algunos tragos de tequila para que se relajara, a pesar de que ella al principio no quería tomar la insistencia de su compadre la orillo a beber el primer baso hasta que terminó muy mareada.

Yo les veía platicar a los dos y mi padre ya casi dormido, de mi parte no me enteraba de mucho acerca de la plática ya que, como todo niño me entretenía en los músicos que amenizaban la fiesta, en ver correr a los niños de la casa, en los vendedores de algodones de azúcar entre otras cosas hasta que mi madre y su compadre me dijeron que ya nos iría a dejar.

Entre este señor y mi madre llevaron a mi papá hasta la camioneta de aquel tipo.

– Súbete atrás para que sostengas a tu papá – me dijo aquel señor – se va adelante comadre – pregunto a mi madre.

– No, me voy a atrás también, por qué José aún está chico y no va a aguantar a su papá si se cae.

Llegamos a casa y nuevamente entre aquel hombre y mi madre cargaron a mi papá hasta la sala.

– Hijo ya vete a dormir que ya es muy noche – me dijo mi madre.

Sin más obedecí, pero sabiendo que discutirían como era su costumbre no hice ni el intento por conciliar el sueño, solo me acosté.

Se me hizo raro no escuchar la puerta abrirse y cerrarse, que sería lo lógico para que el compadre se fuera, por ello me levanté y fui a la sala, solo estaba mi papá dormido, me dirijo a la habitación de mis padres y lo que vi me dejó inmóvil, mi madre estaba inclinada dejando las nalgas al aire, (fue la primera vez que vi las nalgas de mi mamá), su pantalón estaba en el piso y su calzón a la altura de sus rodillas.

El compadre con una mano acariciaba una nalga de mi madre y con la otra se bajaba el pantalón.

No sabía cómo actuar o que hacer, sabía muy bien lo que estaba a punto de suceder, justo en el momento cuando este señor acercaba su verga a las nalgas de mi madre me metí corriendo pateando su hueco poplíteo «parte trasera de la rodilla», ocasionando que se callera, mi madre rápidamente volteó y solo atino a tomar una cobija y taparse.

El compadre difícilmente se puso de pie, asustado empecé aventarle cosas aun así me sujeto por los hombros, lo único que se me vino a la mente fue golpear sus genitales y nuevamente el hueco poplíteo.

Mi madre se puso a llorar mientras veía la puerta como esperando a que no entrara mi padre.

Cuando se levantó aquel señor salió de la habitación y luego de la casa.

Mi madre me quedo mirando sin poder articular palabra y yo aún con mucho coraje no me atrevía a decirle nada, así que decidí salir de la habitación y asegurar la puerta y ventanas para irme a dormir.

– Por favor no le digas nada a tu papá.

En ese momento pensé decirle, pero también pensé en qué estaría destruyendo a mi familia, en las complicaciones que se vendrían, también pensé en lo que había visto, sus nalgas.

– Por favor, no le digas nada – decía tratando de mermar su llanto.

– No le digo con una condición.

– Cuál, ¿quieres dinero? Si quieres te doy para que compres dulces, o, ¿quieres un juguete?

– No, no quiero eso.

– ¿Entonces?

– Quiero verte desnuda y tocarte las pompas.

– ¡Que! – dijo desconcertada – ¿Sabes que me estás pidiendo?

– Si tu compadre te estaba tocando las pompas yo también quiero hacerlo.

– No, estás loco.

– Entonces le diré a mi papá.

– Tu que le dices y yo te pego he…

– Pero él también te pegará.

– Quieres que tú papá me deje, si le dices él nos va a dejar.

– Pero no será mi culpa, va ser tuya.

Di la vuelta y camine hacia la puerta.

– Está bien, está bien.

Se levanto de la cama y aparto la cobija, se sacó la blusa y el brasier, por unos minutos contemple el cuerpo desnudo de mi madre y proseguí a tocarlo.

– Eres un cerdo ¿sabes?

-Tu eres más cerda por dejar que cualquiera te vea desnuda.

En ese momento alzó la mano queriéndome golpear.

– Sí me pegas le diré a mi papá.

Mis manos continuaron masajeando sus pechos, eran grandes y duras, sus pezones eran pequeños y duros, sus areolas eran chicas de color marrón claro y delgados. Después dirigí las manos a sus piernas y las fui subiendo hasta sus nalgas las cuales siempre las ha tenido respingadas.

Después de satisfacer mi primer fetiche con las nalgas quise pasar los dedos entre sus bellos púbicos pero ella esquivo mi mano con la suya.

– No, ahí no.

– ¿Por qué no?

– Porque a las mamás no se les debe tocar ahí.

Por esa ocasión no paso a más, los años pasaron y siempre estuve al pendiente de ella, que no tuviera aventuras y aún que nunca le dije nada con palabras cada que algún hombre le dirigía la palabra la miraba de manera juiciosa y ella se despedía o se dirigía con el resto de gente que nos rodeaba.

Esto hasta que cumplí quince años y una prima de mi mamá nos invitó a una fiesta a la que acudimos los dos solos ya que mi padre tuvo que trabajar y como ya habíamos confirmado tuvimos que ir.

En aquella ocasión nos sentamos con las primas de mi madre y brindaban entre ellas, a mí no me causó molestia dado a que eran puras mujeres, los esposos de ellas estaban brindando con sus conocidos y entre ellos, todo iba muy bien, yo no me separaba de mi madre y ella se negaba a bailar si alguien se lo pedía, pero la prima llevo a uno de sus conocidos para que bailara con mi madre, su insistencia y el que fuera su hija a bailar conmigo prácticamente a la fuerza hicieron que mi madre accediera a bailar con aquel tipo.

Aun bailando yo no dejaba de observar a mi madre, que por ello la chica con la que yo bailaba me dijo,

– relájate no le va a pasar nada.

– Es que ya está mareada – le conteste.

Seguimos bailando, tenía planeado decirle que nos fuéramos a casa en cuanto terminara la canción pero está se alargó con partes típicas de una fiesta mexicana, que quien es de México sabe de los típicos bailes que se hacen en una fiesta y hacen que una canción dure hasta media hora o más.

Bueno, dado a esto todos o casi todos los presentes se pararon a bailar permitiendo que perdiera de vista a mi madre, busque y busque con la mirada y no la encontraba, esto me puso nervioso así que sin más dije.

– Tengo que ir al sanitario dejando bruscamente las manos de mi acompañante.

Fui hacia dónde había visto por última vez a mi madre, pero nada, no estaba.

Busque a su prima y pregunté por ella.

– Me parece que fue al sanitario – me contestó.

Fui hacia el sanitario de la casa pero había fila para entrar, inmediatamente fui hacia los costados y parte trasera de la casa dado a que normalmente en las fiestas de pueblo se suele ir a realizar tus necesidades fisiológicas a dónde nadie te vea si es que el sanitario está saturado.

Sabía que mi madre normalmente iría a un lugar donde nadie le viera ni la sombra así que pensé en la parte trasera del corral de pollos que tiene su prima, básicamente un cuarto largo en la parte trasera de su casa, primero rodee dicho corral para después meterme, mi madre estaba tirada en medio de pastura y forraje seco de caña mientras aquel tipo le desabrochaba el pantalón con prisa, no sabía si mi madre era consciente de lo que sucedía pero un.

– ¿Quieres verga? – que dijo aquel tipo me saco de mi duda y aún más la respuesta afirmativa de mi madre aún que está fuera con la cabeza y el – «mhum jum» de su garganta, me daban a entender que sabía de sus actos aún que su cuerpo no pudiera hacer mucho a causa el alcohol.

En ese momento hice saber de mí presencia.

– Heee… vino al baño pero se cayó y… le estaba ayudando – explico nervioso aquel señor – Con permiso dijo retirándose.

Observar como el calzón de mi madre se asomaba por encima de su pantalón me hicieron recordar cómo le había acariciado las nalgas años atrás, fui a asomarme que nadie estuviera cerca del lugar, incluso di la vuelta al corral, me metí nervioso y puse seguro a la puerta.

– Métemela, cógeme – decía mientras me acercaba a ella.

– «claro que sí» – le contesté en mi mente, aún que creo que sí lo hubiera dicho en voz viva ni cuenta se hubiera dado de que era yo.

Tome con ambas manos su pantalón y lo baje hasta sus pies, lo mismo con su calzón, nuevamente la tenía para mí, pero esta vez no era un niño, así que me baje el pantalón y bóxer hasta las rodillas, puse sus piernas en mi hombro derecho y coloque el glande entre sus labios vaginales y empujé.

– hummm – un gemido salía de su boca.

– Que conchita calentita tienes y que apretadita – dije.

– Ahhh siii mi amor – contesto ella mientras intentaba abrir los ojos, pero al parecer no logro identificar mi rostro.

Empecé a embestir, moviendo la cadera de adelante hacia atrás, había momentos en los que el choque de sus muslos con los míos eran muy sonoras y otros momentos tenía que cesar ya que me empezaba a cansar. En todo momento mi madre gemía de placer hasta que no aguante más y me vine dentro de ella.

Temblando de nervios me apresure a subirle el calzón y luego el pantalón, me sacudí para luego salir, deje atrancada la puerta para que pareciera que estaba cerrado y me dirijo a la fiesta.

– ¿Aún no encuentras a tu mamá? – me preguntó la hija de la prima de mi madre.

– No, aún no y ya me preocupe – le contesté.

– Deja le digo a mi mamá y te ayudo a buscarla.

Yo procure buscar en la casa, hasta que la muchacha me hablo diciendo con una pequeña risita.

– A tu mamá le agarro en sueño en el corral, creo que fue al baño ahí y se durmió, ja, ja, ja.

Fui a ayudarle a llegar hasta la casa con ayuda de la chica.

En aquella ocasión nos quedamos a dormir en la casa de la prima de mi mamá, a mi padre se le aviso para que no se preocupara.

Al mes de esto mi madre se empezó a sentir mal a lo que ella fue al doctor el cual le diagnostico un embarazo de un mes, en ese momento me enteré que mis padres no tenían sexo desde hacía más de un año, por ende era evidente que mi madre había estado con alguien más provocando que mi padre le pidiera el divorcio.

Al parecer mi madre no supo quien la embarazo, pues cuando me acerque a «averiguar», si el amigo de su prima fue quien la embarazo, ella solo me dijo, «es muy probable.»

Luego de que mis padres se divorciaran me sentí mal de haber actuado como lo hice, sin embargo la lógica me hizo sentir mejor, me refiero a que la noche en la que la embarace, ella iba a tener sexo con un desconocido e iban a ser los mismos resultados, es decir que de cualquier manera se iba a divorciar lo único que cambio fue que aquella noche el que disfruto fui yo y no aquel tipo. Aun así, tenía que pensar arduamente lo que aria y diría ya que por sus acciones era lógico que me encontrará enojado con ella y prefiriera irme a vivir con mi padre. Entonces espere a que ella me pidiera quedarme con ella, si me quería como sería natural me lo pediría, de otro modo ya había planeado buscar oportunidades. En la primera audiencia me lloro por qué no la dejara y gracias a mi edad ya podía elegir con quién quedarme, y el argumento «lo hice sin saber que hacía, estaba ebria, te prometo no volver a tomar», me convencieron a quedarme con ella. Después de la separación mi madre busco trabajo y, aún que a mí no me agrado para nada, de algún lugar tenía que salir el sustento de la casa, aún que rápidamente deseche los malos pensamientos ya que me informaba de todo, a qué lugares fue a buscar trabajo y en ocasiones me pedía ir juntos a determinado lugar para ver si había alguna fábrica solicitando empleo, hasta que un día al llegar de la escuela me dijo que lo había encontrado en una de las fábricas de las cuales habíamos visto, una chocolatera. Las formas siguieron igual, el horario de trabajo más el tiempo de llegada a casa nunca fallo, su teléfono tenía patrón de bloqueo solo por si lo llegaba a perder más no uno desconocido para mí, algo que quise que cambiará, pero no sucedió fue el poder verla semidesnuda de manera natural, es decir, poder verla en calzones sin que ella se escandalizara, pero desde que la vi a punto de coger con el compadre ella cuidaba de que yo no tuviera ni la más mínima oportunidad, pero ese no es el motivo de este relato si no lo sucedido dos meses después de que mamá empezara a trabajar, había llegado del trabajo cabizbaja, triste, yo le pregunté el motivo.

– Es solo cansancio, cariño, no te preocupes – fue lo que dijo.

Pero su expresión era diferente a otras ocasiones y la idea de que algo le sucedía no me la sacaba de la cabeza. Al cuarto día su expresión era la contraria llegó efusiva, lo que se me hizo raro es que rápidamente se marchó a su habitación, poco salió aquella vez, más no di mucha importancia, su comportamiento posterior fue lo que llamó mi atención, ahora estaba más pegada al teléfono, es decir al hacer la comida estaba viendo su teléfono manipulando la pantalla y en ocasiones reía o una sonrisa aparecía en su rostro, cuando se daba cuenta de que la miraba.

– un meme, muy gracioso – decía para justificar.

Sin embargo, no me lo mostraba como anteriormente lo hacía. «Quizá por la euforia que provocó el chiste se le olvidó mostrarme», pensé las dos primeras veces. En un par de ocasiones le dije, «a ver», pero contesto con un «hay, ya le subí, si lo encuentro otra vez te lo enseño, cariño». Sabía que mi madre tenía algo entre manos, una noche desperté a las 3:30 de la madrugada, apenas dejé el teléfono donde vi la hora y mi mente empezó a cuestionar el que había de haber en el teléfono de mi madre.

Me levanté sigilosamente y me dirigí hacia su habitación, trate de adivinar el suelo en la obscuridad y llegar hasta su buró, tome su teléfono y salí al pasillo rápidamente dibuje su contraseña y afortunadamente era la misma que yo conocía. Lo primero que note diferente fue la aplicación Tinder, la cual si bien no la conocía si sabía para que era, así que entre y trate de hacer lecturas rápidas, en esta aplicación leí varias conversaciones vagas, sin ninguna a proponer sexo, solo eran frases de malos ligadores aún que ver dos fotos de mi madre mostrando parte de su brasier y otra de cuerpo completo en ropa interior me molestó. posteriormente me dirigí a WhatsApp ahí sí que había cosas más directas, frases más descriptivas y acaloradas además de fotos enviadas en ropa interior, no se trataba de que ella lo pusiera para verse sexy, estás eran tomadas para excitar a alguien en particular, no solo eso también había fotos en respuesta, muchas de estas eran de vergas, otras el torso y piernas eran visibles, en una de las conversaciones leí.

– ¿Entonces cuando puedes?

– El viernes, si puedes llegar al hotel xxxxx a las 2:55.

– Claro que sí, ahí estaré que esas nalgas no me las pierdo por nada.

Por supuesto que las fotos de mi madre las envié a mi teléfono para que me acompañarán en las noches frías, pero me había marcado un objetivo. Deje el teléfono de mi madre tal cual lo había encontrado y me retire a mi habitación con la certeza de saber lo que mi madre hacia y haría. Tenía pensado hablar con ella tan pronto amaneciera, incluso pensé en evitar que fuera al trabajo o amenazarla con irme con mi padre, pero sabía que debía actuar con inteligencia.

Al día siguiente era viernes precisamente y tenía como objetivo evitar que se diera aquel encuentro, me sentía celoso al saber que alguien más le metiera la verga a la vez que me daba coraje que sin más ella estuviera dispuesta a abrirle las piernas a un desconocido. Pues nada, todo el día pensé en lo que aria y se me vinieron muchas soluciones, pero todas sin probabilidades, así que sin más decidí confrontarla. Me dirigí a su trabajo para estar ahí antes de la hora de salida. 2:50 estaba frente a la puerta, diez minutos después empiezan a salir las personas del turno, junto a ellos mi madre quien al verme voltea nerviosa hacia todas partes, para luego dirigirse a mí.

– Que haces aquí.

– Quiero platicar contigo y decidí venir por ti.

– No tenías que hacerlo, sabes que de aquí me voy directo a la casa.

– Si, pero ya sabes, quería tener ese detalle contigo.

– Bueno, gracias. ¿Y de qué quieres hablar?

– Te digo al llegar a casa.

Caminamos hasta la parada del camión a un costado del hotel dónde había quedado con su amante ocasional, obviamente se puso muy nerviosa. Su nerviosismo le invadió durante el camino, aún más cuando su teléfono empezó a sonar.

– ¿Porque no contestas? – le cuestione.

– Por que vengo contigo y no quiero que alguien interrumpa este momento con mi bebé.

Una sonrisa para mis adentros se me escapó ya que no cruzábamos palabra. Llegando a casa, apenas entramos y preguntó.

– Ahora sí, ¿de que necesitabas hablar conmigo con tanta urgencia que hasta tuviste que ir por mí? Definitivamente no sabía cómo empezar, no es fácil decile a tu madre que estás enterado de que busca quien se la coja.

– ¿Que te sucede?

– ¿A mí? nada ¿a qué te refieres?

– ¿A que ha de ser? A qué un día llegas triste, decaída y al otro no cabes en tu felicidad.

– ¡Ha! ¡No sabía que debía estar triste todo el tiempo!

– No es solo eso, también son los encierros que te das en tu cuarto y el que no dejes tu teléfono para nada. ¿Qué me estás ocultando?

– Nada, ¿qué va a ser?

No sabía cómo continuar, o que más decir, tenía miedo de llegar al punto en el que ella me dijera lo que yo ya sabía.

– Solo te voy a decir una cosa, madre, si tú sigues ocultando cosas yo también lo voy a hacer.

– ¿Pero ¿qué te oculto, dime?

– Préstame tu teléfono y te digo que es lo que ocultas.

– ¡Haber! Creo que estoy divorciada como para que esté dando explicaciones – vocifero en tono defensivo.

– Perfecto – conteste como punto final.

Me dirigí a mi habitación, tome algunas cosas y las eche a mi mochila, espere a que ella se metiera a su habitación y salí de la casa, llame algunos amigos con los que fui a beber un par de cervezas y a perder el tiempo. Regresé por la tarde casi anocheciendo, la cena fue en silencio y nos fuimos a nuestras habitaciones a dormir, en mi caso a tratar de hacerlo ya que pensaba en cómo evitar al día siguiente que ella fuera a ver a aquel tipo, pero no se me ocurrió nada.

Al día siguiente no tenía ánimos de nada, dadas las 3:40 llegó ella, dándome a pensar que del trabajo tomo camino a casa. Tome mis cosas y salí a la calle, llame a mi padre quien afortunadamente disponía de la tarde, platique con el de varias cosas sin tocar el tema de mi mamá, de esta manera hice un par de días más, hasta que pensé en marcharme con mi padre pensando que a mi madre le daba igual lo que yo hiciera mientras a ella se la cogieran, igual pensé en afrontarla definitivamente.

Al cuarto día al ir saliendo de casa me habló, regresé y dijo.

– ¿Piensas seguir así?

– No, he considerado irme con mi padre, comprenderás que no puedo vivir con alguien que me oculta cosas, así tú también estarás bien, no tendrás que esconderte para hacer lo que sea que hagas.

– Entiende que no te estoy ocultando nada.

– No te preocupes, no me tienes que dar explicaciones, por eso te divorciaste, ¿recuerdas?

– Está bien, disculpa, no debí decirte eso.

– No te preocupes, al fin y al cabo, solo soy tu hijo, supongo que hay otras cosas más importantes para ti.

Di media vuelta y un par de pasos cuando escucho nuevamente su voz.

– Ten.

Nuevamente giro hacia ella y veo su mano estirada con su teléfono.

– Ten, espero que esto te haga feliz – Su tono de voz era agresivo.

– No, no es necesario.

Ella se acerca a mi poniendo su teléfono en mi mano y vuelve a decir.

– Ten, revísalo.

Pensé que seguramente ella ya había borrado toda evidencia, aun así, después de mirarla camino hacia la sala para sentarme. Apenas desbloqueo el teléfono y ella nuevamente dice.

– Antes de que veas algo… – Le salen un par de lágrimas – quiero hablar contigo.

– ¿De qué?

– Haya voy… Seguramente recordaras que algunas cosas de cuando eras niño… Tu papá y yo discutíamos mucho por cosas que tú ya sabes de su familia, por qué bebía mucho, pero además por qué… Él no me cumplía en.… bueno en la intimidad, por eso eran todas las noches nuestras discusiones. Por eso me encontraste como lo hiciste aquella noche con mi compadre, por eso, está pansa – dijo señalando su vientre con ambas manos. En ese momento volví a desbloquear el teléfono. – Entenderás que como cualquier mujer necesito de un hombre que me haga compañía en el día a día y también en la cama. Al ver Tinder voltee a verla, abrí la aplicación y note que la última vez que contesto había sido el viernes, lo mismo con las otras aplicaciones sin embargo ahí estaba las pruebas de lo que ella había estado haciendo. Después de varios minutos su voz rompe el silencio diciendo – ¿eso querías mirar? ¿te gustó ver cómo tú madre busca hombres en internet? ¿cómo manda fotos en calzones? – su tono de voz era entre triste y ofensivo.

En parte entendía su malestar, sus motivos, pero me sentí humillando al oír esas palabras, mismas que me hicieron recordar a mi madre dándole las nalgas a su compadre.

– ¡No, claro que no! – dije gritándole.

Un nudo en mi garganta apareció, ahogándome hasta sacar una lágrima en mi ojo derecho.

– Pero en este momento vas a enviar tus últimas fotos.

– ¿como? – Preguntó sorprendida.

Nuevamente desbloquee su teléfono, prepare su cámara y se lo di.

– Tomate fotos y me las envías.

– Estás loco – dijo alterada.

– Buscas hombres en internet para enviarles fotos, ¿no? Pues aquí tienes a uno.

– Pero tú eres mi hijo.

Trate de calmarme y aclarar mis ideas. – ¿A las personas que les enviaste tus fotos no las conoces, o sí?

Ella no contesto

– si a ti no te importo enviarles fotos a desconocidos ¿Que más te da enviármelas a mí? o bien lo dejo a tu consideración, ¿quién es más importante para ti, un desconocido o tu propio hijo?

Tomo su teléfono y salió apresurada a su habitación. «Ya la cagué», pensé yo, sin embargo, más tarde sonó mi teléfono con un mensaje suyo diciendo.

– «Espero que lo disfrutes».

Seguido de esto varias fotos, las primeras en ropa interior, posteriormente sin brasier y otras dando a ver qué se había quitado el calzón más no dejaba ver sus genitales. A pesar de haber conseguido mi objetivo no estaba del todo contento, por ello que no me hiciera la Manuela. Después de un par de horas salí de mi habitación, me encontré a mi madre saliendo del sanitario.

– Espero que no hayas manchado tu ropa.

A primera instancia no le entendí, así que pregunté

– ¿Por qué?

– Pues no creo que hayas querido mis fotos solo para tenerlas, ¿verdad?

– Ha! No, no las use.

Un, «tenemos que hablar», salió de ambos casi al unisonoro.

– Vamos a la sala – me dijo.

Nuevamente nos sentamos uno al lado del otro.

– Disculpame – dije.

– No, disculpame tu a mí, sé que no he sido una buena madre

Ella quería seguir hablando, pero no tenía las palabras, por ello que yo comenzará diciendo.

– Cuando te vi con tu compadre sentí muchos celos a pesar de que era muy chico, sabía que estaba a punto de cogerte, de hacerte su mujer, por eso no me importo exponerme a qué me golpeara. Hoy te comprendo que necesites quien te lo haga o mostrar tu cuerpo para que con palabras y mensajes te hagan sentir bien, pero ya no soy un niño, y ver qué tienes ganas de que te den lo que yo también tengo entre las piernas con mayor razón me dan celos y coraje, o que pensabas, ¿qué me iba hacer feliz saber que mi madre quiere que le den verga, aunque sea un desconocido?

Después de un silencio prolongado finalmente dijo.

– Y que propones, por qué sabes que no puedo dejar de sentir solo por qué a ti te moleste, ¿verdad?

Tomé aliento, tratando de sonar maduro y serio, dije – lo mismo que cuando era pequeño y te encontré con tu compadre.

– Quieres decir?

– Si… Dime si no tengo el derecho… Soy quien te apoya en la casa, veo por ti cuando te enfermas, yo me aseguro de que la casa este bien serrada cuando nos vamos a dormir, ¡soy tu hijo y se supone que debo ser tu prioridad en todo!

– Si, pero esto no es como todo lo demás.

– ¿Qué tiene de diferencia…? ¿Que en esto puedes dar placer y prefieres dárselo a algún desconocido al que no le importas que dármelo a mí?

Nuevamente se hizo el silencio, en esta ocasión no fue su voz ni la mía la que rompió con ese momento angustioso para mí, fue un suspiro de ella, la mire quitarse la blusa, dejando su brasier a mi vista, después sus zapatos y finalmente su pantalón era sacado de su cuerpo dejándome mirar su calzón, se acercó a mí, pensé que tomaría asiento al lado de mi tal como lo había hecho anteriormente, pero no, dejó caer sus nalgas en mis piernas mientras cerraba los ojos y dejaba escapar otro suspiro. Su cuerpo temblaba, creo que también el mío. Su vista por fin se dirigió a mí.

– Te amo con todo mi ser, hijo, y claro que eres mi prioridad, siempre lo has sido y si tengo que elegir entre cualquier hombre y tú, por supuesto que te elijo a ti. Anda acaricia cuanto quieras.

Finalmente había logrado que con total conciencia mi madre me enviara su pack, las fotos no eran como las que envío a sus admiradores de internet, no, estás eran una serie de fotografías en ropa interior y mostrándome sus pechos en poses eróticas, era realmente un pack, pero lo más importante ella lo había hecho para mí. También había rompido una barrera moral al decirle que yo, al igual que cualquier hombre de internet poseía una verga tal cual como la que ella deseaba que le metieran en lo más íntimo de su ser. Ahora mientras acariciaba sus piernas y pechos y la contemplaba semidesnuda me planteaba otro objetivo. – Oye ¿realmente pensabas irte con tu padre?

– Si.

– Y eras capaz de dejarme solita?

– Si, me dolía mucho pensar en dejarte, pero si, además pensé que no te importaba.

– Claro que me importas y mucho, si eres mi hijo, ¿cómo no me ibas a importar?

– Pues el que te portaras como lo hacías me hacía pensar eso.

– Oye ¿y desde cuándo o por qué te gusta tocarme si ya estoy vieja? Tu deberías estar tocando a una chica de tu edad y no a mí.

– Primero que nada, no estás vieja y en segunda, desde que vi como estabas hachándole las nalgas a tu compadre y él te las acariciaba.

– Deberías olvidarte de eso.

– ¿Por qué?

– Porque solo te hace daño, además eso ya pasó hace mucho tiempo y al fin de cuentas no pasó nada entre él y yo.

– Si, y fue por qué yo llegue, ¿si no?

– ¿Si no qué? Chamaco pelado.

– Si no ya sabes, te la hubiera clavado.

– Oye que estás hablando con tu madre no cualquier fulana de la calle… Pero bueno, si, tienes razón… Oye ya te di gusto, ahora vamos a hacer de comer que ya es tarde.

En ese momento se levantó, tomo su ropa y se vestirse.

– Préstame tu teléfono – dije.

Sin cuestionar me lo da, óptimo para que salga el contenedor de memoria SD y la tarjeta SIM, tomo está última y la rompo.

– ¿Qué hiciste?

– Asegurarme que no mensajeras más con tus… amiguitos, toma, borra las aplicaciones y de más.

– ¿Pero por qué, con qué derecho te tomas estás atribuciones?

– ¡Con el que me da ser tu hijo! ¿Tenemos que hablar otra vez?

– Ya, está bien. Entonces acompáñame a comprar otra tarjeta SIM que no puedo estar incomunicada.

Fue por su bolso y salimos hacia la calle, entramos a un pasillo de servicios donde se encontraba un centro de la compañía telefónica donde compro la SIM, antes de salir vi una tienda de interiores, le tome la mano y la jale con delicadeza hacia allí.

– ¿Que? – pregunta confundida.

– Quiero comprarte algo.

Busco con la mirada algo sexy y tomo algunas prendas mayormente de encaje.

– ¿Qué es esto?

– Quiero que te pongas algo que te haga sentir más sexy.

– No te puedo creer que le estés comprando calzones a tu madre.

– Que tiene de malo, todos usamos ropa interior, ¿no?

Sin decir más, salió del pasillo hasta la calle, de ahí nos dirigimos a comprar pollo asado y luego a la casa donde cada uno se ocupó de sus actividades. A la hora de dormir mi madre lanzo un.

– Hasta mañana cariño. Pero yo tenía otros planes.

– ¿Necesitas algo? – Pregunto cuando abrí la puerta de su habitación vistiendo solo un bóxer.

– No – dije mientras me acercaba a su cama.

– ¿Entonces?

– Si no mal recuerdo, dijiste que necesitabas un hombre en tu día a día y también en tu cama, ¿no? Pues te recuerdo que tienes un hijo que coincidentemente es hombre como cualquier otro. Así que vine a dormir contigo.

Me metí a su cama y protestando dice.

– Sabes a lo que me refería.

– Tu también sabes a lo que me refiero, ya te dije, también poseo una verga tal cual como la que deseas que te metan.

Con clara sorpresa vuelva a protestar – fijate como me estás hablando que soy tu madre.

– Si, eres mi madre y eso por eso que si tienes ganas de darle placer a alguien yo tengo el derecho de recibirlo o como por qué crees que un desconocido tiene más derecho que yo que soy quien te cuida.

Sin más palabra que decir, solo atino a contestar. – Está bien, pero deja una cobija entre los dos.

– No, quiero que sientas la piel de tu hombre, además quiero dormir contigo estando tú en calzones, eso ya lo habías aceptado.

– Está bien, pero no hagas… cosas durante la noche.

– Claro que no, eso tú lo decidirás… A propósito, deje lo que te compre en el cajón de tu ropa interior.

– Si gracias.

Dándose vuelta me da la espalda, situación que yo aprovecho para abrazarla y arrimarle la verga. Esperaba un rechazo, pero en su lugar ella toma mis brazos arrimando los a sí misma. Los pensamientos me hacían imposible poder conciliar el sueño, no sé en qué momento de la noche fue que ella reacomodándose hecha las nalgas hacia atrás y se acurruca entre mis brazos y pecho, en mi mente no cabían los pensamientos ni las emociones. Pase el brazo izquierdo a su cintura justo encima del lateral de su calzón, era tela muy suave. Al día siguiente al abrir los ojos sentí el calor corporal de mi madre, aún tenía sus nalgas pegadas a mí y su cuello aún reposaba sobre mi brazo.

Tenía que salir de la cama, pero no quería despertarla, empecé la maniobra lo más delicado posible pero aun así despertó. Estiró el cuerpo y luego dijo.

– buenos días, mi amor, ¿quieres algo de desayunar?

– No así está bien, comeré algo en la escuela.

– No mi vida, para eso estoy yo, ahora te hago unos hotcakes para que desayunemos.

Se puso de pie, la vi quitarse el brasier para ponerse un camisón y encima una bata abierta en color rosa. Quedé sorprendido.

– Oye cariño, anoche estuve pensando, en qué, está más lo que me propones.

– ¿Qué…?

– Pues lo que me propones diciendo que tú también eres hombre y que…

– ¿Porque está mal?

– Pues eres mi hijo… eso lo hace un pecado.

– ¡A ver! ¿Por qué es pecado hacerlo con tu hijo y no, si lo haces con un desconocido, se supone que eso sería promiscuidad y que no también es pecado? sabes que nunca me han interesado las cosas religiosas, pero si tú lo llevas a esos terrenos.

Nuevamente había dejado sin palabras a mi madre dejándonos en silencio nuevamente hasta que terminó de preparar el desayuno. Después de haber dejado los platos en la mesa le jale del brazo para que se sentará en mis piernas y así desayunamos para después retirarme a la escuela.

Después de un ardió día llegué a realizar los quehaceres de la casa mientras mi madre llegaba.

– Al fin en casa – dijo mientras dejaba su bolso. -… – Todo el día estuve pensando y decidí que desistiré en buscar a alguien, supongo que tienes razón, ya tengo un hombre en casa, tú me cuidas y ves por mi seguridad. Está vez fui yo quien no supo que decir.

– Estás feliz de saberlo o qué?

– Si claro y está bien para que buscas lo que ya tienes…

Quizá era el asombro, la alegría o el morbo, pero nada coherente llegaba a mi mente además de que ella había dicho «No buscaré a un hombre», no daba a entender nada.

– Voy a mi habitación a cambiarme de ropa.

– Si…

Termine de acomodar la sala cuando escucho un.

– José, cariño ven por favor

Me dirijo a ver qué se le ofrecía, abro la puerta y veo a mi madre de espaldas, la playera la llevaba levantada, y sus nalgas al aire solo cubiertas por una tanga.

– Ven cariño, quiero darte algo que te has ganado, por saber cuidarme, mimarme cuando me siento mal y sobre todo por saber ser el hombre de la casa, hoy te voy a dar las nalgas.

Nuevamente paro las nalgas quedando a mi disposición, era algo surrealista no podía creer lo que estaba escuchando de mi madre, la mujer que varios querían tener en su cama incluyendo a chicos de mi edad estaba parando las nalgas para mí. Con los nervios hechos puré me acerque a ella bese el canalillo de entre sus nalgas y escucho un gemido, bajo su tanga y hago lo propio con mi pantalón luego con el bóxer, doy una suave caricia a su vulva y me dispongo a apuntar mi verga al lugar de dónde había salido. Las nalgas de mi madre eran poesía erótica, las comencé a acariciar mientras un suspiro de ella le daba la bienvenida a mi verga en sus adentros. Espere un segundo, tome aliento y comencé a embestir.

– Huumm mi amor que rico me coges.

– ¿Te gusta?

– Si mi amor, me enca…nta.

Imprimí más ímpetu a cada embestida haciéndolos más fuerte, más constantes logrando que no dejará de gemir de placer, quería que ella tuviera la mejor experiencia sexual, quería demostrarle que su hijo podía hacerla tan mujer como cualquier otra, después de esta sesión de sexo ella quedaría tan satisfecha como cualquier ninfómana después de un día de ir de verga en verga. Un gritó desgarrador me saco de mis pensamientos, las paredes vaginales de mi madre empezaron a ordeñarme, pero no quería venirme aún, tenía mucho que hacer antes de eso así que me detuve y ayudé con mi mano para que no dejará de gozar durante su orgasmo. Tire un par de cobijas al piso y le pedí se pusiera en cuatro, si bien mi madre ya era mi mujer ahora la aria mi hembra, mi madre no se arrepentiría de haberme dado las nalgas y así le empecé a demostrar apenas posó ambas rodillas y manos sobre las cobijas.

Coloqué los pies a los costados de sus rodillas y montando sus nalgas la volví a penetrar para después apoyarme en el piso, mi madre llevo su pecho sobre el suelo y nuevamente volví a embestir. Los gemidos y pujidos de mi madre eran música acompañados del sonido producido por el chocar de sus nalgas con mis muslos.

– Si, si, ¡si… haaa…! si mi amor. Que rico me coges papito.

– ¿Te gusta putita?

– ¡Si corazón lo estoy disfrutando tanto, haammm!

Una vez más disfrutaba de las paredes vaginales de la milf de mi casa y no solo eso me la estaba montando. Un nuevo orgasmo invadió el cuerpo de mi madre, pero está vez duró más o quizá fue multiorgasmo, está vez las ordeñadas que su vagina me dio no las resistí y acabé con varios chorros de esperma dentro de ella. Quedamos algunos minutos en la misma posición, hasta que cansado me salí de ella, mi madre quedo acostada en las cobijas que había puesto en el piso, me acerque y dio una sonrisa de satisfacción, luego llevo su mano derecha y entrelazó sus dedos en mi cabello.

– Gracias mi amor, me has hecho la mujer más feliz, no sabes cómo me encantó el que me hicieras el amor así.