Mi amo y su gran regalo

Miro la hora y me estremezco. Las 15:20. Sólo tengo 40 minutos para terminar de asearme y preparar mi cuerpo antes de que llegue mi amo.

Me apresuro a la ducha, abro el agua caliente y la dejo correr por mi piel. No sé si realmente se siente increíble en mis pezones o me estoy muriendo por masturbarme porque sé que no debo. Limpio mi cuerpo concienzudamente, enfocándome en mi apretado culo, para tenerlo listo para él. «L», como le diremos por los momentos, es mi dueño absoluto.

Salgo del baño y me dirijo a mi habitación. «Ábreme», puede leerse en la caja que reposa sobre mi cama. Su contenido no es desconocido para mí.

Llegó a mi puerta esta mañana, por correspondencia. Contiene instrucciones sencillas por parte de mi amo «Colócate este conjunto y aléjate de la caja. No puedes utilizar nada hasta que yo llegue». Y justamente ahí, en la última frase, comenzaba mi problema.

La caja enviada por mi amo contenía un conjunto de lencería precioso, de dimensiones diminutas. La parte superior no lograba ocultar mis tetas cuando estiraba los brazos, mientras que la parte inferior insistía en colarse entre mis nalgas y apretujar mis partes íntimas. Sumado a eso, estaba el objeto de mi deseo: Mi amo había comprado un juego nuevo de plugs anales y vibradores, especialmente para mí. Uno en específico, con base en forma de corazón, me había torturado la mente todo el día.

Suelo ser muy obediente con las órdenes de mi amo. Limpio, cocino y mantengo nuestra casa muy linda durante su ausencia, y lo espero completamente lista a la hora de su llegada. Cuando me ha prohibido que me masturbe, lo he cumplido. Cuando me exige que haga algo para él, siempre lo cumplo a tiempo… Pero hoy no podía contenerme. Necesitaba probar ese plug cuanto antes.

Miré el reloj. Tenía 15 minutos aún. Había perdido una gran cantidad de tiempo mirando fijamente los nuevos jueguetes e imaginándolos dentro de mí, no podía darme el lujo de perder más.

Cogí el lubricante de la mesita de noche y me unté los dedos. Desnuda, me coloqué en posición de perrito en el piso, bajando mi pecho hasta el suelo. Me estimulé rápidamente con mis dedos, penetrándome suavemente y procedí a insertar mi deseado plug. Se sentía delicioso en mi interior. Junté mis piernas para disfrutarlo más, sólo un poquitito. Lo apreté con fuerza, sentí cómo mi entrepierna se humedecía y… Escuché la puerta.

El característico sonido de sus llaves repicar contra su llavero, mientras la cerradura emitía un «clac» al ceder.

Sentí mi corazón detenerse. Mierda, mierda, mierda. ¡Mierda!

Miré el reloj en la mesita. Mi amo había llegado 10 minutos antes.

Intenté, fallidamente, retirar el plug con mis dedos. El muy infame se encontraba clavado en mi interior y se resbalaba entre mis dedos lubricados. Sumado a eso, mi pussy insistía en excitarse aún más con cada movimiento que realizaba para intentar sacarlo. Me sentía chorrear flujo. Esto no funcionaría.

No solamente estaba hecha un desastre, sino que mi amo iba a saber que lo desobedecí por completo. Rápidamente, guardé el lubricante, me limpié los dedos y me coloqué el conjunto. Mientras tanto, escuchaba a mi amo hablar por teléfono desde la cocina. Algún alma caritativa me había concedido un par de minutos de gracia. Luego, todo se sumió en silencio.

—«¿Dónde estás?», preguntó mi amo en voz alta.

La voz de mi amo, me ha causado excitación desde que lo conocí. Su tono rasposo y serio, ha hecho que me estremezca desde el primer «hola».

—«Ya salgo, mi señor», respondí temblorosamente.

Estaba sentado en el sofá de nuestra sala, mirándome fijamente mientras salía de la habitación.

—«Pero qué lindo te quedó todo, ven a sentarte aquí en las piernas de tu papi para consentirte un ratito»

Mi amo había llegado de buenas, lo que hacía la situación 10 veces peor.

Caminé hasta donde se encontraba él, sintiendo el maldito plug estimularme en cada paso que daba.

Coloqué mis piernas a cada lado de su cuerpo y procedí a descender sobre él, apretando fuertemente el plug para evitar que se fuera a salir justo ahora.

Con las rodillas sobre el mueble, me senté sobre las piernas de mi señor. Qué olor tan divino despedía su cuerpo. Siempre me he vuelto loca por esa mezcla entre perfume y su sudor que lo acompaña al llegar a casa.

Acerqué mi boca a sus labios y deposité un suave besito, haciéndolo sonreír.

—«Bienvenido a casa, papi», dije mientras lo miraba a los ojos, intentando disimular mis crecientes nervios.

—«Qué deliciosa se ve mi niña con su ropita nueva, me provoca comérmela entera», dijo con una dulce expresión.

Acercó su rostro al mío, buscando mis labios para darme un buen beso. Lamí su boca y dejé que chupara mi lengua. Mordí sus labios suavemente, probándolos a mi antojo. Metió las manos en mi panty, aferrándose a mis nalgas y pellizcándolas como le encanta. Restregué mi cadera contra su cuerpo, buscando rozar su paquete con mi entrepierna. De prolongarse más, podría haber mojado su pantalón.

Su lengua se encontraba recorriendo mi boca, cuando uno de sus dedos se coló más hacia adentro de mí y tropezó con el plug. El beso se detuvo, y mi amo abrió muy grandes los ojos, mientras me miraba fijamente. Veía su molestia crecer.

—«Al piso», masculló lleno de rabia.

No rechisté ni formulé ninguna palabra. Cualquier explicación, habría empeorado mi situación. Tenía un plug metido hasta el fondo de mi culo, había desobedecido a mi amo y nada podría cambiar eso.

Coloqué mi cuerpo, irónicamente, en la misma posición que me había llevado a esta tragedia.

Sentí sus manos aferradas a mi panty, deslizándolas con rabia hacia mis rodillas. Sabía que no era necesario retirarla para observar el corazón que adornaba el plug alojado en mi interior, pero mi amo quería ver mejor. «Sepáratelas rápido y quédate así», me dijo mientras acercaba su rostro a mis nalgas.

Recorrió toda mi rajita con sus dedos, suavemente. Bajó un poco hasta mi depiladita pussy y separó mis labios mayores, para comprobar que estaba demasiado mojada, como ya se hacía evidente en mi panty. Abrió más, para ver muy bien mi abertura. Se limpió la humedad de sus dedos contra mis nalgad y reubicó su atención hacia mi ocupado culito. Tomó la base con sus dedos y comenzó a moverlo.

No contener un gemido suave, que se escapó entre mis labios sin poder evitarlo, y sentí su mano tensarse al escucharme. Lo movió un poco más, haciéndome gemir despacito y se alejó de mí. Sentía mi entrepierna fría, chorreante y expuesta. Estaba llena de nervios y vergüenza.

No podía ver lo que hacía, pero escuchaba claramente la hebilla de su cinturón soltándose. Por supuesto que sabía lo que venía. Cerré los ojos y apreté los puños, esperando el primer azote del cuero contra mi piel, pero escuché a mi amo alejarse aún más. Volteé la cabeza y lo vi adentrarse en nuestra habitación. Al cabo de unos segundos, volvió con la caja en las manos.

Se sentó en el mueble, soltó los botones en los antebrazos de su camisa y se recogió las mangas hasta los hombros. Colocó la caja a su lado. «Ven acá», me dijo, sin ningún tinte presente en su voz. Qué miedo sentí al no saber cómo reaccionaría mi amo.

«Quítate la parte de abajo. Acuéstate sobre mis piernas, pon tu pecho en mis rodillas y mira hacia el piso», agregó con voz casi mecánica.

Me subí rápidamente. No me atreví a mirarle la cara.

Una vez encima de él, sentí sus manos acariciar suavemente mi cadera.

—«¿Tuviste algún problema para comprender mi carta?», preguntó mientras su mano se paseaba por encima de mis nalgas, separándolas un poco a la altura del plug.

—«No, papi. Es que…», intenté responder nerviosa.

—«¿Comprendiste cada letra y cada palabra que anoté allí?», me interrumpió. Mi amo detesta las explicaciones y las excusas.

—«Sí, papi. Perdóname, por fav…», me apresuré a decir, pero sentí a mi amo mover su mano derecha y escuché un fuerte sonido seco, a la vez que sentía mi piel ardiendo, por lo que mi frase quedó incompleta.

Mi amo había utilizado su correa de cuero, para azotarme fuertemente en mi nalga derecha. Lancé un gritito al sentirlo.

—«Detesto a las niñas desobedientes», dijo mientras proporcionaba otro azote a mi desnuda piel.

Grité de nuevo.

Mi amo comenzó a azotarme repetidamente en el mismo lugar, haciéndome sentir que mi piel iba a romperse en cualquier momento. Cubrió mis nalgas y muslos de enrojecidas líneas, para luego volver a concentrarse en el mismo punto donde comenzó. Mi culito latía en cada golpe que recibía. La cercanía de los azotes con el plug me esta a volviendo loca. Muchas veces, el cinturón tropezaba contra él y lo movía un poco.

Gritaba suavemente, mientras gemía de dolor e intentaba pedirle perdón a mi amo. Cada azote que me propinaba, dolía aún más que el anterior. Simultáneamente, sentía cómo el miembro de mi amo se endurecía bajo mi abdomen. Contuve mis impulsos de agarrarlo o frotarme contra él.

Sentí a mi amo detenerse y escupir sobre mi maltratada piel.

La saliva se arrastró lentamente, hasta sentir cómo llegaba a un punto donde comenzó a escocerme rápidamente. De esta manera me hizo saber mi amo que había roto mi piel.

Colocó el cinturón a un lado y metió su mano entre mis piernas. Sentí cómo sus dedos se llenaban de mi humedad. Con su otra mano, agarró un dildo-vibrador de la caja y lo llevó a mi entrepierna. Sin ningún tipo de aviso, lo metió hasta el fondo de mí. «Ni se te ocurra dejarlo salir», dijo con brusquedad.

El aparato me llenaba mi pussy, haciéndome sentir muchísimas ganas de moverlo y masturbarme con él, pero eso habría significado otro castigo. Mi amo colocó la vibración al máximo y comenzó a nalguearme fuertemente, con la palma de su mano completamente abierta. Lastimando aún más mi destruida piel.

Mientras tanto, sentía cómo el dildo cumplía su función, llenando mi interior y haciendo vibrar cada centímetro de mi cuerpo. Inevitablemente, comencé a gemir, cada vez más fuerte, no sé si por placer o por dolor.

«Súbete acá, sujétate al espaldar», ordenó mi amo.

Como pude, sosteniendo con una mano el juguete en mi interior, coloqué mi mano libre y rostro sobre el espaldar del mueble, dándole la espalda a mi amo. Me apoyé sobre mis rodillas y levanté la cadera hacia él, sintiéndolo muy cerca de mí. El dildo taladraba mi interior, mientras yo intentaba no perder la cordura ni moverlo de más.

Sus manos apartaron mis nalgas y comenzaron a hacer girar el plug, halando hacia afuera. Gemí fuertemente. Sentí cómo mi culito se negaba a dejar ir el plug, hasta que finalmente mi amo lo arrancó de mí.

Escupió repetidas veces sobre mi culito y escuché cómo se bajaba rápidamente la cremallera de su pantalón. Volteé justo a tiempo para ver mi escena favorita.

El bóxer de mi amo estaba a punto de reventar. Se notaba erecto, apretado y mojado con su copioso líquido preseminal. Apretó fuertemente su paquete mientras miraba hipnotizado mi culito abierto.

Sacó su miembro y, sin dejar de mirar mi ano dilatado, se pajeó un poco. Su cabecita se notaba hinchada, muy adolorida incluso. El pene de mi amo denotaba que llevaba una erección prolongada. ¿Tanto así le excitaba torturarme? Apretaba fuertemente su mano mientras se pajeaba. Me volvía loca verlo así de extasiado.

Mi amo siempre ha disfrutado cogerme por el culo, pero en su rostro resplandecía algo más. La expresión de su cara era una mezcla de molestia, excitación y fascinación. Volteó a verme y su felicidad desapareció.

—«¿Quién coño te dio permiso a ti para mirarme?», dijo fuertemente.

Con su mano, empujó aún más adentro el dildo de mi vagina, hasta el punto donde él sabía que me dolía.

Sin decir más nada, colocó la puntita de su polla encima de mi abierto culo y lo metió hasta el fondo.

Gemí fuertemente, sintiendo cómo el aire se escapaba de mis pulmones y su miembro llenaba cada espacio de mi cuerpo. Mi amo deslizó su pene hacia afuera, para luego volver a clavarse en mi interior. Enrolló mi cabello en su mano y lo utilizó para halarme hacia sí. Movía rápidamente su cadera mientras marcaba un ritmo fuerte y constante dentro de mí. Mi mano sostenía temblorosamente el dildo dentro de mi chorreante vagina. Mi amo me estaba volviendo loca y él lo sabía.

Sentía su pene rozar con mucha fuerza las paredes de mi ano. Como la puta que soy, apretaba mucho para él, para hacerlo gozar con mi cuerpo.

Mientras me penetraba, mi amo inclinó su cuerpo sobre mí. Seguidamente, estiró su mano derecha hacia la parte frontal de mi cuerpo, buscando mi clítoris con sus dedos.

Que mi amo haga eso, significa que está a punto de venirse y quiere que me venga con él.

Ubicó sus labios en mi oído y, estando muy cerquita, me susurró «Vente para mí, mi niña. Quiero ver cómo te corres empalada por todas partes».

Sus palabras en mis oídos son mágicas. Mis piernas fallan, y sus dedos logran que me corra en cuestión de segundos, apretando muy duro su polla y el dildo que se encuentra dentro de mí. Saco el dildo y me concentro en sentir cómo mi amo me castiga el culito.

Me agarra del cuerpo, halándome. Me levanta del mueble, lo saca de mi interior y me guía hasta un mesón.

«Vente más, como tú lo haces», gruñe en mi oído. Su voz me hechiza. Siento mi cuerpo palpitar, mientras mi amo vuelve a entrar en mí, esta vez por delante.

Mueve sus caderas a un ritmo frenético, siento cómo choca repetidas veces con mi punto G, y gimo muchísimo más duro, mientras siento cómo comienzo a orinarme. Primero, lentamente. Luego, un gran chorro sale de mi cuerpo y corre por mis piernas, mojando igualmente las piernas de mi amo. Al mismo tiempo, siento un gran orgasmo desatarse en mí. Grito y gimo hasta quedarne ronca, mientras mi amo no deja de penetrarme muy rápido.

Su pene crece dentro de mí, y comienza a llenarme de leche muy adentro. Sus chorros se sienten como caricias en mi cuerpo, que me hacen gemir lentamente mientras siento el calor de su semen dentro de mi cuerpo.

Mi amo sale de mí, me acaricia la espalda y me hala suavemente el cabello para que me levante. Conozco a mi hombre lo suficiente como para saber qué desea.

Me arrodillo frente a él, comienzo a chupar rápidamente.

Lo lamo todito. Sabe mucho a mí, a mi cuerpo. Es tan mío que tiene mi propio sabor.

Le paso la lengua de arriba hacia abajo, comiéndome todo. Limpio el pene de mi papi, dejándolo libre de cualquier rastro de semen.

Mi amo me mira a los ojos y sonríe. Me hala por los brazos, para que me levante, y nos vamos los dos hasta el mueble. Me besa las mejillas, y los labios.

«Feliz cumpleaños, mi niña. Tienes que aprender a portarte bien», me susurra en los labios.