Una hermosa zorra con 5 chicos universitarios

Nunca había vivido en un piso compartido, ya que, aun teniendo veinticinco años, aquel era mi primer año en la facultad. Decidí hacer la carrera universitaria después de trabajar tres años. Vi muchos anuncios de habitaciones en pisos compartidos pero lo que yo podía permitirme con lo ahorrado después de ayudar económicamente a mis padres no daba para los precios que había, pero vi un anuncio en el que era mucho más barato el precio. Llamé al teléfono y me dijeron que eran cinco chichos en un piso muy grande. Dije que no, pero seguí buscando y no encontré nada que me pudiera permitir. Volví a llamar y pasé a ver el piso.

Estaban los cinco chicos en el piso, todos de entre veintiuno y veintitrés año, dos o tres años más jóvenes que yo. Al verme ellos entrar y ver mi cabellera larga color castaño, que me llegaba al culo, y mi blusa ajustada y la minifalda corta a cuadros que yo llevaba, se ruborizaron y movieron sus manos y brazos con gestos de timidez. (Prueba superada, yo fui al piso como soy, ¡sensual y bella!, para ver sus reacciones, que no fueron de «gavilanes»). Mi habitación era la más pequeña del piso y el resto del piso se veía limpio y la cocina y el baño eran aceptables; así que les dije que me la quedaba y le pagué a Luis la primera mensualidad. Me dijo Luis:

-Rosa, que sepas que aunque seamos cinco chichos somos formales y estudiamos mucho, salimos poco de fiesta y con lo del virus menos todavía.

-Gracias Luis, la verdad es que se os ve buenos chicos.

Llamé a mis padres y se lo conté, ellos vinieron desde el pueblo con mis cosas y para conocer a mis cinco compis. Yo me había venido del pueblo con lo justo, a un hostal, para hacer los papeles en la uní y buscar piso. A mis padres les gustaron los chicos, los veían formales; pero mi padre me dijo que en cuanto pudiera buscar un piso de chicas.

Las clases empezaron y mi facultad empezó a dar las clases por internet, excepto las prácticas, los chicos también. Los cinco se desvivían por complacerme, mi culazo y mi cintura y mi sonrisa los tenían enamorados de mí, de un modo platónico. Cada vez que yo me vestía de un modo erótico o me paseaba por el piso con solo mi camiseta corta de algodón, veía sus miradas de deseo contenido. Esa contención desaparecía en sus habitaciones cada noche, porque cuchaba sus somieres rechinar por las noches, ¡a veces las camas de varios de ellos a la vez!, la barbaridad de pajas que se hacían pensando en mí.

Antes de ir a la ciudad vivía en mi pueblo, un pueblo pequeño, con solo tres amigas de mi edad, muy puritana ellas. Tuve un novio en el pueblo que siempre descargaba sobre mi rostro después de penetrarme, sus pegotes sobre mis ojos me parecieron ordinarieces después de varios meses descargando su semen sobre mi cara y le dije, que esa había sido última corrida en mi cara, que desde ese día se corriera en mi coño, dentro del preservativo. Pero aquel novio me dejo y se casó con una prima mía, la cual no hace mucho me dijo que él se corre en su cara y ella se traga su leche. Cuando me lo conto, extrañamente, entonces, sentí celos de ella, yo que le había negado a él eso por parecerme algo ordinario.

Después de un mes en el piso de universitarios tuvimos que hacernos una prueba del virus, los chicos y yo, ya que habíamos estado en contacto con unas chicas que dieron positivo. Los resultados fueron negativos y me alegré mucho.

Desde hace un mes me sentí cada vez más excitada, ya que no soy capaz de masturbarme en el piso en el que vivo con los chicos: Es que cuando me corro gritó y además me corro en espasmos que pueden durar más de diez minutos mientras mantengo mi «juguetito» dentro de mi grieta íntima. Los chicos casi siempre están en el piso, si no todos a la vez, rara vez me quedo sola y cuando quedo sola, puede llegar alguno de pronto. Es verdad que son muy formales y van poco de fiesta y nunca he visto a ninguno bebido de más. Después de más de un mes sin derramar los fluidos de mi grieta última y escuchando cada noche los somieres de las camas de los cinco chicos, agitándose mientras ellos sostienen en sus manos sus miembros duros y se los restriegan hasta derramar sus leches, me siento muy excitada. Esa visión en mi mente de cinco penes duros derramándose pensando en mí, ha conseguido que este tan erotizada que siento como un placer, ¡hasta el roce de mis braguitas!

También comencé a recordar con agrado el pene grande y duro de mi ex novio descargando como artillería carnal su semen sobre mi rostro, y aquel sabor tan peculiar cuando recogía su semen de mi rostro y me lo tragaba (eso solo lo hace al principio). Mi excitación iba en aumento, necesitaba que me vieran desnuda los cinco compañeros de piso, que vieran mi cintura delgada y los hoyuelos en mis cachetes,( tengo un culazo impresionante), no es gigante pero es rotundo. Me hago fotos en el espejo y me gustó a mí misma.

Un día salí del baño cuando escuché que estaban todos en el salón; me envolví en la manta de baño y la pillé entre mis pechos, pero no apreté la tela tan fuerte como otras veces. La toalla me llegaba a medio muslo por abajo, ellos me miraban al pasar con cara de niños ilusionados, ¡pobres universitarios!, jajaj. Al salir del baño y, mientras me miraban, tropecé con el filo del mueble del salón, adrede, enganchando la toalla con el tirador prominente de una alacena del mueble, dicho tirador «agarró la manta de baño», y al seguir yo andando, se desató el doblez y la manta de baño quedó en el suelo y yo desnuda frente a los cinco chicos. No dijeron nada, pero pudieron ver mi gran coño, porque tengo un chochito de estos que son bonitos y grandes. También pudieron ver mis labios íntimos siempre asomando rosados, y mi vello púbico eliminado con láser a excepción de una línea central de pleitos rizados largos. Mis pechos generosos muy firmes y de pezones duros y abultados rebotaron en el aire ante las miradas de los cinco universitarios al caérseme la toalla. Tardé unos segundos en tapar mi chochito con una mano, adrede también, y cuando lo hice, me giré en redondo para recoger la toalla detrás de mí y, al hacerlo, les di la espalda a los cinco. Me agaché a coger la toalla y les puse mi culazo en pompa frente a sus rostros, y mi pedazo de coño asomándoseme por detrás. Demetrio no pudo evitar decir algo:

-Rosa, que barbaridad, eres preciosa, y perdona que no haya desviado la mirada.

-Gracias Demetrio, ha sido un accidente.

Me puse la toalla alrededor de mi cintura dejando mis pechos brincando en el aire y mis pezones duros desafiando a los cinco. Aquella noche el sonido de sus camas parecía el sonido de tiendas de campaña sacudidas por un temporal. No pude evitar meterme mi «juguete” en la grieta, pero solo unos segundos, ¡no pensaba gritar y que me escucharan ellos!

Al día siguiente la tensión se palpaba en el ambiente, la minifalda corta de cuadros rojos que yo llevaba puesta tampoco ayudaba, pero necesitaba exhibirme ante mis cinco chicos. Hubo más de una discusión entre ellos, muy amables conmigo, aunque nerviosos. Les dije lo siguiente mientras tomábamos café por la tarde:

-Chicos, esto no va bien. Voy a buscar un piso de chicas aunque valga más caro, porque creo que aquí estoy de más.

Pedro miró a los otros y me dijo con la voz exaltada:

-Rosa, ¡cómo te vas a ir!, eres nuestra estrella, nuestra inspiración para estudiar. Que sepas que hemos hablado entre nosotros y tú belleza y tú simpatía nos llena el corazón a los cinco, ¿cómo nos vas a dejar?

-Chicos, no sé qué decir, pero al veros discutir, sé que aunque os lleváis bien entre vosotros, la tensión viene de la competición a ver quién me puede tener.

Sebastián tomó la palabra y dijo:

-Creo que tienes razón Rosa, en lo de las discusiones, intentaremos llevarnos bien, ¿tu sientes algo por alguno de los cinco?

-Por los cinco, me gustáis los cinco, os quiero a los cinco, me siento feliz con vosotros. Sabéis, en mi pueblo un hombre vive con su mujer y con las dos hermanas solteras de su mujer, las tres tienen más de treinta años y todo el pueblo sabe que les tapona la grieta a las tres.

Luis se incorporó del sofá y dijo casi emocionado:

-Rosa, ¿quieres decir lo que creemos que quieres decir?, que podrías, tu sabes, con los cinco.

-Eso quiero decir, quisiera ser vuestra novia, la de los cinco, y que me hicierais el amor por turnos, cada día uno, pero quiero que sea amor, solo lo haré con unas condiciones: Primera que seré vuestra novia, ninguno de los cinco puede salir con otra chica, tenéis que serme fieles. Segunda, yo seré fiel a los cinco, no saldré con ninguno más que con vosotros cinco. Tercera, ninguno de los cinco intentareis tenerme en exclusiva, porque eso llevaría a más discusiones. Cuarta, este noviazgo debe durar lo que dure la uní, o por lo menos intentarlo, después lo vamos viendo. O esas cuatro condiciones y ser la novia de los cinco o me voy hoy mismo.

Alejandro, el más callado de los cinco me dijo:

-Rosa, es el momento de que te des un buen baño con tu música, y mientras hablamos los cinco y decidimos sobre tu propuesta.

-De acuerdo Alejandro, me voy a dar un baño de sales, pero no echaré el cerrojo, porque quiero que si decidís que no queréis que sea vuestra novia, me lo vengáis a decir al baño, para que me valla a un hostal esta misma noche y, si decidís que si, vengáis los cinco al baño con vuestras pollas fuera de los pantalones, para haceros una mamada desde la bañera a los cinco a la vez, porque si no empezamos con algo los seis juntos luego surgirán los recelos, es como si me hicierais vuestra, os espero. Si decís que si mañana compraré la píldora para que me folléis a pelo y os podáis correr dentro de mí, ya que ninguno tenemos el virus, pero después de chuparos las pollas dejaré que me folle uno de vosotros dentro de la bañera, tenéis que echar a suertes cuál de los cinco me follara el primero, con preservativo hoy; eso sí decís que sí.

Pasó más de media hora, tuve que añadir agua caliente. De pronto entraron los cinco en silencio, se habían quitado los pantalones los cinco y los slip y por lo que vi, ¡se las habían estado meneando para entrar erectos!, ¡joder que pollones tenían todos!, unos más que otros, pero todos bien armados. Que emoción más grande sentí, ¡cuántas noches hacia soñado con ver sus pollas duras!, cuantas veces soñé con ver su semen espeso embadurnando mi rostro claro.

Cogí primero la polla de Luis, estaba dura como un roble, estaba limpia pero con el clásico olor a polla… abrí mucho la boca y me la zampé entera, ¡hasta la garganta!, cuando estaba al fondo del interior de mi cuello mordí su tronco por la base, marcándole mis dientes en su piel. Solté su polla y besé la de los otros cuatro yo de rodillas llena de jabón dentro de la bañera y ellos de pie junto a esta. Después agarré el miembro de Demetrio con las dos manos, su glande era inmenso, me dolió la mandíbula al traspasar la línea de mis dientes su porra de carne, dejé que me aplastará la lengua con la punta de la polla, unnnnn estaba que me corría, la solté e hice lo mismo con Sebastián y después se la mamé también a Pedro y a Alejandro, me olía el rostro a polla, mi cara preciosa estaba feliz. Lucían sus cinco pollas junto al filo de la bañera, los dije:

-Mis novios guapos, quiero que os separéis todos del filo de la bañera y os acerquéis a ella de nuevo para meneárosla frente a mi rostro por turnos, cuando se corra uno en mi cara, se retira y se acerca otro, el que me va a follar que no se corra, no valla a follarme sin ímpetu.

Se acercó primero Alejandro, se la meneó con ímpetu, su huevos saltaban en el aire, se los cogí con suavidad rozándolos con mis uñas largas y pintadas. Su polla está a menos de diez centímetros de mi rostro, un chorro espeso y a presión metió mi ojo derecho dentro de la cuenca por el impacto y mi impresión, otro chorro me dio dentro de la boca, entreabierta, otros dos en pómulo y frente. Sentía cosquillas al notar como resbalaba su semen caliente por la piel suave de mi rostro y después goteaba sobre mi pecho izquierdo.

Después fue Demetrio el que se la meneó frente a mí, su porra estaba a veinte centímetros. Le roce también los huevos con mis uñas, pero agarrándole un huevo fuertemente con mi mano izquierda. ¡Su chorro de leche fue tremendo!, sentía como si me regara un caballo, los chorros caían por toda mi cara y mis ojos quedaron cegados, ¡no podía ver! Al respirar por la nariz su leche caliente era absorbida por mí y al echar el aire hacia pompas con su lechada, ¡joder! Me limpié los ojos con la mano pero seguía viendo borroso, ¡me encantaba estar cegada temporalmente por él!

Después se acercó Pedro, golpeó mi nariz con su polla, me la puso junto a los labios y se la meneo, ¡Joder con Pedro!, me soltó un lecheretazo en el fondo de mi boca que dobló mi campanilla hacia atrás, otro en mi paladar. Se retiró, cerré la boca y me tragué su esencia.

Sebastián se quedó más retirado, unos treinta centímetros, ¡pero aun así!, atinó a cegar de nuevo mis ojos con dos chorros llenos de grumos espesos. Se retiró y con mi mano cogí sus grumos y me los comí y me los tragué.

Sería Luis el que me follara ese primer día. Se desnudó por completo, se puso un preservativo y se situó detrás de mí en la bañera. Paseó su polla larga y delgada por toda mi grieta y por mi culo. Mi gordo chocho estaba impaciente por tragársela, pero Luis vio los espasmos que hacía el anillo de mi ano y mojando su polla enfundada con agua y jabón me la metió por el culo. ¡Joder que bien me entró!, sentí como llegaba donde no se debe llegar y se movió intensamente, ¡mi ano estaba tan abierto como la boca de un hipopótamo!, ¡no se cansaba el cabrito!, la sacó y se la lavo en la bañera debajo de mis piernas, después me folló el coño como un animal. Casi no cambiamos en la bañera, (los otros cuatro nos miraban de pie con sus pollas brillantes y colgando). Me folló con ímpetu, sus muslos golpeaban mi culazo con un ruido acuoso, sentía como su largo pene se apretaba al fondo de mi útero y sus gordos huevos golpeaban intensamente mi prominente coño, el cual se esforzaba en abrazar su dura polla cual manta de mar. Se corrió dando gritos y yo me corrí a la vez gritando más todavía que el.

Después de ese día, cada noche dormía con uno de ellos y me follaba. Solo iba a mi cuarto a estudiar, hace más de quince días desde que empezamos y no ha habido ni un solo día en que no me folle el coño y el culo uno de ellos. Me tratan como a una reina, y estudiamos mucho los seis; pero mantenemos en secreto nuestro noviazgo (hasta hoy que necesitaba contarlo). Hay días que no dejo que se corran y derramen su semen dentro de mi coño, esos días quiero sentir el semen de sus pollas, (ya mías) tapándose la nariz, cegándome los ojos y empapando y llenando mi boca.

Rosa Deisis