Me prestaron un sumiso, no desperdicie ni un minuto e hice todo lo que quería con él hasta invite a algunos hombres mas

-¡Ponle bozal a tu chucho!

Le dije a mi amigo de juergas, otro Amo… cuando su sumiso altanero, me contestó de mala manera.

-Cállate y respeta a la que será tu Ama, por el tiempo que ella desee. Le reprendió el Amo.

-Perdóneme maestro, no lo sabía. Dijo el Sumiso.

-Tú, no tienes que saber nada, porque nada eres. -Le contesté.

-Así es señora, a sus pies.- Me contestó el Sumiso.

-Tienes mucho que aprender, eres boquiflojo, altanero e irrespetuoso.

-No señora, es que mi Amo nunca me había cedido a nadie y yo quería servirle a él.

-Pues ahora me vas a servir a mí e irás aprendiendo cuál es tu lugar. ¿Te queda claro?

-Si Señora, lo que usted mande. –Contestó el Sumiso.

-Me llamas cuando ya no te sea útil. –Me dijo mi amigo el Amo y salió por la puerta.

-Por supuesto, te llamo para entregártelo.

Tiré de la cadena del Sumiso y tomé mi agenda del escritorio…busqué unos números de teléfono y realicé una llamada.

-Les espero rápidamente. Dije a mi interlocutor.

-Si señora, me contestaron al otro lado del teléfono. Y colgué.

-Desnúdate y vete a la cocina, sírveme algo de beber. -Le ordené al Sumiso.

Regreso con una copa en la mano y se arrodillo para que subiera mis pies encima de su lomo para descansar.

Media hora después, timbraron en el telefonillo. Contesté y abrí la puerta.

-Ahora vas a aprender un poco. -le dije al Sumiso. Estábamos en el salón

-Lo que usted diga Señora. Contestó.

-Sigan al salón, les dije a mis invitados. Que entraron y me saludaron.

-A sus pies Señora, aquí estamos prestos a satisfacerla. -Dijeron al unísono.

El Sumiso prestado, quedo asombrado al ver ese par de hombres negros, grandes y fibrosos.

-Desnúdense les dije a los negros. Que parecían de ébano.

-Como ordene señora. -Contestaron.

Estos ya venían empalmados, con sus grandes pollones.

Hoy quiero verlos con este sumiso altanero, debe aprender lo que le espera cada vez que su Amo, me lo preste.

-No Ama, me dijo el Sumiso asustado.

-¡Cállate chucho! Vas a aprender conmigo. Le dije al Sumiso.

El Sumiso arrodillado en el salón, recibió a los dos negros que se pararon frente a él.

-Abre la boca chucho, obedece. –Dije al Sumiso

Y empezó a recibir en la boca los pollones de los negros.

Después lo hice poner sobre un potro, inmovilizado a 4 patas.

-Pueden empezar a disfrutar de mi Sumiso. -Dije a los negros.

Uno por detrás quiero verle follar el culo y otro por delante para una buena mamada.

Estos negros sí que tenían aguante.

Mientras contemplaba como era sodomizado por ese gran pollón,…sentía un inmenso placer, viéndole sufrir y disfrutar.

-Ya les diré como se corren. -Dije a los negros.

-Lo que usted ordené señora. –Medio contestaron, estaban engolosinados penetrando al Sumiso.

Después de un buen rato, ordené a los negros que cambiaran de lugar.

El que estaba sodomizándole paso a darle de tragar la polla y el otro paso a follarle el agujero al sumiso, que ya lo tenía abierto a cuenta del otro pollón que se había estado metiendo.

-Quiero que eyacules en la boca del Sumiso. Dije al negro.

-ummm no señora, por favor… balbuceaba el sumiso.

-Calla que tú no piensas. -Ordené al Sumiso

-Córrete ya. -Le dije al negro. Y le vi echarle al Sumiso todo el semen dentro de la boca…

Mientras el otro seguía follándole el culo con fuerza.

Yo estaba pletórica, viendo esa hermosa imagen de ese trio con Mi Sumiso prestado.

-Ahora tú córrete dentro de su agujero. Le dije al otro negro.

A lo que el negro obedeció, esforzándose en escurrirse la polla dentro del culo de mi Sumiso.

-¿Satisfechos? Les pregunte a los negros.

-Si Señora, menuda sorpresa nos tenía. Es usted muy buena con nosotros.-Contestaron.

-Soy una Ama buena y siempre pienso en la felicidad de mis esclavos. Ahora si vístanse y marchen ya. -Les dije.

-Gracias Señora.

Desaté del potro al Sumiso dolorido, que tenía lágrimas en los ojos.

-¿Has aprendido algo? – Le pregunté al Sumiso.

-Si señora, si aprendí. –Contestó.

-Cuéntame que has aprendido de nuestro primer encuentro. Le dije al Sumiso.

-Que no debo ser altanero ni contestarle Señora.

-Ah, muy bien, buen chico, buen Sumiso… ya nos vamos entendiendo. Le dije mientras acariciaba su cabeza.

-Gracias señora.

-Dúchate mientras llamo a tu Amo, para que venga a recogerte.

-Lo que usted ordené señora. Contesto el Sumiso.

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