Mi hija es una verdadera perra en la cama

Somos una familia muy sociable, vivimos en un pueblo rural, donde es muy frecuente que los fines de semana nos reunamos en familia a disfrutar y departir.
En estos días de encierro familiar, después del almuerzo y cuando los hombres se iban a jugar cartas o ver un partido de fútbol, y nos quedábamos solo las mujeres tomándonos un traguito, mis hermanas y mis primas empezaban a contar sus intimidades. Se les soltaba la lengua, y las conversaciones se volvieron pasadas de tono.

Una prima de nosotras, había empezado a contar historias muy calientes, todas las que nos quedábamos en esa tertulia estábamos entre los 35 a 55 años de edad, mujeres maduras experimentadas y que ya habíamos pasado por los inicios de una vida sexual, y teníamos la tranquilidad y la libertad para disfrutar de cosas más allá que el solo matrimonio, o noviazgos de tipos celosos y controladores, más bien nos gusta gozar la vida y tener libertad.
Mi prima, que a la vez era mi re comadre, estaba por encima del bien y del mal. Se había casado muy joven con un señor que le doblaba la edad, y si bien inicialmente lo quiso mucho, el no dejaba de portarse mal, de humillarla con su dinero y sexualmente no le complacía. De tal forma que mi comadre quien vivía en la capital, regresaba el pueblo de vez en cuando, a gozar la vida rural; ya había tenido reencuentros con sus novios de la juventud, yo le cubrí la espalda más de una vez para que ella pudiera disfrutar sus necesidades sexuales, esos deseos reprimidas.

Mi comadre no tenia mejor cuerpo ni estaba más buena que yo, si bien era tetona y tenía un gran culo, no podía compararse con la hembra que yo era. Pero mi comadre tenía lo suyo, y sabía vestirse muy bien para declararse insinuante. Ella tenía dos novios aquí en el pueblo, a quienes complacía frecuentemente. Uno de ellos era compañero del colegio, y el tipo que le había desvirgado, él había sido su primer amor y guardaba un espacio importante en su corazón. El otro amigo de mi comadre, lo había conocido relativamente hace poco, era un hombre casado pero que hacía el sexo muy bien y le sacaba muy buenos polvos según nos contaba.

Escuchabamos y nos reíamos de las andanzas de mi comadre, estábamos reunidas seis mujeres, todas con las características de mi familia que son mujeres muy dotadas, curvilíneas, sobretodo piernas y con un muy buen trasero. La última aventura de mi comadre nos hizo llenar la cara de placer cuando nos contó que se había conseguido un nuevo amante en la capital, y había estado con él; se lo había disfrutado antes de venirse para el pueblo, y en el terminal del pueblo cuando la recogieron del bus, estaba esperandola uno de sus novios, inmediatamente se fue con el y lo disfruto, la complació nuevamente. Nos contaba con detalles de cómo mientras bajaba de la capital hasta el pueblo, sentía la leche del novio de Bogota como bajaba por en medio de esas piernas, saliendo de su chocha, la leche escurría de la vagina y manchaba los cucos de semen. Tenía esa entrada vaginal pegajosa de líquido lechoso, ella quería llegar a asearse, porque sabía que le iban a recibir con más verga, pero era tanto el afan del novio que la recogió en el terminal del pueblo que se la llevó inmediatamente a un apartamento donde estuvieron en esa intimidad “urgente”; nos contó como el tipo no se aguantó y casi no la deja ir al baño, mi comadre fue solo a hacer pis, se dejó los miados porque el novio no la dejó bañarse la Cuquita; es que el tipo era un arrecho y gustaba de las cochinadas que le salían a mi comadre, de tal forma que le rogó para que lo dejara bajar a la entrepierna a gozarse directamente el olor de su sexo recién llegado, sucio por el trajín que había tenido.
Con mucho detalle nos iba contando cómo le pego una mamada en el chocho apenas llegó de la capital, y nos tenía a nosotras concentradas y muy excitadas, a mi en particular porque también me había pasado lo mismo. Mi comadre estaba muy pasadita de copas y no le importó detallarnos como era la lengua de su novio, una lengua larga humedad roja y caliente que puso a disposición del sexo oral de ella. Nos contó cómo se abrió de piernas y como salía de esa vagina el moco caliente de la arrechera que tenía, pero también leche le bajaba, leche del semen de su novio capitalino, que el otro estaba chupando y gozando. Con esa arrechera de los dos, él no demoró mucho en quitarse todo y en encumbrar la gran verga que tenía y que era el motivo por el cual mi comadre gozaba tanto con este nuevo novio, Nos contó cómo se le subió y no se demoró mucho después de la mamada en hundírselo completamente y dejarle otro reguero de leche, en menos de dos horas ya se había llenado de leche dos machos.

Me gustó mucho ese relato, que nos contara esa historia y yo también me fui poniendo muy contenta y caliente. Tenía muchas ganas de culiar, quería tener también dos machos subiéndose, montándose en mi chocha, y llenándome de leche. No me aguantaba, estaba arrecha y tenia que tocarme la chocha en ese momento, meterme al baño. Estar a solas e introducirme los dedos para quitarme la calentura que me habían producido los relatos de la comadre.
Disfrutábamos la conversación y en ese momento llegaron los hombres, y se sentaron cerca de nosotras a tomar cerveza, lo cual hizo que se acabará la tertulia sexual y empezamos a hablar de otros temas de mujeres. Sin embargo yo no quería quedarme así, quería desbravar las ganas que tenía, así sea metiéndome el dedo y me fui a buscar en la hacienda un espacio para estar a solas y hasta a poder llamar a escondidas por mi teléfono a mi amigo íntimo y poder disfrutar los dos de un bello sexo virtual.

Me fui calladita sin despedirme de nadie, a buscar una habitación desocupada y sola, esas habitaciones estaban en el segundo piso de la casa, al llegar al fondo de las habitaciones, me estaba metiendo en una de ellas cuando pude sentir que habían personas dentro de la habitación. Inicialmente traté de irme de allí, pero escuché palabras que no pueden ser más que de sexo , Por lo que mi curiosidad no me dejó ni entrar ni salir y me quedé inmovil en el zaguancito de la entrada, escuchando a una pareja teniendo, lo que parecía un muy buen sexo dentro del cuarto.

Estaban gozando de lo lindo, se les oía diciéndose uno al otro morbosidades, yo creo que me sintieron, y a pesar de la arrechera que tenían, los dos se tranquilizaron y se calmaron un momento, pero luego se confiaron y siguieron dándose sexo; un sexo intenso y húmedo, porque sonaba a charco cuando le metía lo que parecía ser una gran verga. No pensé en ese momento quienes podrían ser, porque mi calentura también era grande.
Con esa arrechera que me habia dejado mi comadre, y con los sonidos que salían de esa habitación, empecé a acariciarme el chocho mientras los oia culiando. Que delicia de paja me iba a hacer, ufffff..!!!

Me levante la falda y me baje los cuquitos, unos calzones diminutos que yo uso; los liberé para que no estorben y para poderme dar dedo tranquilamente, mientras aprovechaba y escuchaba los sonidos, sudores y hasta sentía el olor a calentura y sexo de esa pareja, una pareja de mi propia familia.
Deseaba calmar mi arrechera, no quería saberlo, pero imaginaba quienes eran los dos que estaban haciéndose al amor desenfrenado. No quería dañarme mi masturbada al reconocer el tono de voz de esos dos teniendo sexo.

Se oía espectacular y se sentía delicioso como él le metía la verga, en esa chocha húmeda que se dejaba hacer. Podía oír los chupones de su boca en lo que debían ser unas tetas dispuestas a dejarse mamar, se oían chupadas firmes. Luego le pidió que ella se le pusiera en cuatro, empinando el culo y pude sentir como le dirigió la verga desde atrás y se le subió como animal en celo, diciéndole mientras se la cogia que lo moviera, que le bailara con el culo, porque para eso era “su perra”. Mientras ellos gozaban, yo también gozaba a mi manera dándome dedo con una mano, y con la otra cogiéndome las puntas de los pezones mientras me daban corrientazos que yo gozaba intensamente.

Me impresionó descubrir, de quienes eran las voces. Me dio sentimiento de culpa saberlo, pero eran más las ganas que me poseían, porque descubrí en medio de mi arrechera, que se estaban culiando a mi hija, ella y mi sobrino, eran los únicos fuera de la sala de tertulia y por descarte, eran la pareja de culiones aprovechándose de la situación.

A pesar de mi asombro, lo que sentí en ese momento fue algo que no esperaba. Antes que inhibirme por lo que me parecía algo prohibido e incestuoso, y descubrir que a mi hija la gozaban como una perra, lo que hice fue sentirme más arrecha todavía al vivir la intimidad de una familiar tan cercana putiando de lo lindo y gozando como loca. La otra, la voz del macho que se la estaba culiando, definitivamente era la de mi sobrino. El era un muchacho joven y no le conocía esos alcances, más bien era reservado y callado. Muy bien plantado y apuesto eso si, grandote y musculoso, y por lo tanto me imagino que bien dotado; pero el muchacho tímido que conocíamos, parecía otra persona cuando se lo estaba haciendo a su prima, a mi hija. Se expresaba como todo un actor porno. Retumbaba su voz con las cochinadas que le decía al oído mientras le daba verga, y ella feliz, llena de excitación y al borde del orgasmo.

Fue tanta la gozadera de esos dos, que no pude contener mas mi propio orgasmo. Fue delicioso, nos derrámanos los tres, cuando sentí como ellos se llegaban al clímax, como se venían de lo lindo. y es que se oyó como encharcaban el colchón, mi hija al parecer es un torrente de placer y le habrá salido una gran chorro de semen vaginal, porque se oyó la sábana mojada, y el movimiento era como de caminar sobre un charco juego de que ella con gemidos exploto de emoción sexual.

Él se vino en el momento en que sintió que ella llegaba a su orgasmo chillando como una perra, con chillidos corticos, como apagados para que no se los escucharán en el resto de la casa. Cuando ella llegaba a su climax, el también se derramó y mientras lo hacia le dijo “prima te lo mando adentro, eres mi gran puta, y no me importa si te preño..!!! Tomalaaaaa Primita, TOMALAAaaaaa..!!!”

Yo no me aguanté más, y al oír como se la comían, como derramaban leche en mi hija; me metí casi toda mi mano en la vagina y me saqué un tremendo orgasmo, un superorgasmo con el dedo, con los nudillos, con la muñeca entera y pellizcándome muy duro los pezones. Me saque un pajazo espectacular que tenía guardado desde hace muchos días, no me importó que con ese éxtasis bajara por mis piernas el líquido viscoso que me sale del chocho al derramarme y dejar un mojado en la entrada de la habitación. Casi me desmayo del placer, de los corrientazos que me recorrían las entrañas. Como pude me limpié con mis calzones la humedad que tenía mi vagina y seque el líquido de mis piernas, apoyandome en la pared para poder recuperar mi aliento.
Los tres quedamos contentos, los tres satisfechos y me salí de allí, a la búsqueda de un cafecito que tomar. Un poco asombrada de haber descubierto la sexualidad de mi hija y el machote que podía llegar a ser mi sobrino. Tal vez quisiera probarlo yo también, y averiguar si con las maduras se porta tan salvaje como parece. Pero eso es otra historia que ya les relataré.