Soy una perra totalmente infiel

Parte 1

No podía evitar fijarme en su cara, mientras el hombre de pantalla la penetraba sin ningún tipo de concesión en aquel sofá verde, ella parecía estar sufriendo, sus rasgos faciales al menos era lo que indicaban. Al menos, la mayoría del tiempo, en ocasiones, la actriz del video mostraba alguna sonrisa tímida que se le escapaba e incluso miradas retadoras al hombre.

En ese preciso momento, le tenía envidia, sabía de primera mano cuánto estaba disfrutando aquella chica reclinada sobre aquel sofá, fuese actriz o no, aquello no era fingido. Qué envidia.

Desde aquella posición, el hombre, sin parar de percutirla en un movimiento hipnótico, le agarró del pelo y tiró bien fuerte, ella gritó. Aquello había tenido que doler. Oh, joder.

Yo no paraba de frotarme por debajo de mi braguita mientras miraba aquella escena, aquel vídeo era mi dulce pecado, cuando estaba saturada era la mejor manera de relajarme, imaginarme ser ella, que aquel hombre me dejase tirada para el arrastre. ¿Cómo sería su vida?

Después del tirón, el actor la volteo y se la puso encima, mientras le agarraba del cuello y empezaba a controlar la respiración al tiempo que la penetraba con su carne de nuevo. Ella y yo misma gemimos al mismo tiempo, uf, aquello me superaba. Alejandro, mi novio, no se atrevía a maltratarme de aquel modo, y para mi no tenía gracia pedirlo, la envidiaba tanto.

Un sustancioso hilo de flujo caía de mi coño y manchaba las sabanas, pero no me importó, en aquel momento estaba demasiado abstraída por el placer de la actriz y como movía sus caderas. Su abdomen se removía como si fuese una serpiente, tensándose y arqueándose a un ritmo considerable para poder facilitar la penetración de su acompañante.

Él se la quitó de encima y señaló a la cámara. Por un momento, temí que se fuese acabar el vídeo ahí, pero ella obediente se puso a cuatro patas en el suelo mirando a la cámara. El actor se puso detrás, se agarró del cuello con las dos manos y comenzó a percutirla salvajemente.

Casi me atraganto en ese momento con mi propia saliva, no me lo esperaba, ese primer plano… mi libido subió a niveles insospechados, y mientras me masturbaba intentando seguir el ritmo de la pareja, una sonrisa lasciva asomó en mi rostro.

“Vamos, sí, destrózala… destrózame” pensé para mi.

Como si me hubiese escuchado, la chica miró a cámara y sonrió, me sonrió, estábamos juntas en esto. Habíamos traspasado los límites del tiempo y del espacio y en ese momento estábamos recibiéndole a él y a su inmensa polla.

Me estaba frotando tan intensamente que no tardé en estar cerca del orgasmo. Paré. No quería acabar todavía. Así que reduje el ritmo, respiré tranquilamente y saque un consolador del cajón de mi mesilla de noche. Sí, tendría que valer.

Me lo introduje en la vagina y me sentí llena y muy húmeda. Aquel no era el más grande que tenía, pero se asemejaba bastante al tamaño la polla del actor, aquello era justo lo que quería sentir en ese momento. Miré a la pantalla, ojalá fuese su miembro el que tenía entre las piernas. Lo empecé a mover al ritmo que el actor seguía con mi amiga y aquella sensación no tardó en volver a aparecer. Las olas del mar se acercaban.

“Plas” El tío le dio una bofetada en la cara y la empujó de frente, tirando la cámara al suelo. Me sorprendió, pero no tardo en cogerla y ponerla sobre la cama. El tipo se puso detrás de ella y puso una pierna en la cama, de modo que cuando la volvió a penetrar el recorrido era de arriba abajo. Seguía un ritmo infernal mientras la percutía, lo que hacía que rebotara sobre el somier, todo parecía muy inestable.

Claramente, con ese vaivén, el tipo tuvo que agarrarla nuevamente, y para mi delicia, escogió el cuello otra vez, con las dos manos, tan fuerte que se tensaron todos los músculos de sus brazos. La estaba apretado tan fuerte que ella empezó a perder la respiración y cambio el color de su rostro de un rosáceo a un rosa tirando a morado.

Y llegó. Lo sentí, se me bloquearon los músculos del abdomen y se me contrajo todo, tuve que cerrar los ojos y erguir mi cabeza al tiempo que una montaña rusa de sensaciones explotaba en mi interior. Gemí fuerte, tan fuerte que mis vecinos seguramente me escucharon, pero no me importaba, nada me importaba en ese momento, el vídeo, la habitación, todo se había desvanecido, me bajó la tensión y me maree. Tanto que mientras sentía las contracciones en mi suelo pélvico, empecé a respirar despacio, o todo lo espacio que podía para empezar a recuperar mi ritmo cardiaco.

Uf joder. Había sido intenso aquella vez. Estaba… satisfecha.

Tarde unos minutos todavía en recomponerme, ya que seguía mareada, mire al vídeo y ya no dio la misma sensación, solamente desee para mis adentros sentirme así y cerré el portátil, con eso, me levanté.

Al mirarme al espejo me quedé turbada con mi propia visión, estaba colorada y sudorosa, señal de lo que acababa de pasar. Me tuve que reír de mí misma, hacía mucho tiempo que había dejado atrás sentimiento de culpabilidad alguno por masturbarme, es algo totalmente natural.

Me aparté el cabello negro de mi hombro derecho y procedí a vestirme, había quedado con mi novio en una hora y nos íbamos a tomar algo a un bar nuevo que habían abierto en el barrio.

Saqué una blusa blanca escotada y una falda de cuero negro sintético con un par de cortes del armario y me los puse. Aquella falda me quedaba genial, tenía un corte en los muslos que daban el efecto óptico de que mis piernas eran más largas. Sonreí, estaba preciosa. Además, mi pelo oscuro y enredado le daba un aire salvaje a mi estilo, me encantaba sentirme tan sexy.

Tenía que inmortalizar aquel conjunto me dije de pronto y saqué mi móvil para hacerme una foto. Efectivamente, aquel conjunto me hacía un culazo, de hecho, salía genial. Sí, aquella foto iba a Instagram Stories. Y sin reflexionar mucho más, la subí.

Seguí arreglándome y no tardé en recibir mensajes de mis contactos, los había de todo tipo, desde algún descolocado que iba demasiado directo, hasta un simple emoji del fuckboy de turno. Me hizo gracia y al mismo tiempo me hizo sentir anhelada, no obstante, no le di más importancia; tenía novio y no era en aquel tipo de cosas las que deseaba cuando subía una foto, simplemente me había visto guapa.

En fin, cosas de la vida. No obstante, uno de los mensajes me llamo la atención, no porque fuera elaborado ni nada por el estilo, sino porque simplemente no me lo esperaba.

El mensaje era de Enrique, el mejor amigo de mi novio, además, era un nada innovador emoji del fuego «🔥».

Enrique era, como acabo justo de comentar, el mejor amigo de Alex, se conocían desde hace muchísimos años y si bien había pasado de todo entre ellos, nunca me había tirado fichas. Por eso me extraño. No le conteste, se habría equivocado o algo.

No le di muchas más vueltas al asunto, cogí mi bolso y las llaves y me dispuse a ir al encuentro de Alex. Tardé apenas unos quince minutos en llegar al bar y allí me lo encontré, con una sorpresa, allí estaba Enrique, su amigo.

Claramente, no me desagradaba que estuviera allí, pero Alex no me había avisado y eso me había descolocado. Igual me lo notaron según llegue a la mesa, ya que, mi chico en seguida me apartó un momento y se disculpó explicando que Enrique había comentado de bajar a tomar algo con él antes y me pregunto si me parecía bien que se quedase.

—No, no, claro que no me importa, cielo. Si me cae genial —dije para tranquilizarle.

Alex me sonrió y nos dirigimos para su mesa.

Al sentarme, no pude evitar fijarme en los fuertes brazos de Enrique, sus bíceps se encontraban muy marcados. Mis ojos pasaron, en un movimiento instintivo, al resto de su cuerpo, y en seguida volaron por cómo le quedaba de ceñida su camiseta blanca en sus pectorales hasta llegar finalmente a su sonrisa. Se había dado cuenta. Joder, aparté la mirada.

Estuvimos conversando un rato y tras el primer par de cervezas la conversación derivo en temas ya más desinhibidos, Enrique pronto nos estuvo contando acerca de una de sus citas en Tinder.

En ese momento sentí como su mano rozaba mi muslo, se me erizó todo el cabello y me trabé en lo que estaba diciendo. Me quedé paralizada. Notar la mano de Enrique sobre mi pierna no era algo que yo tuviera que estar experimentando en aquella circunstancia.

“¡¿Qué demonios está haciendo?!” pensé para mis adentros. “Aquí, delante de Alex”.

Al mismo tiempo, Alex estaba contándonos que no se fiaba mucho de ese tipo de apps, pero que conocía gente que había conseguido una relación estable. No se había dado cuenta de nada, menos mal.

La mano de Enrique recorrió mi pierna lentamente hacia arriba, hasta el punto de quedarse al borde de mi falda. Templé mis nervios y en una jugada arriesgada para cortar aquello, me revolví en la silla cambiando de postura. El chico no tuvo más remedio que quitar su mano precipitadamente para evitar que mi chico se diese cuenta de lo que estaba pasando.

“No soy una de esas…” Pensé para mis adentros mientras le echaba una mirada asesina a Enrique.

—Tengo que ir al baño un momento —dijo Alex mientras se levantaba de manera totalmente inoportuna.

Una vez se fue. Miré muy seriamente a su amigo a los ojos y me puse muy seria.

—¿Qué es lo que quieres? —le espeté, agresiva.

—¿No es obvio? —me devolvió la pregunta—. Quiero follarte.

Sorprendentemente, aquella seguridad al decirme aquello, sin ningún tapujo me hizo sentir algo dentro, como que todo aquello estaba mal, no debería estar ocurriendo… y precisamente porque no debería suceder, me acaloró.

Me templé, no podía dejar que aquello fuese a más. Así que le puse cara de disgusto, tomé un trago de la cerveza que tenía encima de la mesa y miré al teléfono, tenía más notificaciones de Instagram, claramente la foto había despertado interés.

—Mira, hay algo que quiero enseñarte —volvió a insistir al tiempo que note como su mano agarraba la mía.

No dije nada, estaba enfadada con él, tenía que haberle parado justo en ese momento, pero algo en su tono me despertó mi curiosidad, por lo que simplemente no hice nada.

Acercó su silla a mi y bajo mi mano hasta su entrepierna. Enrique llevaba un pantalón fino lo cual facilitaba que pudiera notar absolutamente todo, su polla estaba dura al otro lado de la tela, habría retirado mi mano en aquel instante de no ser porque… joder, era enorme.

Le miré a los ojos y lo que pude ver en ellos me turbo, había maldad en ellos, lujuria y unas ganas de destrozarme ahí mismo que no podía ocultar. Me sentí turbada, por un momento, como si fuese un flash, apareció en mi mente la imagen de la chica del vídeo con aquel pollón dentro de ella, gimiendo como una loca., con la diferencia de que ahora el pollón era en verdad de Enrique. Deseaba tanto ser ella… De forma inconsciente, mi cuerpo empezó a desear aquello.

—¿Te gusta? —Preguntó él, señalando con su mirada a su polla.

Hacía ya un rato que ya no me aguantaba mi mano para que se la tocase, pero ahí estaba la mía sintiendo sus palpitaciones. Mis pensamientos iban lentos en ese momento y tardé en reaccionar apartando mi mano. Miré nerviosa al baño y observé con alivio que Alex no había salido todavía.

Respiré hondo y cerré los ojos. No, aquello no podía ser.

—¡Ya estoy! —dijo de pronto mi chico, Alex, que había llegado rapidísimo del baño—. Por dónde íbamos… Sí, nos ibas a contar acerca de tus ligues de Tinder. ¿Qué tal te fue con la chica esa? ¿María, no?

Todavía me temblaban las piernas de lo que acababa de suceder. Pero deje de lado mi teléfono y me centré en la conversación.

—Pues no os lo vais a creer, al parecer tiene una relación abierta y no me lo dijo hasta la cita. Al parecer ha llegado a una especie de acuerdo con su novio y queda con desconocidos por redes sociales.

—Uf, qué me dices —respondió Alejandro, que miro a Enrique en ese momento—. Nosotros no podríamos tener una relación abierta, es imposible.

Enrique lo volvió a hacer, aprovechando que estaba mucho más cerca de mi, puso su mano sobre mi pierna, tentando mis límites, viendo hasta dónde podía llegar. Aquella vez fue diferente, mientras que fue igualmente sutil en cuanto a movimientos, en seguida estuvo al borde de mi falda intentando entrar, aunque no pudo avanzar, tenía las piernas cruzadas.

—No, claramente no —dijo Enrique, que seguía con su mano entre mis piernas—. Para mantener una relación así, hay que tener mucha confianza en uno mismo y además, querer compartir…

Con aquella situación, ya no lo pude aguantar, me calenté aún más, y aunque estaba mal, para alegría de Enrique, descruce las piernas para dejarle acceder mejor a mi falda, igual Alex no veía factible que abriésemos nuestra relación, pero mis piernas sí que las podía abrir.

—¿Y qué hiciste? —pregunté—. ¿Fue incómodo?

—Pues me contó un poco acerca de cómo había sido la experiencia, como abrieron su relación… y acabamos en su casa, ja, ja, ja, supo cómo activarme.

—¡Tío! —Gritó Alex en medio de una carcajada.

Mientras, la mano de su amigo siguió subiendo, hasta topar con la tela de mi braguita. Carraspeé y disimulé lo mejor que pude entre risas. Al mismo tiempo que él también lo hacía, si cualquier cosa salía mal en ese momento, Alejandro nos iba a pillar, y yo tampoco era inocente ya.

Su dedo empezó a seguir en una caricia suave la forma de mis labios superiores, aquel tacto a través de la tela, era muy suave y agradable, e inevitablemente empecé a sentir un ligero repunte de placer. Fisiológicamente, aquello se tradujo en un aumento de mi ritmo cardiaco y una pequeña humedad que empezó a traspasar la tela de mi braguita.

—¿Y si te estaba engañando? ¿Y si realmente no tenía una relación abierta y te estaba engañando? —preguntó Alex, mientras su amigo me acariciaba el coño.

Joder, que hijo de puta era. Ni me imaginaba que aquello pudiera estar sucediendo.

—Era un riesgo, supongo. De todos modos me lo pasé genial—respondió Enrique.

—Supongo que a veces merece la pena correr riesgos—comente.

Me sonrió, y sacó su mano de debajo de mi braguita. Dejándome con ganas de más.

—¡Por dios, qué tarde es! —exclamó Enrique de pronto—. Tengo que irme, he quedado esta noche para salir con un amigo y el tiempo se me ha pasado volando.

—¡Ah! Es verdad, claro, que habías quedado con Marc, dale un abrazo de mi parte—dijo Alex.

—Supongo que seguiremos en otro momento —se despidió Enrique mientras se levantaba y me daba dos besos.

Nos despedimos y seguí hablando con mi chico, ya más tranquila y sin interrupciones de por medio. Le conté acerca de diferentes cosas que había hecho aquella semana y lo bien que me lo había pasado. Después tomamos un par de vinos y vacilamos, pero no fue a más, no me apetecía.

Un par de horas más tarde, me dirigí a casa, sola.

Parte 2

Al llegar a casa, deje las llaves en el llavero, fui al salón, me senté en el sofá y saque mi smartphone, no quería pensar mucho.

Pero ahí estaba, un WhatsApp de Enrique.

—Te gusta jugar, eh 😏 —rezaba su texto.

—Eres un pervertido Enrique, lo que me has hecho con Alex delante ha estado mal —le escribí.

—Sí, ha estado mal, y te has puesto cachonda 😉, ¿o no? —me escribió él.

No respondí, tenía razón. Aquello había estado mal y lo peor de todo es que me había excitado muchísimo mirando a los ojos a mi chico, hablando con él, mientras su amigo me tocaba por debajo de la mesa.

¿Por qué lo había hecho? No lo entendía. Me sentía tan… sucia. Esto no es lo que hace una buena novia. Joder, lo sentía, Enrique me había pillado con la guardia baja.

—¿Dónde estás? Quiero verte —escribió de nuevo.

Su mensaje era una clara invitación a continuar lo que había pasado antes, terminar de romper la barrera.

Me dirigí a la cocina y saqué la botella de vino, la iba a necesitar.

Mire la pantalla del teléfono donde se mostraba aquel mensaje, aquel ofrecimiento del diablo a hacer fechorías. En mi interior estaba viviendo un gran debate interno. Por un lado, mi chico, Alejandro, con el que llevaba ya muchos años y había estado ahí en los momentos más duros de mi vida… pero joder, deseaba tanto aquello. Ya sabía que estaría engañándole con ese tremendo pollón, pero… que le jodan, era mi momento.

—En mi casa, ven. Vivo en el número siete —le puse.

No, no debía culparme por sentirme libre y feliz, si quería que aquel cabrón me follase, me lo merecía ¿por qué no?

—Voy de camino —escribió.

Apenas pasaron diez minutos cuando el telefonillo sonó, le abrí. Joder, estaba muy nerviosa.

—Oh, veo que alguien ya ha empezado sin mí —observo Enrique al cruzar el umbral de la puerta y verme con la copa de vino que sostenía entre mis temblorosos dedos.

De pronto, verle ahí delante, sabiendo cuáles eran sus intenciones me pusieron muy nerviosa, sentí de nuevo aquella voz en mi cabeza que me avisaba de la locura que estaba por ocurrir. Tragué saliva y encontré fuerzas para acallarla.

Ni siquiera podía respirar bien, mi ritmo cardíaco aumentaba y podía sentir mi corazón al máximo.

—Toma, era para ti —dije mientras le daba mi copa, no era verdad, no había pensado en ello, pero sentía muchísimas ganas de complacerle, como fuera.

—Así me gusta —dijo él.

Tomo mi copa de entre mis manos y de un trago se la terminó para acto seguido acercarse a mí y besarme.

No fue un beso bonito, como en las películas, ni siquiera fue un beso suave, no. Aquel beso desprendía lascivia, me metió la lengua y la retorció al contacto con la mía mientras que al mismo tiempo me agarraba del culo con sus manos.

—¿Entonces eres tan puta como dice tu novio? —me preguntó Enrique al terminar nuestro beso.

—No sé qué es lo que dice de mí…

—Poco más o menos que eres un pedazo de zorra exigente que siempre quiere más y nunca está satisfecha— soltó.

¿En serio decía eso de mi Alex? No me lo esperaba, mira, pues sucediese lo que fuese a suceder en aquel momento, sería en parte, mi venganza.

Me dirigí al sofá y me senté.

—¿Por qué no vienes a comprobarlo?—dije.

Enrique me sonrió con pura lujuria en su cara y vino hacia mí mientras se quitaba el cinturón del pantalón, según llegó hasta donde yo estaba, con sus manos, agarró los tirantes de mi blusa blanca y tiró hacia abajo, desgarrándola y dejando mis pechos al descubierto.

—Joder, vaya tetas tienes—soltó Enrique.

Asentí y me las miré; mis pezones asomaban erguidos entre los jirones de mi blusa, lo sentía, mi piel estaba totalmente de gallina. Lo miré a él, como tantas veces había visto en el porno, desafiante pero sumisa. Me sentía infinitamente sucia, porque era el puto mejor amigo de mi novio, un cretino arrogante que mientras hablaba con él había querido masturbarme. Pero en aquel momento era capaz de cualquier cosa si me lo pedía. Solo necesitaba aquello, una puta indicación.

—De rodillas —me ordenó.

Ya me daba todo igual, los nervios que sentía por saber que aquello que estaba haciendo estaba mal me excitaban muchísimo. Me puse en mis rodillas y le desabroché el pantalón y su miembro asomo, estaba duro como una roca y era de un tamaño considerable.

Pensé en Alex en ese momento y descarte mis pensamientos, no era una zorra, y aquella polla tenía que ser mía. Por lo que hice lo que más me apetecía del mundo en aquel momento, me la metí en la boca.

La sentí dura mientras me atravesaba, también noté cómo una de sus manos me cogía de mi nuca, aferrándose a mis cabellos, guiando acompasadamente mi cabeza contra el émbolo de carne que entraba y salía de mi boca. No estaba teniendo compasión alguna conmigo.

—Te gusta, ¿eh?—dijo Enrique.

No sabía cómo pretendía que le respondiera con la boca llena, así que apenas le pude asentir con unos gemidos ahogados por su carne. Se rio y empezó a follarme la boca con más energía.

Empecé a suponer en que si seguía así iba a tener arcadas, me la estaba metiendo bien adentro y apenas había llegado a cubrir tres cuartos de su miembro. Me tuvo que notar confusa por lo que me dio un respiro.

—¿No puedes hacer garganta profunda, Bea? Pensé que podías —dijo Enrique entonces, totalmente retador—. Creía que necesitabas una buena polla para satisfacerte, pero igual tu novio ha alardeado demasiado de ti.

¿Como lo sabía? Nunca le había dicho a Alex que me masturbaba con pollas enormes… Entonces me di cuenta, aquello era un burdo intento de provocarme, claramente me estaba retando a que fuese más allá en su propio beneficio. Me estaba utilizando… Pero, ¿y si Alex le había hablado de mis consoladores? Darme cuenta de aquello me puso más cachonda.

Medite apenas medio segundo y le miré.

—Confía en mi. —le dije al tiempo que le daba un beso en el capullo del pene—. Puedo manejar esto y mucho más. ¿Quieres usar más mi boca? Ponme contra la pared y utilízame.

Una pérfida sonrisa asomó en el rostro de Enrique al escuchar como le retaba; estaba a punto de conseguir exactamente lo que quería. Me apoyó contra la pared tal y como le había sugerido y se dispuso a empezar conmigo.

—Abre la boca —ordenó.

Completamente sumisa, abrí la boca y le miré. Él se acercó más a mi, me puso una mano encima de la cabeza y me introdujo su dura polla mientras que yo la abría al máximo para recibirle bien, quería que tuviese libertad total de acción.

En seguida noté como su polla estaba de nuevo dentro de mi, como recorrió toda mi lengua y llegó hasta mi garganta. Él me observaba con curiosidad, como queriendo saber hasta donde podría usarme. Así que simplemente asentí, quería que tomara mi garganta todo lo que él quisiera. ¿No había dicho Alex que era una puta? Pues sería la puta complaciente de su amigo.

Cerré los ojos por completo, y perdí la noción del tiempo; me quede inerte y deje que me follara la boca como quisiera. Me dolía, sí, pero merecía la pena. En mi cabeza solamente me zumbaba la sensación tan fuerte que estaba teniendo, al tiempo que me sentía usada, en aquella posición no podía hacer nada más que sentir, focalizarme en lo que me estaba haciendo; en las arcadas involuntarias, en como topaba su carne contra la pared de mi faringe e intentaba ir más adentro. Aquello me sobrepaso y comencé a llorar, pero seguí allí.

No sé cuánto tiempo estuve en aquella especie de trance mientras me follaba la garganta, pero fue Enrique el que lo cortó, satisfecho, saco su polla de mi boca y me dio un pequeño bofetón.

—Menuda garganta tienes, zorra —me soltó—. Ahora, recuéstate sobre el sofá.

Mis lágrimas habían corrido el rimel y aún me dolía todo; sin embargo, obedecí su orden sin dudarlo. Deseaba sentir su verga en mi.

Poco tardó en acariciarme, sus manos me recorrieron de arriba abajo. Se detuvo para acariciarme los pechos y me pellizco levemente los pezones, dándome un pequeño calambre de dolor que sentí con placer… Cuando sus manos llegaron a mi culo, me subió la falda y apartó mi braguita, para encontrarse con mi coñito bien dispuesto y abierto para él.

En aquella posición, empezó a penetrarme con sus dedos. Estaba ya muy mojada, necesitaba su polla en mi. Metió primero dos y jugó en círculos con ellos, para después introducir otro más. Me acariciaba en la parte superior de la pared vaginal, dejándome una sensación extraña pero realmente excitante.

Yo me movía y suspiraba, le quería dentro de mi.

—Cualquiera diría que tienes novio —dijo Enrique—. Mírate, ahí, deseando que te folle.

Me estaba humillando, quería que supiese, que tuviese en mi mente que estaba siendo infiel justo en el momento que me penetrase. Pero lo cierto es que me había superado hace ya tiempo, esa inmensa polla… Estaba totalmente rendida a él.

—Por favor… —supliqué.

Y lo sentí, me penetro con su vigorosa carne. Estando apoyada sobre el sofá comencé a moverme en un vaivén, empujándome hacía él; le quería más dentro, deseaba sentirle más profundo, que me doblegase.

Eso hizo, la hundió hasta el fondo de mi ser, sin contemplaciones. Por un momento colapsé, me asusté y contuve la respiración, pensé que me iba a dañar, pero me di cuenta de que aquello era lo que tanto tiempo había deseado, por fin estaba llena.

Me resultó imposible reprimir un gran gemido de placer. Se sentía genial en mi interior, yendo y viniendo, abriéndome y haciéndome suya, yo solo quería más y más.

—¿Tienes miedo de romperme o qué? ¡Dame más duro! —dije entre gemidos, mi cuerpo ardía.

En ese momento paso todo muy rápido, me cogió del cuello con las dos manos y comenzó a follarme con fuerza, estaba siendo furiosamente embestida, empotrada y humillada. Pensé en Alex y en que él nunca me había follado así, y me dio igual, porque yo era de Enrique y su polla, podría hacer conmigo lo que quisiera; con esa idea en la cabeza y mientras me embestía, comencé a mover más mi culo siguiendo su ritmo y empujando con fuerza hacia atrás para que sentirle con más fuerza.

—¿Has visto Alex? Te dije que era una disfrutona y que le iba a flipar. —dijo Enrique en ese momento.

Mi corazón se heló de pronto, diré mi cabeza para mirar a Enrique confusa y después mirar al resto de cuarto que quedaba a mis espaldas. Allí estaba Alejandro, mi novio, sentado en una silla y con los pantalones bajados hasta los tobillos; tenía su pene en una de sus manos y se masturbaba furiosamente, estaba disfrutando de aquello.

Mis pensamientos fueron en aquel momento, turbios y confusos… ¿Qué hacía Alex allí?

En ese momento, Enrique se reclinó sobre mi y me susurro al oído.

—Este es tu regalo, puta. Tu novio te ha entregado a mi para que sientas una verdadera polla dentro de ti —susurró.

En ese momento lo entendí todo, el porqué estaba él tomando algo con Alex aquel día, la reacción a mi storie de Instagram, el porqué se había atrevido a tanto o como había disimulado… Y la sensación de placer qué me recorrió el cuerpo no me permitió otra cosa que no fuera seguir moviéndome contra el envite de Enrique y gemir, gemir para liberar tensión, gemir para que Alex me escuchase; para que me viese dominada por su amigo.

—Vamos a probarla, ¿Te parece bien? —dijo de nuevo Enrique en voz alta.

Supuse que le hablaba a Alex, por lo que no me giré y seguí intentando disfrutar de aquella sensación.

—¿Bea, si te digo que te quiero follar por el culo, que me dirías?—preguntó, está vez dirigiéndose a mí.

Entonces lo comprendí a que se refería con probarme, nunca, y repito, nunca, había tenido sexo anal con Alex; las veces que lo había intentado no habían sido con suficientemente energía o no me apetecía, y después, no había insistido mucho.

—Qué tengo el lubricante en el segundo cajón —dije despacio.

—Así me gusta.

Enrique sacó su pene de dentro de mi y me sentí vacía por un instante, y me puso algo triste. Luego, me volví para mirar a Alejandro. No podía creer lo que estaba pasando, me había entregado de aquella manera y estaba gozando de como su amigo me iba a perforar el culo delante de él.

Lo sentí frío, sus dedos impregnados en lubricante en seguida estuvieron rodando mi ano y dando vueltas. Me estremecí. Tímidamente, puso un dedo en la boca del agujero y presionó levemente. Este se introdujo ayudado por mi excitación y la lubricación artificial.

Como había comentado, nunca había tenido sexo anal, aunque sí que había jugado alguna vez con mi cuerpo, así que lo sentí extraño y al mismo tiempo muy dulce. Enrique en ningún momento fue bruto y lo hizo poco a poco, con mucho lubricante y moviendo los dedos en círculos. Cuando estos ya entraban bien, me relajé más, aquello era maravilloso.

—Prepárate. —dijo Enrique.

Así como estaba, a cuatro patas en el sofá y con los brazos ya entumecidos de la postura, miré a Alex una vez más, noté en sus ojos lujuria y muchísima rabia, y aquello me encendió, estaba celoso y yo era una puta ¿lo era?

No me cupo duda alguna cuando sentí como entraba en mi por la puerta de detrás. Esa sensación no tenía nada que ver con las veces que había jugado conmigo misma, o lo que había pasado justo antes… sentía absolutamente todo; como su grueso pene me llenaba, si lo de antes me había gustado… había sido solamente el aperitivo.

Enrique entonces, al sentir que mi cuerpo cedía ante él y su miembro, comenzó a aumentar el ritmo. Primero ligeramente, para ver como reaccionaba, pero al verme disfrutar, lo aumentó, hasta metérmela entera y empezar a darme duro.

Sin pensar siquiera en lo que hacía, baje mi mano y empecé a masturbarme el clítoris. Como hacía cuando veía videos sola. Joder la sensación que tenía en ese momento, el placer mezclándose con el dolor, la excitación, todo. No sabía ni como me sentía, mis sensaciones me abordaban, y empecé a sentir como se acercaba.

Estaba casi completamente ida, a punto de correrme.

No tardé mucho más, aunque él no paró. Comencé a temblar y me abandoné a un orgasmo furioso. Mi cabeza se fue y me quebré, no sé cómo explicarlo exactamente, fue una sensación muy intensa que se mezcló con el dulzor del placer, prácticamente perdí el sentido durante unos segundos y fue entonces cuando comenzaron los espasmos, una y otra vez, sin parar, como las olas del mar… Me quede allí, tirada sin poder moverme mientras Enrique seguía follándome el culo y mi mente navegaba en un mar sin sentido alguno, no estaba allí, pero al mismo tiempo lo sentía todo, como Alex me miraba y como Enrique me embestía como un animal. Fue claramente, el mejor orgasmo de mi vida.

Él siguió follándome sin parar durante mi experiencia religiosa. No tenía piedad, y a pesar de mis gritos y de mi desfallecimiento, siguió, siguió usándome como a una puta barata. Como la persona que no se merecía piedad que yo era.

Y en línea de su anterior comportamiento, en un movimiento rápido, saco su pene de mi culo para metérmelo bien dentro de mi coñito y no me aviso cuando se corrió dentro de mi, era suya, me podía utilizar como quería. Sentí el caliente chorro de su semen llenándome, impregnándome mientras seguía con su intenso e incesante mete saca.

Y no me moví, el porqué le dejé usarme como a un juguete no lo sé todavía; no sé si fue porque no tenía fuerzas o porque realmente lo quería dentro; pero cuando su polla empezó a palpitar, y a pesar de que no estaba tomando la píldora anticonceptiva, mi instinto me invadió y empecé a empujar de nuevo ansiosamente contra él, cerré mis ojos y me olvidé de todo a nuestro al rededor. Simplemente, me sentí orgullosa de darle a Enrique justo lo que quería de mi, aquello ya no era sobre mi Alex, era por mi, me lo merecía, me merecía ser su sumisa.

—Joder, menuda cerda es tu novia Alex —dijo Enrique al acabar.

Cuando me recompuse, mire a mi novio, que se había corrido ya. Aquello había sido muy raro, pero me sentí profundamente agradecida con él. Después miré a Enrique, que me había usado como había querido y observe su polla flácida y goteante, aun así, era grande, sí. Y sentí que una sensación un tanto eléctrica me recorrió mezclándose con mi agradecimiento.

Sí, aquello era lo que quería.