¿Me quieres tocar la polla?

Era poco más de las 22h, Bruno y yo salimos de casa para encontrarnos con sus amigos, no estaban muy lejos de mi casa, a unos 20 minutos andando. Por el camino no mencionamos nada de lo ocurrido en casa: nada sobre mi cuenta de Grindr, sobre mi novio, o sobre cómo Bruno me había limpiado el rabo hacía sólo unos minutos.

Andábamos tranquilos por las calles de Madrid, unas calles muy animadas a esas horas. Íbamos haciendo bromas entre nosotros y yo me sentía feliz por estar con Bruno allí, aunque, también en parte, me sentía feliz por las copas que llevaba encima y por el calentón del baño.

Bruno me estuvo hablando sobre los amigos que me iba a presentar:

Francisco era uno de sus mejores amigos, era de México y llevaba unos pocos años viviendo en Madrid. Se apuntaba a toda fiesta en la que hubiese alcohol, era muy “fresa”, pero también muy divertido.

Óscar era un compañero de su trabajo. Llegó a Madrid hacía un par de años de Asturias. Era más formal y tranquilo, pero con un par de copas, se desinhibía totalmente.

Pedro era el novio de Óscar desde hacía unos meses. Era el más jovencito pero también el más loca. No se perdía una y le encantaba ser el centro de atención.

Cuando Bruno y yo entramos en el bar, me señaló la mesa en la que estaban. Reconocí a cada uno enseguida. Primero me saludo Francisco, moreno, con rasgos marcados y un cuerpo lo suficientemente grande como poder coger bien por todos lados, guapo y con unos labios gruesos…menuda cara de pasiva viciosa, ¡las mamadas que sería capaz de hacer con esa boquita! Me gusta. Pedro tenía cara y cuerpo aniñado, era muy mono pero me sorprendió más su novio, Óscar. Óscar era un chico atractivo, masculino, de pose tranquila. A primera vista parecía que Óscar y Pedro no pegaban nada como pareja, pero si pensabas en cómo podría ser el el sexo entre ellos…te puedes imaginar perfectamente a Pedro siendo la putilla sumisa de Óscar, fijo que Óscar sabe cómo llevarlo para que haga todo lo que él quiere ¡Qué envidia!

Estuvimos en ese bar tomando juntos por un par de horas. Me integré enseguida con ellos, Francisco era muy parecido a Bruno en cuanto a carácter, enseguida empezaron las bromas sexuales y los relatos de todas sus últimas citas:

-Francisco: El jueves pasado quedé con un tío, estuvimos cenando por la latina y, a nuestro lado, había una pareja. El tío le estaba metiendo la mano por los pantalones a la chica, nada disimulado, todo súper descarado. Hasta el camarero se dio cuenta. Así estuvieron un rato hasta que se marcharon. La verdad es que a mí me dio un poco el calentón y le pregunté al chico con el que había quedado si eso le molaba, pero me dijo que no.

-Pedro: ¿Le habrías hecho una paja allí mismo?

-Francisco: No sé, puede. Un pollazo en la cara es lo que me habría tenido que dar el tío debajo de la mesa.

Todos nos reímos

-Francisco: (mirándome) ¿a ti te va eso? a Bruno ya se que sí y estos dos ya son pareja tradicional.

-Yo: Me pone mucho sacármela en público, pero a la hora de la verdad…en un sitio tan concurrido me corto un poco. Prefiero algo más retirado.

-Francisco: ¿Un sitio retirado como cual?

-Yo: En los baños supongo, aunque soy más de despelotarme en la playa, el campo…

-Bruno: ¿Ves como hay que ir a la playa Francisco?

Francisco me sonrió, ya había notado sus miraditas. Yo también le había estado mirando, sobre todo cuando se levantó para ir a la barra, me giré enseguida cuando se alejaba, tenía que ver cómo era ese culito y no me decepcionó. Francisco tenía un culo bien grande, se marcaban unas buenas nalgas en ese pantalón tan ajustado, esas costuras no iban a aguantar mucho más. “Mira qué culito se me está quedando, me petarías ahora mismo contra la pared”, las palabras de Bruno en la habitación del hostal me vinieron a la cabeza. El culo de Bruno no era tan grande como el de Francisco, pero sí era más duro y firme, o eso parecía. Alguna excusa tendría que buscar para comprobar el tacto de ambos culos.

Al rato, Óscar y Pedro dijeron que debían marcharse. Francisco, Bruno y yo teníamos que decidir también qué hacer, ya iban a cerrar el bar.

-Yo: ¿Os apetece salir de fiesta o nos vamos a otro bar?

-Francisco: De fiesta no porque no me puedo quedar hasta muy tarde, sería entrar y salir. Vamos a tomar otra.

-Bruno: (mirándome sonriendo) ¿Por qué no nos tomamos las últimas en tu casa?

-Yo: Por mí bien, pillamos algo de beber por el camino y vamos.

Los 3 íbamos de lado a lado camino a mi casa, haciendo bromas y notando como tanto Bruno como Francisco aprovechaban cualquier excusa para abrazarme y agarrarse a mi brazo. La falta de fiesta durante este el último año en el que había empezado mi relación con Aleix, había hecho que me centrara más en el gimnasio. Mis brazos se notaban grandes y fuertes y me gustaba lucirlos; también me gustaba centrarme en mi abdomen, mantener un abdomen liso y fuerte se había convertido en una obsesión y aprovechaba cualquier momento para subirme un poco la camisa.

Ya en casa, se sentaron los dos en el sofá mientras yo servía las copas.

-Bruno: (a Francisco) Mira qué buen partido es! guapo, sin compañeros de piso y encima tan atento que nos sirve las bebidas.

-Francisco: Sí, ya veo. Además que ya he notado que le da al gimnasio.

-Yo: Sí, me mola el gimnasio la verdad. Pero bueno, como a Bruno, lo que pasa es que él se centra mucho más en los ejercicios de culo que en el resto del cuerpo haha.

-Bruno: Por supuesto, este culo necesita mucho trabajo.

Bruno se levanta, se pone en poma y se mete un azote en el culo mientras se ríe.

-Francisco: Perdona, pero si hablamos de culo, mira lo que es un buen culo.

Francisco se levanta y repite la misma escena que Bruno.

-Bruno: A ti te falta fortalecerlo Francisco.

Mientras Bruno dice eso, le agarra el culo a Francisco y lo aprieta bien.

-Bruno: Mira, mira, agarra bien mi culo y verás.

Ambos empiezan a tocarse el culo y a comparárselo. Yo observo la escena y mi polla empieza a moverse.

-Bruno: (dirigiéndose a mí) ¿Tú qué opinas? ¿Quien tiene mejor culo?

-Yo: A ver, a simple vista los dos llaman mucho la atención. Hay que probarlos para saberlo.

-Francisco: Tócalos entonces a ver

-Bruno: Sí, pero no vale decir que te gustan los dos, debes elegir uno.

Me acerco a ellos. Toco primero el de Bruno, no es la primera vez que lo toco desde que llegué a Madrid, hace un par de días lo tenía pegado a mi bulto. Bruno tiene un culo duro, me flipa. Se lo toco sólo un poco, apretando bien. Luego me acerco a Francisco, le agarro el culo, tiene más donde agarrar y es más blandito. Me flipa también su culo, tanto que no puedo evitar deslizar el dedo gordo de mi mano hacia su agujero y presionar.

-Bruno: ¿Y bien? ¿Qué opinas?

-Yo: Ya he dicho que ambos llaman la atención, cualquiera fliparía con ellos. Yo me quedaría con los dos, pero si debo elegir uno…creo que me quedo con el de Bruno.

-Francisco: (molesto) ¡qué fuerte! ¿y el tuyo qué?

-Yo: haha, el mío es normalito, no tengo mucho culo. Yo utilizo otras “armas” para ligar.

Francisco y Bruno, se ríen, no entiendo muy bien por qué

-Francisco: ya lo vemos ya.

No me había fijado, pero mi bulto es más que envidente. La situación y tener a esos dos culos en pompa delante de mí, han hecho que mi rabo se ponga muy duro, se marca perfectamente en el pantalón, ladeado hacia la derecha. Ellos se han dado cuenta y no apartan la mirada.

-Bruno: Ahora nos dejas tocar a nosotros, ¿no?

-Yo: ¿Queréis tocarme el rabo?

Los dos se ríen, están de broma, pero yo ya estoy totalmente lanzado. Es el alcohol, la situación y el morbo, voy a por todas.

-Yo: Venga chulitos, atreveros.

Me desabrocho el pantalón y de un tirón me lo bajo junto a mis boxers. Mi rabo sale disparado, un tronco recto de carne apuntando directamente hacía ellos.

Los dos se quedan sorprendidos por mi reacción, veo en el rostro de ambos la confusión, pero también veo cómo se les hace la boca agua al ver tremenda polla a poca distancia de sus caras.

Empiezo a reírme, ellos me miran más confusos todavía.

-Yo: haha, a partir de ahora ya se qué hacer para dejaros sin palabras. Bueno venga, unas copitas más.

Ambos se rieron haciendo bromas sobre lo que yo acababa de hacer. Estuvimos un rato más los tres en mi casa y luego se marcharon. Ya sabía que no iba a pasar nada entre los tres cuando me la saqué, sólo quería que vieran mi rabo igual que ellos lucían sus culos. No obstante, el anzuelo ya estaba lanzado, y por las whatsapp que ambos me enviaron cuando llegaron a sus casas, sabia que habían picado.