¡Todo es culpa de mi hermana!

Mi nombre es Alex, bueno la verdad es que es Alejandro pero nadie me llama así, por lo que todos me conocen como Alex. Tengo 18 años y tengo una hermana de 25 años nombrada Sara, y todo lo que voy a relatar ocurrió por su culpa; porque solo ella es la culpable de haberse buscado un marido tan bueno. Así que de antemano me declaro inocente de todo lo que sucedió, si alguien necesita señalar o buscar un culpable esa es Sara, nadie la obligo a tener tan buen gusto.

Como ya les decía tengo 18 años, soy trigueño, mido 1.78, siempre he sido delgado pero musculoso ya que desde pequeño practico natación, lo que ha hecho que mi cuerpo se bastante atlético. Por último, dejenme contarles de Ramón; y aunque creo que ya lo deben haber imaginado es el esposo de mi hermana y es tan inocente como yo en esta historia. Ramón tiene 30 años y desde hace dos años esta casado con mi hermana, es un tipo alto mide casi 1.90; de constitución fuerte con músculos que dan fe de las horas pasadas en el gimnasio. La otra característica distintiva de mi querido cuñado es su voz, sumamente penetrante y masculina de esas que te erizan de solo escucharla. Yo Ramón nunca hemos tenido una relación muy cercana, no hemos pasado de conversaciones superficiales en alguna que otra reunión familiar.

En el mes de marzo mis padres planificaron un viaje para celebrar su aniversario de boda, viaje en el que por supuesto mi presencia no era requerida, lo que implicaba que me iba a quedar solo en casa o eso pensaba yo. Pero mis papás no confiaban en un muchacho de 18 años solo, sin importar todo lo responsable que siempre había sido. Esto los llevo a tener la genial idea de pedirle a mi hermana si me podía quedar con ella en su departamento:

– Hija, al fin y al cabo, tienes una habitación de invitados vacía y solo serán por corto tiempo – escuche a mi mamá suplicarle a Sara mientras se encontraba de visita en nuestra casa.

– Mamá yo creo que este mocoso ya puede cuidarse solo. – respondía mi hermana mientras me miraba un poco fastidiada – Además siempre ha sido responsable y cualquier problema puede contactarme por el móvil.

– Sara, tu padre y yo no nos sentiremos cómodos si dejamos a Alex solo en esta casa tan grande. – continuó mi mamá insisitiendo – Serán solo dos semanas y Alex vendrá cada rato a darle vuelta a la casa así que lo verás de seguro solamente por las noches, entre eso y la escuela no creo que te de mucha molestia.

– Está bien, está bien, con tal de que tú y papá disfruten su viaje yo cuido al pequeño Alex – dijo Sara con una pizca de sarcasmo.

– Eh, de pequeño nada que ya tengo 18 años – referí un poco mortificado por el comentario.

– Jajaja bueno pero aún así sigues siendo el peque de la familia – dijo mi hermana mientras me miraba sonriendo.

Fue así como tuve que irme a convivir con mi hermana y su esposo Ramón. El primer día de conviviencia con Sara y Ramón paso sin mucha novedad, llegue a su casa a eso de las ocho de la noche y prácticamente fui directo a la cama. Al día siguiente por la mañana tome un desayuno rápido y salí para el colegio; al salir de la escuela me dirigi a casa de mis padres a pasar el rato y darme un chapuzón en la piscina. Cerca de las 5 de la tarde me dirigí hacia casa de mi hermana y media hora después estaba llegando a la puerta de la vivienda donde ahora me alojaba. Al entrar me encontre a Sara y Ramón en la cocina, ambos conversaban de manera amena mientras preparaban la cena:

– Hola, ¿que tal todo? – los salude interrumpiendo sus labores en la cocina.

– Hola Alex, la cena ya esta casi lista, si quieres date una ducha y después nos sentamos a la mesa – me dijo Sara.

– Hey cuñadito – solo dijo Ramón con una sonrisa en su rostro.

– Ok me doy una ducha rápido y regreso – respondí yo.

Cuando entré al baño empece a desnudarme y tire mi ropa en un rincón, pero justo antes de entrar a la ducha algo llamo mi atención. En el cesto de la ropa sucia algo llamo mi atención, se trataba de un bóxer rojo que sin lugar a dudas pertenecía a mi cuñado. La verdad yo desde hacía tiempo me había percatado que me atraían los hombres, aunque nunca me había atrevido a hacer nada era consciente de que mi cuerpo se alteraba cuando veía un buen especímen de macho, y a pesar de que siempre había logrado no demostrarlo Ramón era uno de esos ejemplares que me hacían sentir cosas en mis zonas más privadas. Por ello la sola visión de esa pieza de ropa supuso que mi pene inmediatamente cobrará vida y una pregunta paso por mi cabeza: ¿cómo olería un hombre como Ramón?.

La duda duro poco en mi mente, porque de manera automática mi cuerpo se dirigió a la llamativa prenda y con una de mis manos la lleve a mi rostro. Inmediatamente empecé a percibir un cúmulo de olores que me embriagaron, sentí un leve olor a colonia mezclado con un fuerte olor a sudor y a restos de orine; los fuertes olores elevaron más mi pene que reclamó la atención de mi otra mano. De esta forma empece a masturbarme mientras deslizaba la prenda de ropa por todo mi rostro y extasiado absorvía eñ olor de mi cuñado, un olor a hombre que me llevó a la cúspide del placer y que termino por hacer que mi verga soltara todo el semen que almacenaba. Poco a poco, mi respiración se fue calmando y deje el bóxer del lugar donde lo había tomado, en ese momento me percate de lo que había hecho y un leve remordimiento me invadió. Caí en la realidad percatandome de lo que había hecho y entre en la ducha confiado en que el agua y el jabón eliminarán toda evidencia de mi reciente pecado. Mientras terminaba de bañarme una voz me interrumpio:

– Alex, te estamos esperando para cenar – escuche decir a mi cuñado al otro lado de la puerta.

– Ya salgo – solo atine a decir.

Rápidamente me seque y salí con la toalla anudada a la cintura para dirigirme a mi cuarto. Al andar por el pasillo me topo con mi cuñado que salía de su cuarto:

– Hey cuñadito, esa ducha se demoro más da la cuenta. Jajajaja – refirió Ramón de manera divertida.

– Eh yo, eh es que…, ah – empecé a balbucear al recordar el motivo de mi demora en el baño.

– Tranqui Alex que yo también me mataba a pajas en el baño a tu edad. – me dijo mientras me dedicaba una sonrisa – Ya estas en la edad que cualquier tía te la pone tiesa, jejeje.

– Pues si – conteste yo avergonzado, repasando con la vista al objeto de mi deseo.

– Bueno, termina de vestirte que yo voy a ayudar a Sara con la mesa.

La cena transcurrió de manera normal sin mucha novedad, hablamos de temas intrascendentes y furtivamente le dedique alguna que otra mirada a Ramón. Ya en la cama me costó conciliar el sueño, extrañaba mi habitación y no me quedaba dormido en esa cama que me resultaba extraña. Después de pasarme un par de horas dando vueltas sin lograr dormir, me levante para tomar un poco de agua e ir al baño. Al pasar por el cuarto de mi hermana unos gemidos atraparon mi atención, de repente mi mente empezó a imaginar a Ramón desnudo mientras penetraba a mi hermana sobre la cama y me acerque con sigilo a la puerta. Pegue mi oreja a la puerta y escuche con mayor claridad los gemidos de mi hermana:

– Ah, si dale, sigue aaaahhh, dame más duro – susurraba Sara con pasión.

– Si ah asi, coge todo mi rabo – gemía Ramón desaforado

– Damela ya Ramón, dame toda tu leche – casi gritaba Sara.

– Todavía no amor, dejame meterla por atrás – pedía Ramón mientras yo me empalmaba solo de escucharlo.

– No Ramón por ahí ya te dicho que no, que me duele. Ah, sigue por ahí – escuche responder a mi hermana.

En ese momento determine alejarme y seguir rumbo a la cocina, no podía seguir escuchando e imaginando lo que pasaba detrás de esa puerta. Al llegar a la cocina la erección en mi pene era evidente, en mi boxer se marcaba mi polla de 16 cm con un grosor considerable. Tratando de calmarme tomé un vaso y me serví un poco de agua. Luego de cinco minutos determine dirigirme al baño antes de volver a mi cuarto, aunque me preguntaba como podría orinar con el empalme que llevaba. Justo cuando salía del baño se abrió la puerta del cuarto de mi hermana, la imagen que percibí a continuación me dejo muerto.

En ese momento salía Ramón completamente desnudo, tal y como había llegado a este mundo. Ahí delante de mí percibi su pecho trabajado e hinchado, sus abdominales se marcaban en su esculpido abdomen con cada respiración, sus piernas gruesas y robustas con unos vellos apenas perceptibles, y lo mejor de todo entre esas piernas se balanceaba una polla de unos 14 cm en reposo. Ese pedazo de verga fue lo que más llamo mi atención, aún en reposo se veía grande y gruesa con un brillo especial que seguro se debía a la mezcla de fluidos que habían dejado su rastro luego de la sesión de sexo que acaba de tener. Pocos segundos tuve esa verga a mi vista, rápidamente Ramón intento, con un poco de trabajo, ocultarla entre sus manos:

– Coño cuñadito, disculpa es que pense que estarías durmiendo – me dijo Ramón mientras mantenía sus manos sobre su pene.

– Yo eh… Si lo siento es que salí un monento al baño – dije yo intentando levantar mi vista dr la entrepierna de Ramón para mirarlo a los ojos.

– Jajaja no pasa nada, siento haber salido así pero uno se acostumbra en su casa a salir así. Trataré que no vuelva a pasar – me dijo sonriendo.

– No pasa nada – respondí mientras pensaba que por mí no se cortará, que podía andar desnudo el día entero.

– Veo que la ducha de está mañana no fue suficiente – dijo de pronto.

En ese momento me percaté que en mi boxer se seguia marcando mi polla totalmente erecta ante la presencia de ese macho:

– Si jajaja – solo atiné a decir avergonzado ante el descubrimiento de Ramón.

– Para bajar eso necesitas follar con una buena hembra, eh – refirió Ramón.

– No sé, la verdad yo nunca he… – en ese momento me detuve al percatarme de lo que estaba a punto de confesarle al marido de mi hermana – Ahh, Ramón me voy a mi cuarto – le dije y sali corriendo de allí antes de decir algo de lo que me pudiera arrepentir.

Al llegar a mi cuarto cerre la puerta y me metí en la cama. La adrenalina recorría mi cuerpo despues del encuentro que acaba de tener con un muy desnudo Ramón al que casi le confesé que seguia siendo virgen. Mi verga seguía dura como un palo pero mis nervios no me permitían ni tan siquiera tocarme; no se cuanto tiempo estuve pensando en lo que acababa de pasar hasta que me quede dormido. A la mañana siguiente me levante cerca de las 8 de la mañana, se me hacía tarde para el colegio así que rápido me vestí y corriendo sali por la puerta de la casa sin desayunar ni toparme con nadie en la casa, lo cual agradecí profundamente. En la escuela ni me puede concentrar en las clases, mi mente solo intentaba procesar lo que había vivido la noche anterior, y la imagen de Ramón desnudo distraía todos mis sentidos.

Al terminar en la escuela encamine mis pasos hacia la casa de mis padres, esta vez con el objetivo de refugiarme con mis sentimientos y alejarme del lugar donde debería enfrentar la nayor tentación que había encontrado en mis 18 años de vida. No estaba preparado para enfrentarme a Ramón, ni siquiera con su ropa puesta, me sentía incapaz de tolerar su presencia y presentía que frente a él me derrumbaría de manera inmediata. Cerca de las 8 de la noche me decidí a salir hacia el apartamento de mi hermana. Al llegar me tome unos minutos para tranquilizarme antes de tomar la llave y abrir la puerta. Al entrar no había nadie a plena vista y respiré aliviado, pero esa tranquilidad ni suro mucho. Ramón salio de su cuarto al escuchar la puerta de la entrada:

– Hombre Alex, si que te demoraste en llegar hoy – me dijo mi cuñado.

– Si, es que pase por casa de mis papás y se me fue el tiempo en la piscina.

– Bueno no pasa nada. Si quieres pedimos unas pizzas para cenar los dos – me dijo de pronto.

– ¿Los dos? ¿Y Sara? – pregunte un poco inquieto.

– Ah, ¿no te dijo? Sara esta de guardia en el hospital esta noche. Hoy seremos solo tu y yo en casa.

De ante mano saludo a cualquiera que haya llegado hasta aqui. Este es mi primer relato así que me queda mucho por aprender pero espero que lo disfruten aunque sea un poco. Se acepta cualquier sugerencia y también las criticas, ya sean constructivas o destructivas, al fin y al cabo de todo se aprende.