Papá se excita al verme bailar

Sonia Camila Venancia de Todos los Santos era una joven alta, de cabello de color negro azabache, largo y rizado, su nariz era pequeñita, su boca tenía labios carnosos, sus ojos eran azules y grandes…, era bella, tan bella era que era la envidia de sus pocas amigas y el sueño de cualquier hombre que la conociese.

Sonia desde muy joven, en verano, andaba por la casa en bragas y camiseta y su padre lo veía cómo la cosa más normal. Esa noche de verano iban a cambiar las cosas. Sonia estaba con las piernas cruzadas, en bragas y camiseta sentada en la alfombra del salón mirando una revista. Su padre estaba sentado en un sofá, fumando en pipa y con un Whisky sobre la mesa camilla, le preguntó:

-¿Cómo va esa obra de teatro en la universidad, Sonia?

-Sigue adelante. Preparo el baile en mi habitación.

-¿La música de Richard Strauss que oigo a veces es cuándo practicas?

-Sí. ¿Quieres ver cómo lo hago?

-Claro que quiero, cariño.

Sonia, que se sentía atraída por su padre, vio la oportunidad de seducirlo, le dijo:

-No te muevas de ahí, ahora vuelvo.

Poco después en un teléfono móvil comenzó a sonar Salomé de Richard Strauss. Apareció en la sala Sonia cubierta con siete velos, uno de ellos cubriendo su nariz y su boca. Posó el móvil en la alfombra y echando la cabeza hacia atrás, una pierna hacia delante y levantando el brazo izquierdo comenzó a bailar contoneando las caderas, moviendo sus brazos, sus pies y moviendo en sus manos un velo blanco, todo lo movió al compás de la música hasta que se inclinó y dejó caer el velo blanco en la alfombra. Se levantó, se quitó el velo naranja y bailo moviéndose alrededor, movió sus brazos cómo si fueran alas de mariposa y luego cómo si fuera serpientes, alas de mariposa de nuevo, todo sin dejar de contonear las caderas hasta que se volvió a inclinar para dejar el velo en la alfombra. Se levantó contoneándose y moviendo los brazos, Volvió a echar la cabeza hacia atrás, sus brazos hicieron filigranas en el aire y después le dio la espalda a su padre que vio cómo su melena rizada le caía en cascada por espalda mientras comenzaba a mover el velo amarillo con las dos manos. Al darse la vuelta vio su cintura de avispa y su ombligo. Su sujetador blanco y sus braguitas a juego. Vio sus anchas caderas contoneándose y sus largas y moldeadas piernas que dejaba ver su falda de seda abierta por delante. Comenzó a verla como mujer y no cómo hija. Sonia con los brazos en alto y con el velo cogido con las dos manos dio vueltas y vueltas haciendo una especie de remolino con el velo. Se paró un momento, echó la cabeza hacia atrás y movió la pelvis hacia delante y hacia atrás cómo si estuviera haciendo el amor, después se volvió a inclinar y puso sobre la alfombra el tercer velo. Moviendo el culo a un metro escaso de su padre quitó un velo rosa y otro amarillo, velos que llevaba a ambos lados de las caderas sujetos con las bragas, volvió a mirar a su padre y acto seguido siguió bailando de aquella manera tan sensual hasta que puso los velos sobre la alfombra, después, sin dejar de contonear las caderas se quitó el velo verde que llevaba en la cintura y danzó, danzó y danzó, hasta que lo puso en el cuello de su padre, luego se dio la vuelta y moviendo las caderas se quitó el velo negro que cubría su nariz y su boca, giro la cabeza, miró a su padre y sonrió.

-¿Qué te pareció, papa?

Pablo quitó el velo de su cuello, lo echo sobre la alfombra, y le dijo:

-Tú no te vas a exhibir así en público.

Sonia no se podía creer lo que estaba oyendo, era la primera vez que le negaba algo. Le preguntó:

-¿Por qué?

-Porque lo digo yo, y vete a vestir.

-Eso es porque no lo hice bien, dilo.

-Lo hiciste demasiado bien.

Sonia sabía lo que le pasaba a su padre, pero quería oír de sus labios que lo había excitado. Le preguntó:

-¿Me quieres explicar que te pasa?

-Pasa que no quiero que te vean cómo te vi yo.

-¿Qué malo hay en que alguien se haga una paja pensando en mí?

Pablo se quedó a cuadros. Su cariñito se había convertido en un ser vulgar.

-¡¿Qué has dicho?!

-Lo que acabas de oír. Ya tengo diecinueve años, papá, hace mucho que dejé de ser una niña. Sé lo que provoco en los hombres.

-¿Y que provocas, Camila?

Sonia cogió un cabreo brutal.

-¡No me llames Camila!

-¿Qué provocas, Venancia?

Le pusieran Camila de segundo nombre porque así se llamaba su madre y de tercero Venancia por su abuela. Sonia no sabía cual de los nombres detestaba más.

-¡¡Te odio, papá, te odio!!

-Ódiame, pero no me dijiste que provocas, Camila Venancia.

Sonia se desahogó.

-¡Provoco ganas de ponerme a veinte uñas y meterme la polla hasta la garganta!

Pablo se levantó del sofá y con cara de mala hostia, le dijo:

-¡Tira para tu habitación!

Sonia recogió el móvil y los velos y se retiró a su habitación, diciendo:

-¡Te odio, te odio, te odio! ¡¡Cómo te odio!!

En los tres días siguientes Pablo se fue del chalet al despacho antes de que llegara el servicio y volvió después de que se había ido y cuando ya su hija se fuera para cama. Al cuarto día Sonia lo estaba esperando. Al entrar en la sala, le dijo:

-Tenemos que hablar, papa.

-¡No hay nada que hablar! No vas a trabajar en esa obra de teatro.

-No es de eso de lo que quiero hablar.

Pablo sacó la chaqueta, la echó sobre un sofá, aflojó el nudo de la corbata y yendo hacia el mueble bar, le preguntó:

-¿De que quieres hablar, Sonia?

-De mi regalo de cumpleaños.

-¿A cuántos estamos?

-No te hagas el tonto, mi cumpleaños fue ayer, ayer cumplí veinte años.

Pablo, que era alto, de ojos azules, pelo cano…, era un hombre atractivo, dio con la palma de su mano derecha en la frente, y le dijo:

-¡Qué cabeza la mía! Perdona, cariño, pide lo que quieras, menos hacer la obra de teatro.

Sonia fue a su lado, le quitó de la mano la copa que se había echado, la bebió de un trago, y después mirándolo a los ojos, le dijo:

-Te quiero a ti, te quiero a ti en mi cama.

Sonia quiso besarlo, Pablo le hizo la cobra.

-Sabes que eso no puede ser, hija, me prometí a mi mismo hacerte feliz desde que murió tu madre.

-Eso es lo que te pido, que me hagas feliz.

Le echó los brazos al cuello, sus duras tetas se apretaron contra el pecho de su padre y esta vez lo besó. Pablo se estremeció cómo si fuera un adolescente al que le dan su primer beso y cómo a un adolescente se le puso la polla dura. Sonia la notó sobre su coño y se lo restregó contra ella. Era muy dulce y excitante lo que estaba sintiendo Pablo, pero no podía continuar, le quitó los brazos del cuello a su hija, y le dijo:

-No puede ser, cariño, no puede ser, lo único que te haría sería daño.

-No, papa, me harías feliz.

Pablo fue hasta el sillón, cogió su chaqueta, y yendo hacia su habitación, le dijo:

-Un rato, hija, un rato, pero ni tú ni yo podríamos con el cargo de conciencia después de consumar el incesto.

Transcurrido un cuarto de hora, o algo menos, Sonia, con el velo negro tapando su boca, con la falda de seda abierta por delante, en bragas y sujetador, descalza y con una copa en la mano, abrió la puerta de la habitación de su padre, y encendió la luz. Lo vio en calzoncillos sobre a cama y le dijo:

-Te traigo la copa que te quité.

Al llegar su hija al lado de la cama Pablo no pudo resistirse a la tentación que le causaban los encantos de su hija, se puso en pie, le quitó el velo de la boca y la besó con pasión mientras le echaba las manos a sus duras nalgas y la apretaba contra él. A Sonia la copa le cayó de la mano y el whisky se derramó en la carpeta roja que cubría el piso. Sonia echó los brazos alrededor del cuello de su padre y se fundieron en un beso tan largo y apasionado que acabaron con el coño mojado y la polla empalmada. Al dejar de besarse Sonia se echó sobre la cama y se quito el sujetador. A Pablo su hija le parecía un ángel con las tetas más hermosas que había visto, unas tetas medianas, casi triangulares y con areolas oscuras y pezones diminutos. Cuando las acaricio vio que las tenía duras cómo piedras y blanditas en sus areolas picudas. Amasó, lamió, chupó y mamó largo rato aquellas deliciosas tetas, unas tetas que eran las tetas más hermosas que había visto. Sonia se quitó las bragas. Pablo metió la cabeza entre las piernas de su hija y vio su coño abierto, un coño con los labios rosados llenos de babas y con la vagina palpitando. Al lamer el coño Sonia arqueó su cuerpo y gimió de placer. Con la pelvis elevada, le echó las manos a las tetas, le metió y sacó varias veces la lengua en la vagina y después siguió lamiendo los labios, despacito, saboreando cada gota de flujo. Sonia subía y bajaba la pelvis para que la lengua lamiera su clítoris, pero su padre, que no dejaba de acariciar sus tetas, no dejaba que esto ocurriera. Tiempo después, cuando ya Sonia con sus gemidos pedía pan por señas. Pablo posó la parte superior de su lengua sobre el clítoris y metió la punta dentro de su vagina. Sonia comenzó a mover la pelvis de abajo a arriba. Frotándola con la lengua. Paró de gemir, para decir:

-¡Me corro, papá!

Sonia se corrió jadeando y retorciéndose. De su coño salió una riada de jugos agridulces casi tan blancos cómo la leche que su padre se tragó.

La polla de Pablo estaba enferma, muy enferma, babeaba cómo le babeó el coño a Sonia antes de correrse. Tenía los calzoncillos con una mojadura de cojones, y nunca mejor dicho, pues así tenía los cojones, mojados.

Sonia cuando volvió del viaje alucinante le echó la mano a la polla a su padre y al encontrar los calzoncillos mojados, le dijo:

-¡Qué cachondo te pusiste, papá!

-Con lo rica que estás la cosa no era para menos, hija.

-Déjame ver.

Le quitó los calzoncillos y vio la polla y sus huevos mojados. La cogió, la descapulló y la metió en la boca. Pablo le dijo:

-¡No, Sonia, no!

Ya era tarde, Pablo comenzó a correrse. Sonia tragó la leche que tena en la boca, luego sacó la polla y viendo cómo la leche salía leche de ella y paraba en su mano cerrada, le dijo:

-¡Qué rápido! En las películas de vicio no pasa esto.

Después la volvió a mamar y se tragó los dos últimos chorritos.

Pablo al acabar de gozar le preguntó a su hija:

-¿Que decías del vicio?

Sonia, por si colaba, dijo:

-Decía que soy una viciosa.

Había colado

-No digas eso, hija, eres una mujer apasionada.

Si su padre supiera la colección de consoladores y vibradores y toda clase de juguetes que tenía en un lugar secreto no diría que era apasionada, diría que era una viciosa de tomo y lomo, pero no era de eso de lo que os estaba hablando, os estaba hablando de que le ocultó que miraba porno, pues si le decía que lo miraba vendrían las preguntas y le acabaría diciendo que se masturbaba un día sí y el otro también.

En fin, la mujer apasionada se limpió la leche de la mano a la falda de seda abierta por delante, la quitó, la tiró sobre la carpeta roja, se echó a su lado, le puso la cabeza sobre el pecho, y le preguntó:

-¿Te sientes mal después de lo que hemos hecho?

-No.

-Yo tampoco. Sabes, eres el primer hombre en mi vida, y me gustaría que fueras el último.

-Te acabarás enamorando de algún chico de tu edad, por eso tenía miedo de hacerlo contigo, cuando te enamores te arrepentirás de haber estado conmigo, con tu padre, con…

Le puso un dedo en los labios.

-Ya, ya, ya sé quien eres, y nunca me arrepentiré porque cómo te quiero a ti no voy a querer a nadie.

-Pero es que eres tan joven…

-Y tu hija.

-¡No me lo recuerdes, no me lo recuerdes que me haces sentir mal. Eres tan niña…

Le calló la boca con un beso, y después le dijo:

-Soy una mujer, papá, no soy una niña.

Se volvieron a besar, comenzaron con un pico, dos tres, cuatro, un beso con lengua, una mano que agarra la polla, dos dedos que entran en el coño y Sonia que acaba encima de su padre aplastando su polla con el coño mojado, poniéndole una teta en los labios y diciéndole:

-Un besito en el pezón para la niña mala -se lo dio y cambió de teta-, otro para la caprichosa -se lo dio-, y muchas mamaditas en los dos pezones para Sonia.

Después de mamarle las tetas, le dijo:

-¿Te has puesto juguetona?

-¿Te gusta verme así?

-Ponme el chochito en la boca.

-¿También quieres jugar?

-Sí.

Sonia le puso el coño en la boca, Pablo la cogió por la cintura, la echó hacia delante, puso su culo en la boca, y le dijo:

-Una lamidita en el ojete para la niña mala -se lo dio-, otra para caprichosa -se lo dio- Y muchas folladitas de lengua para Sonia.

Sonia después de la follada de ojete se puso perra, pero perra, perra, bajó el coño hasta la polla, la metió hasta el fondo y folló a su padre con violencia. Metía y sacaba como queriendo romper el coño, queriendo romper la polla, queriendo romper todo y no pagar nada. Estaba cómo loca… Al rato bajaban por sus piernas dos regueros de jugos casi blancos como la leche… De su coño salieron más y más jugos. Los huevos de Pablo se encharcaron con ellos. Sonia lubricaba una cosa mala y sus gemidos eran de posesa, y cómo posesa, dijo:

-Me corro me corro me corro ¡Me corroooo!!

A correrse, queriendo o sin querer, sacó la polla y dejó solo la puntita dentro. Por la polla abajo cayó una cascada blanquecina hecha con sus jugos y la leche de la corrida de su padre. Después Sonia bajó el culo, metió la polla hasta el fondo y se acabó de correr sintiendo la polla de su padre latir mientras se corría.

Al acabar, aún con la polla dentro del coño, y después de darle varios picos, le dijo:

-Puede que me dejaras embarazada, papá.

-¿Quieres que te compre la píldora del día después?

La respuesta no iba a dejar lugar a dudas.

-¡No!

-No se si alegrarme o si echarme a llorar.

-¿Me dejas ahora hacer mi papel de Salomé?

-¿A que viene esa pregunta?

-Responde y te quitaré de dudas.

-Ahora menos que antes.

-Entonces es que te alegrarías si dentro de nueve meses tengo una criatura.

Sonia le dio un pico a su padre, sonrió, y le preguntó:

-¿Me equivoco si digo que quieres que sea solo para ti, papá?

-No, eres mi ojito derecho.

Le dio un beso con lengua, cogió su polla flácida, se la empezó a menear, y le dijo:

-¿Me equivoco si digo que también te gusta el ojito de mi culo?

A Pablo casi le da la risa, pero se aguantó y le dijo:

-No seas vulgar, cariño.

Besándolo deslizó su mano hasta los huevos, se los acarició y jugó con la yema del dedo índice de la mano derecha en su ojete haciendo círculos sobre él.

-Quiero, ser vulgar, quiero que me vuelvas a comer el culo? Me gustó mucho.

A Pablo se le puso la polla morcillona, y le preguntó:

-¿Sabes a lo que te arriesgas?

Le metió la mitad del dedo en el ojete y la polla se puso tiesa.

-No me arriesgo, lo estoy buscando, papa.

Lo buscaba y lo encontró.

-Date la vuelta.

Sonia se dio la vuelta y levantó el culo, Pablo le dio un par de nalgadas, después con una mano le magreó las tetas y con la otra abrió las nalgas y le lamió el coño, el periné y el ojete unas doce veces. Sonia se puso a cuatro patas. La punta de la lengua de Pablo entró y salió de su culo innumerables veces, después le metió un dedo el coño, lo sacó pringado de jugos y se lo metió entero en el culo y se lo folló metiéndolo, sacándolo y moviéndolo alrededor. Poco después le metía dos dedos en el coño, del coño fueron al culo y se lo follaron cómo antes, a eses dos dedos siguieron tres… Cuando Sonia le cogió el gusto a la cosa y comenzó a gemir su padre le puso la polla en la entrada del ojete. Sonia separó las nalgas con la dos manos. La cabeza de la polla entró en su culo. Se incorporó, le echó a su padre un brazo al cuello, giró la cabeza y se besaron… Mientras se besaban la polla fue entrando en su culo muy lentamente. Cuando la tenia toda dentro, Pablo, le echó una mano a las tetas y cuatro dedos de la otra mano al coño, dos de estos dedos entraron en el coño, salieron mojados y acariciaron su clítoris. Sonia estaba ardiendo. Su cara estaba colorada y sus pequeños pezones, que eran como cabezas de alfileres habían crecido un poquitín y estaban tiesos. Entre besos y caricias comenzó a temblar y le dijo a su padre:

-Papa…

Pablo le cayó la boca con un beso, y le dijo:

-Lo sé, hija, lo sé, córrete.

Sonia se corrió entre temblores y de nuevo soltó una riada de jugos casi blancos cómo la leche que cayeron sobre la cama al tiempo que chupaba la lengua de su padre. Pablo le llenó el culo de leche.

Al acabar, descansando una al lado del otro, le dijo Sonia a su padre:

-Dime otra vez quien soy para ti.

-Eres mi ojito derecho.

Quique.