Mi masajista con una enorme polla

El relato que les traigo hoy pasó hace unos años y fue la primera vez que tuve sexo con otro hombre sin querer (queriendo).

Un día jugando al fútbol en un polideportivo en Madrid sentí un dolor en la parte posterior de la pierna. Pasaron unas semanas sin ninguna molestia, hasta que un día volvió el dolor y busqué en internet un masajista para que me dijera que lesión podía tener y qué tratamiento seguir.

Encontré su número y le escribí por whatsapp. Se llamaba Marcos. Me dijo que atendía en su casa, porque estaban remodelando su oficina en el gimnasio. Y que si no tenía problema, me podía atender ahí. En su perfil tenía una foto de un poderoso pectoral e increíbles, musculados y bien definidos brazos.

Me dio su dirección, la cual estaba muy cerca de una de las estaciones de buses y trenes más conocidas de Madrid.

Era un cuarto piso en un edificio algo viejo y que tenía un ascensor muy pequeño, en el cual cabían máximo dos personas.

Toqué al timbre y me dijo que subiera. Lo cual hice. Al llegar a la puerta del piso, toqué y me abrió. Marcos tenía la cabeza rapada, unos ojos hermosamente verdes. Tenía la misma altura que yo. Llevaba una camiseta ceñida que dibujaba un cuerpo perfectamente trabajado. Unos pantalones anchos de tipo oriental y chanclas. Nos dimos la mano y me invitó a pasar a una habitación en la que atendía a sus pacientes.

La habitación estaba oscura sólo iluminada por unas velas que dejaban notar el orden y dedicación con la que trabajaba Marcos. Una cama baja, no una camilla. Un par de macetas de bambú y una decoración tirando a asiática.

Cuando entré, se quedó en la puerta y me dijo que me desvistiera. Lo cual hice. Me quité todo a excepción del tanga que me había puesto para que tuviera mejor acceso a la zona que me dolía.

Entró de repente Marcos y me vio así. Me dijo que me quitara todo y me echara en la cama boca abajo y volvió a salir.

Hasta ese momento, el morbo de la situación me había puesto cachondo, pero había ido ahí por el tema de mi lesión..

Cuando regresó Marcos, puso música oriental en un ipod que tenía sobre un mueble cerca a una de las macetas de bambú y me preguntó por la zona de la lesión.

Le dije que era la parte posterior de mi pierna izquierda y se arrodilló fuera de la cama para hacer una primera exploración. Sacó un envase con aceite de masaje y empezó a masajear mi lesionada pierna. Mientras todo esto pasaba me había girado un poco para verlo a los ojos, a esos increíbles ojos verdes. Volví a bajar la cabeza y cerré los ojos con el deseo de que esas manos grandes y firmes aliviaran mi dolor.

Se sentía tan bien que mientras escribo este relato, por momentos cierro los ojos y desearía estar nuevamente en esa cama siendo masajeado por Marcos. Primero se enfocó en mi pierna, pero luego fue extendiéndose por otras zonas. Bajaba a mis pantorrilla, subía a mis nalgas, subía a mi espalda, a mi nuca, luego volvía a bajar, masajeaba mi otra pierna, masajeaba mis pies. Era un maestro con las manos. Cuando pasaba por mi culo se sentía tan bien, que inconscientemente levantaba mi cintura. Como tratando de abrir mis nalgas para que pudiera masajearme todo. Cosa que se dio cuenta porque empezó a introducir sus dedos entre mis nalgas y acariciar mi ano. Esto me ponía mucho más caliente de lo que había estado nunca en la vida. Siguió con mi ano un buen rato, como explorandome. Yo no podía más de mi.

Creo que se dio cuenta que mi culo no era completamente virgen porque ya me había metido muchos juguetes, pequeños pero algo de acción había tenido. Y aunque era un deseo ser penetrado aún no había dado el paso por cumplir esa fantasía. Había mamado algunas pollas, además de la primera de mi vida en mi relato anterior.

Marcos se detuvo y se levantó.

Yo seguía echado boca abajo con los ojos cerrados preguntándome que sería lo siguiente que me haría Marcos.

Puso sus rodillas a ambos lados de mi cabeza y empezó a masajearmela. Esto me volvió a poner caliente y mientras bajaba sus manos de mi cabeza a mi espalda, levanté la cabeza, abrí los ojos y me encontré directamente con su polla. Se había quitado la ropa cuando había cambiado de posición.

Era una polla hermosa, ni grande ni pequeña, algo gorda y con una cabeza brillosa. No lo dudé ni un segundo, la cogí con una mano y empecé a mamarla. Me la metía a la boca, la sacaba, le pasaba la lengua por todo su tronco venoso. Lameteaba sus huevos que notaba grandes para mi boca. Le daba unos pequeños mordiscos. Me encantaba esa polla. Me la metía toda a la boca y con mi lengua le devolvía el masaje. Creo que ha sido la mejor mamada que le he hecho a una polla. Marcos se lo estaba pasando genial. Lo veía en su cara, mientras se la chupaba lo veía a los ojos. Me había convertido en su puta.

Marcos cogió su pene, me lo sacó de la boca y se puso encima mío. Su polla quedó sobre mis nalgas y empezó a moverse de arriba a abajo. Sentía su polla acariciar mi ano en una nueva forma para mi de masajear un cuerpo sobre otro. Sentía su perfecto cuerpo sobre mí y eso me llevó a un nuevo nivel de excitación. Siguió frotándose contra mí y yo no podía más. Quería que me metiera esa polla hermosa en el culo. La quería dentro. Todos mis miedos a ser penetrado se habían desvanecido. No podía pensar en otra cosa. No quería nada más. Empecé de nuevo a levantar el culo para que hiciera con mi culo lo que él quisiera. Y entonces sucedió. La polla de Marcos se puso en la entrada de mi ano y empezó a entrar, me penetraba despacio, además de excelente masajista era un excelente follador. Cuando sentí su pelvis contra mi culo me di cuenta que la tenía toda dentro. Que no había sentido ningún dolor. Fue increíblemente excitante darme cuenta de eso. Todo era placer. En ese momento Marcos comenzó a sacarmela despacio y a volver a meterla. la sacaba y la metía. Y un momento después empezó a empotrarme más duro. Marcos era un amante excelente. Había entrado en mi culo como si nada. Y me estaba dando tal vez el mejor momento de mi vida. Siguió follándome duro. Yo sentía que en cualquier momento me correría con esa verga dentro de mí.

Estuvimos así un buen rato, y entonces me la sacó. Sentí que él pronto acabaría. Me giré y puso una rodilla al lado de mi cara. Me puso su polla de nuevo delante de la boca y procedí a chupársela. Me la volví a meter toda a la boca. El cogió mi pene y empezó a masturbarme. Mi polla también estaba a punto de explotar. Y sucedió. Cogió su polla, apuntó a mi cara y se corrió sobre mí. Un poco de ella cayó en mis labios, un chorro dentro de mi boca, sobre mi nariz, frente y cabello. Yo también empecé a correrme, el se dio cuenta y me siguió pajeando. Había logrado llegar junto con el.

Se levantó, me ofreció una toalla y nos fuimos a limpiar. No quise ducharme, simplemente me limpié los restos de su lefa. No quería quitarme su olor, el calor de su cuerpo.

Me dijo que lo había pasado genial. Yo le dije que había sido mi primer follador, cosa que le gustó. Y me dio un beso. Un beso corto pero con mucha pasión. Me dijo que no quería ser rudo, pero que dentro de un rato tenía otra cita y que necesitaba limpiar su zona de trabajo. Entendí y me vestí. Como había sido mi primera vez no me quiso cobrar por el masaje.

Cuando volvía a casa, no pude dejar de pensar en lo que había pasado. Seguía excitado. Pero ahora relajado y follado.

Volvimos a quedar, pero eso será otro relato.