El día que me masturbe frente a mi abuelo

Viernes, maldita sea odio estar los viernes en la noche en casa, bien podría estar teniendo un alocado sexo con algún desconocido, pero sin embargo estoy aquí en el cuarto de mi abuelo viéndolo dormir y todo por la culpa de mi madre a quien se le ocurrió tener un día libre del cuidado de su progenitor. Bufo para mis adentros ya que no quiero que mi abuelo se despierte.

No soy mala yo en verdad trato bien a las personas, pero mi abuelo nunca estuvo en mi infancia, es más prácticamente lo acabo de conocer hace 6 meses y todo porque le dio un infarto y su esposa, bueno ahora su ex esposa no lo quiso cuidar cuando lo declararon inservible para el trabajo. La verdad era de esperarse ya es una persona muy mayor, o sea 75 años ya son muchos, no sé ni cómo le hacía para mantener a su “mujer” contenta porque es mucho menor que él, pero con dinero todo se puede.

Pensar en cómo mantendría contenta y satisfecha a su ex mujer me hace imaginar a mi abuelo tomando pastillas azules para tener una erección. La verdad puedo imaginar a la pobre mujer haciendo todo el trabajo, cabalgando como toda una vaquera el pene de mi abuelo, el por su parte amasando los grandes pechos que tiene y tocando con su dedo pulgar el clítoris de su amante para darle placer y motivarla para que siga aumentando el ritmo de sus caderas.

–Oh joder– murmuro y adentro mi mano derecha a mis bragas tocando levemente mi vulva para darme cuenta que me he mojado –dios no puedo excitarme con esto y… – volteo a ver a mi abuelo que sigue plácidamente dormido.

Bueno que importa si me toco enfrente de él no creo que se dé cuenta, esta súpito.

Me levante del amplio sillón que se encuentra en su habitación y baje lentamente mis shorts de pijama junto con mis bragas de encaje negro, lo hice lentamente mirando fijamente a mi abuelo, dándole un espectáculo que por desgracia no pudo ver. Me recuesto en el sillón con las piernas bien abiertas y ligeramente levantadas, toda la vista hacia mi coño húmedo está dirigida a mi abuelo. Quito mi blusa y mi sostén para dejar libre mis redondos senos y empiezo a masajearlos lentamente con toda mi mano, apretándolos y amasándolos con ímpetu. Pellizco mis pezones sonrosados que están mirando al cielo de tan duros que están y siento como mi vagina empieza a secretar jugos para facilitar la entrada de mis dedos.

Sin poder seguir aguantando más la excitación que me da la atención a mis tetas y el morbo que tengo por estar desnuda enfrente de mi abuelo, bajo mi mano derecha por mi abdomen dando leves caricias y acercándola peligrosamente a mi centro de placer. Primero paso mi palma por toda mi vulva sintiendo lo mojada que me encuentro.

–Mmm– gimo cuando subo mis dedos hasta mi botón nervioso.

Mis dedos se mueven solos como por arte de magia, provocando que mi mano libre pellizque mi teta izquierda arqueando mi espalda por tan rica sensación. Deslizo mis dedos hasta la entrada chorreante de mi coño y adentro mis dedos medio y anular tocando mi punto G y formulando un mete y saca tortuoso que me hace gemir sin importar que mi abuelo este en la misma habitación, al contrario eso me motiva a seguir mi faena de placer.

Un carraspeo me hace abrir los ojos que hasta este momento no me había percatado que tenía cerrados. Al dirigir mi mirada al lugar donde provino aquel sonido me encuentro con los ojos de mi abuelo, que me miran de una manera diferente. Un escalofrió me recorre toda la espina dorsal y sin poder evitarlo le sonrió y sigo con mis movimientos de mete y saca en mi vagina.

Al ver mi abuelo que sigo tocándome se le forma una sonrisa lasciva que me ínsita a aumentar el ritmo de mis embestidas, mi mano sigue torturando mis pezones pero ahora el del seno derecho, lo aprisiono con mi dedo índice y pulgar tan fuerte que suelto un pequeño gritito por el placer y dolor que me cause. Sin poder remediarlo obtengo mi orgasmo mirando directamente a los ojos de mi abuelo quien tiene la frente arrugada y su respiración agitada.

Saco mis dedos y hago palanca para tomar mis jugos y poder llevármelos a la boca, los chupo con fervor, los dirijo de nuevo a mi coño y los saco de nuevo empapados de mi corrida, pero esta vez me levanto y voy hacia mi abuelo quien tiene carita de perrito hambriento, sin pensar más de dos veces le acercó mis dedos a su boca que gustoso abre y chupa mis jugos ganándose un jadeo de mi parte. Nos miramos a los ojos unos segundos mientras mis dedos siguen en su boca.

–Shh no le digas a nadie abu, no quiero que mis padres me regañen– le digo de manera inocente.

–-No te preocupes Sarita yo mantendré tu secreto si sigues haciéndolo en mi vista–

Una sonrisa se forma en mis labios y asiento con mi cabeza, para después acostarme a su lado completamente desnuda y con las piernas abiertas, para seguir dándole el mejor espectáculo a mi abuelo ya que me encontraba excitada de nuevo.