Otra vez con mi amigo

Hola todos y todas:

Soy Fer tengo 26 años, soy de un pueblo de Andalucía. Soy alto 1.86, moreno, 77kg, fornido, ojos miel claros.

Hoy les comentaré la tercera vez con mi amigo:

Tras la segunda vez que follamos, llegó su hermano y tuvimos que poner fin a ese día asi que al rato me fui a mi casa.

La noche fue rara, no podía dormir dado que solo pensaba en aquella tarde, mi pene se despertó y tuve que calmarlo. Finalicé sobre mi tripa y un instinto me llevó a saborear mi semen, es un poco agrio pero no sabe del todo mal. Me fui al baño, me limpie y me dormí.

Al día siguiente fui al instituto como de costumbre, Sergio por desgracia iba a otro, pero eso también ampliaba mi lista de amigos.

Todo fue normal, estudio, deberes y para casa, pero sentía algo extraño, necesitaba verlo, necesitaba sentirlo dentro de mí, por lo que comí e hice los deberes lo más rápido posible y sobre las 18 fui a su casa.

Entrando en su casa, me notaba nervioso y ya excitado, era pensar que iba a estar dentro de mí y temblarme las piernas.

Por suerte para la familia para desgracia mia, la madre estaba serena, no quería salir de la casa para no caer en la tentación de caer en el alcohol, por lo que por una parte era bueno porque no podíamos jugar a la play pero debíamos cuidarnos para que no nos pillara.

Sergio me dijo que si quería jugar al Risk en su habitación guiñandome el ojo y yo obviamente dije que sí, era una conversación alta para que la madre supiera que íbamos a estar en la habitación de Sergio jugando, lo que no sabía a qué.

Subimos las escaleras rápidamente y nos metimos en la habitación, rápidamente Sergio ya estaba desnudo con su pene flácido, mirándome como dándome la orden de que de la chupara, todo lo decía con la mirada. Yo me sentí genial, me estaba convirtiendo en su puta y necesitaba de mí.

Rápidamente me puse de rodillas y dirigí mi boca a ese pedazo de carne. Su trozo de carne rápidamente reaccionó en mi boca y él empezó a coger mi cabeza y marcar el ritmo, bajé las manos a mi muslos y me dejé hacer.

Su pene entraba y salía de mi boca con dureza, me entraban arcadas pero el sabía que yo aguantaría, cada vez la dejaba más dentro de mí y cada vez resoplaba y gemía más lo que a mí me complacía y me ponía, pero como caballo desembocado empezó a forzar más mi garganta lo que ya me producía arcadas incontrolables y falta de aire, pero yo aguantaba cómo podía, notaba como mi baba empezaba a caer a chorros por mí cara. Derrepente me la sacó de la garganta y me dijo:

– chupame los huevos

Yo solo obedecí y empecé a succionar y lamer sus testículos mientras se la meneaba. Dios se sentía tan rico en esa posición que omitía que mis rodillas me empezaban a doler. Gracias que parece que se dió cuenta, y me pidió que me pusiera a cuatro que quería penetrarme, por lo que yo accedí con gusto, y gracias a mi baba su pene ya tenía suficiente lubricante o eso yo pensaba.

Me puse de pie y me quite los pantalones y los calzones y me puse a cuatro esperando que su pene me taladrase y volviera a venirse en mí. Dicho y hecho, puso su pene en la entrada de mi ano y de una me la incrustó hasta lo más hondo de mi ser. Dios como me dolió, se me saltaron las lágrimas, empezaba a desbocar el animal que llevaba dentro y por suerte lo desboqué yo.

Me agarró fuerte de la cintura y empezó a reventar mi ano aún no dilatado, aguantaba el dolor pero era cada vez más insoportable. Cada vez que entraba notaba como me desgarraba cada centímetro de mi interior, pero él solo bufaba y gemía, por lo que yo esperaba que se viniera pronto y así terminara ese dolor que sentía.

No aguantaba más por lo que puse mi cabeza en la almohada para ahogar mis quejidos en ella, pero él tomó eso como que ahogaba mis gemidos por lo que subió la intensidad de las embestidas. Llené la almohada de lágrimas pero no dije nada, solo me dejaba hacer no quería decepcionarlo.

Sus embestidas eran más rápidas más profundas, más contundentes… agarró de mi pelo y jaló de mi hacia atrás, mi quejido le puso aún más bravo pero por suerte, cogió impulso y la metió entera, y empecé a sentir como empezó a temblar y empezó a llenarme el culo con su preciado néctar. Cuando sacó su pene de mi ano podía notar como salía a borbotones su semen de mi culo. Me recompuse y me senté en la cama, me preguntó por los ojos rojos y yo le respondí que era del placer, pero nuestras caras cambiaron a pálido cuando miramos y encontramos a la madre de Sergio apoyada en en la puerta. No sabíamos que hacer ni decir….

Continuará