La puta de la familia

Al día siguiente, desperté sola en la cama, sintiendo que me molestaban las medias, las ligas me cortaban la circulación de sangre; así que, me las saqué y me dispuse a darme una ducha, cuando de repente Marcos irrumpe en la habitación, portando una bandeja con el desayuno.

Marcos: ¡Buen día mi amor!

Liluska: Hola ¿qué hora es?

Marcos: Las nueve y media ¿a dónde ibas?

Liluska: Al baño, a darme una ducha

Marcos: ¿y si desayunamos antes?

Liluska: Ok. Gracias mi amor.

En mi interior, rogaba que no preguntara sobre lo sucedido anoche. Por suerte, creo que Marcos leyó mi mente y no insinuó nada. Desayunamos la rica preparación y el café doble y cargado, que me vino de maravillas.

Cuando terminamos, me zambullí en el baño, por una larga y caliente lluvia.

Me vestí con indumentaria de gimnasia y me encontré con Jonathan en la cocina; tampoco deseaba sus comentarios.

Jonathan: Hola Lilu

Liluska: Hola Jo

Jonathan: ¡Estuvo espectacular lo de anoche! Ahora sos muy especial para mí.

Liluska: No deseo hablar ahora; pero, ¿entiendes que debemos volver a la normalidad? ¿verdad?

Jonathan: Sí, por supuesto que entiendo; pero, alguna mamada o polvo haremos de vez en cuando ¿verdad?

Liluska: ¡No seas insolente! No me gusta que me hables así.

Jonathan: Ok, pero no me cortes la cara. ¿Acaso con papá te es suficiente? Pronto va a necesitar la pastillita celeste con vos. ¡Mama mía! ¡Qué bien coges!

Me retiré inmediatamente de la cocina, ya no soportaba su desparpajo. Al salir, casi me choco con Marcos.

Liluska: ¿Salimos a caminar? El día está hermoso parece.

Marcos: Dale, espérame que busco mi tapa bocas. No te olvides el tuyo.

El domingo se presentaba soleado, con una temperatura agradable, y no había nadie en la calle; así que, fuimos directo a un parque que se encuentra cerca.

A pesar del sonido de los pájaros y el murmullo de las hojas de los árboles, necesitaba hablar con Marcos.

Liluska: Marcos, en relación a lo de anoche…

Marcos: No tienes que aclarar nada. Nos divertimos mucho y fue sólo sexo, y del muy bueno. Es delicioso poder compartirte con otro hombre.

Liluska: Pero, quiero hablarte de Jonathan.

Marcos: Podría haber sido él, o cualquier otro hombre. ¡Hicimos realidad una fantasía!

Liluska: ¡Escúchame! quiero hablarte de Jonathan.

Marcos: Tranquila Lilu, tienes mi permiso para hacer lo que quieras, cuando quieras, está todo bien.

Liluska: ¡Es imposible! No quiero que cambie lo que teníamos…

Marcos: No cambia nada Lilu, sólo se amplió

Liluska: ¿No me vas a escuchar?

Marcos: Sí, por supuesto; pero, entiendo que atravesamos un límite, y quiero que te sientas libre. Por supuesto que si Jonathan, se pone pesado, me avisas y lo ponemos en vereda.

Opté por callarme la boca, había perdido el hilo de lo que quería expresar; así que, volví a disfrutar de la caminata.

Con el correr de los días, llegué a pensar que lo de esa noche, quedaría como una anécdota; ya que nadie mencionó más nada.

Al cabo de unas semanas, haciendo las tareas del hogar, nuevamente descubro a Jonathan en nuestra habitación. Esta vez, en lugar de espantarme, me dio curiosidad su ritual. La puerta estaba entre abierta, por lo que lo espié desde ahí.

Observaba que olía y se acariciaba con mis medias de liga, seguramente para sentir la suavidad de ese material.

Al rato, llevó la prenda hacia su miembro, que ya estaba en su máximo esplendor, comenzando a masturbarse con las medias envueltas en sus manos.

Se arqueaba hacia atrás, demostrando placer y pensé que intentaba recordarme desnuda en su mente.

La escena era erótica, sensual, y lograba un cierto morbo en mí, hasta que me decidí a entrar; en principio, para interrumpir su paja y echarlo de la habitación.

Cuando estuve frente a él, me miró, se sonrojó y continuó haciéndolo; seguramente, no existía nadie que lo pudiera detener.

No sé qué me pasó, pero me agaché y metí mi cara entre las medias, hasta que me topé con su miembro. Comencé a besárselo y luego a chupárselo suavemente.

Él soltó las medias y me tomó de la nuca, para acabar en el cielo de mi paladar.

A pesar de las fuertes sensaciones, guardábamos silencio; mientras yo tragaba sus últimas gotas de semen.

Su miembro se resistía a la flacidez, así que me tomó de las axilas, para levantarme, y una vez erguida, me giró rápidamente para que me apoyara en el estante del vestidor.

No le costó introducirme su verga, yo estaba lo suficientemente húmeda; así que, me bombeó con fuerza.

Luego de unos diez minutos, me produjo el primer orgasmo; al cual, me resistí gemir del placer. Me gustaba mucho sentir su joven miembro, como entraba y salía de mi vagina, manejándome desde la cintura, jugando distintas rutinas.

Al cabo de quince minutos más, sentía su chorro de semen y mi segundo orgasmo, terminando con un par de profundos bombazos.

Me besó la nuca y se retiró de la habitación.

Yo quedé unos instantes temblando, pensando que ahora sí, me había convertido en la puta de la casa.

Mientras tanto, en esas semanas, había notado en Marcos, un aumento en sus preocupaciones laborales, que por supuesto, se notaban en la noche, cuando íbamos a la cama; durmiéndose apenas apoyaba su cabeza, en la almohada.

Un viernes por la noche, le pregunté:

Liluska: ¿Hay muchos problemas en la empresa?

Marcos: Sí, se retrajo mucho las ventas. Además, hay filiales del interior, que piensan cerrar.

Liluska: ¿Le temes a algo?

Marcos: No, pero debo trabajar más, y llegando el fin de semana, quedo agotado.

Liluska: ¿Yo puedo hacer algo para relajarte?

Marcos: ¡Pobre mi reina! ¿Te estoy prestando poca atención?

Liluska: No, para nada. Quizás por el cansancio no me pides que te haga algo, para dormir mejor.

Marcos: ¿Qué se te ocurre?

Liluska: Creo que, con una mamada, dormirías como un bebé.

Marcos: Ja ja ja. Dale

Me alegre de sacarlo de su mufa. Sabiendo cuáles son sus fetiches, me calcé las medias negras y me deslicé hacia su entrepierna, para que pudiera verme como se la chupaba.

Al comienzo, le besé suavemente el glande, mientras lo masturbaba con mi mano; logré que su erección rápidamente. Luego, me lo introduje en la boca, colocándome de costado, para que apreciara mis piernas largas.

En un momento, verifiqué que la puerta de la habitación estuviera cerrada, para evitar la maldita costumbre de Jonathan, de espiarnos, filmando con su celular.

Marcos: Mmm ¡Qué delicia! Ahora quisiera tu culito. Agarra el vibrador y cojamos.

Liluska: Ok

Tomé mi vibrador de la mesa de luz, y le mostré como me masturbaba, volviendo a chupársela. Sabía que esa imagen, le volaba cabeza; aunque siempre insistió, que sería perfecto que hubiera otro hombre, en lugar del consolador.

Marcos: ¡Subí!

Obedecí dándole la espalda y entregándole el mando del vibrador; mientras, con mi mano le dirigía su verga hacia mi ano.

Al cabo de unos bombazos, acabó dentro, y me ordenó:

Marcos: ¡Seguí masturbándote!

Él no la sacó de mi culo, y los dos dirigimos el consolador hasta mi orgasmo.

Así transcurrían las semanas. Con Marcos teníamos buen sexo, pero más espaciado en el tiempo; por lo que, de vez en cuando, accedía a los pedidos de Jonathan; pero, lo manteníamos en secreto, no quería herir a ninguno en su hombría.

Un día, mientras tenía sexo con Marcos, me susurra al oído:

Marcos: ¿estás cogiendo con Jonathan?

Mientras gemía, pensaba la respuesta.

Liluska: Sí, de vez en cuando. El encierro por la cuarenta, creo que le afecta.

Marcos: ¡Esa es mi reina! ¿Repetimos un fin de semana de estos?

Liluska: ¿Qué cosa?

Marcos: Los tres juntos.

Liluska: ¿Seguro?

Marcos: Por supuesto. Pero esta vez, que ya tenemos más confianza, te quiero bien puta.

Liluska: ¿A qué te referís?

Marcos: Que lo hagamos deliberadamente.

Liluska: No te entiendo.

Marcos: El sábado que viene, pedimos comido a un delivery. Vos te vistes bien sexy; por ejemplo, con la blusa negra transparente, para que te veamos los pechos mientras cenamos. La lencería que me gusta.

Liluska: ¡Oh! Qué exigencias

Marcos: Prepárate un show de striptease; luego, nos puedes mostrar cómo te masturbas con los dos consoladores, para enseñarnos que quieres que te hagamos.

Liluska: ¡Uy! No sé si me animaré

Marcos: Tengo la solución. Cuando te vistes para la cena, te colocas el huevo, que yo te lo manejo con el celular; y para cuando terminemos de cenar, seguro que estarás muy cachonda, y no tendrás dificultades para hacerlo.

Liluska: Si esto te hace feliz y te hace olvidar el trabajo, ok.

Cuando llegó el sábado, estaba segura que a partir de esa noche, me convertiría definitivamente, en la puta de la casa.

A la tardecita, me di una ducha y luego de secarme, me coloqué el huevo rosa en la vagina, con la antenita hacia atrás; luego de unos minutos, se encendió el led rojo y comenzó a vibrar suavemente. Marcos seguramente estaba pendiente de ese momento, pensé.

Luego, me puse el portaligas y las medias negras, y subí mi culote, asegurando que el huevo no se escaparía, hasta sacármelo. De cualquier manera, a esa hora no necesitaba de esas vibraciones dentro mío, el sólo hecho de pensar en lo que sucedería, me había puesto a mil.

Terminé de vestirme con la blusa transparente y una pollera corta de cuero, subiéndome a mis tacos, luego de maquillarme.

Cuando bajé, ellos ya estaban terminando de alistar la mesa. Al llegar, nos besamos los tres, casi al mismo tiempo.

Nos sentamos a la mesa, y sus miradas se clavaron en mis pechos; de pronto, observo a Marcos que toma su celular para subir la intensidad de las vibraciones.

Liluska: ¡No! Por favor, como estaba, está bien mi amor.

Marcos: Ok

De repente, Jonathan se asoma por debajo de la mesa, para averiguar de que se trataba, y al ver la lucecita roja en mi entrepierna, exclamó:

Jonathan: ¡Oh! ¡Dios mío!

Todos soltamos una carcajada, que nos sirvió para distendernos.

La charla en la cena, se puso hot, hablando solamente de sexo.

Marcos: ¿Qué te gusta de ella?

Jonathan: Toda completa. ¡Es una diosa! Y es sublime como mama.

Liluska: ¡Ya basta!

Marcos: Sí, ¡la mejor chupando! A mí, me gusta tenerla en sándwich con varias vergas. Nos faltaría uno más, para ocuparle todos los orificios, y sé que ella puede atenderlos a todos. ¿Y vos que te gusta de él?

Liluska: ¿Debo contestar?

Jonathan: Sí, y sé honesta.

Liluska: En primer lugar, su tamaño es perfecto para mi vagina; y vos Marcos, la tienes perfecta para ahí atrás.

Jonathan: ¿Y en segundo lugar?

Liluska: Bueno, que estás caliente todo el tiempo. Ja ja ja

Marcos: Lo que es ser joven.

Jonathan: ¿Piensan invitar a un tercero?

Liluska: ¿se volvieron locos?

Marcos: Tranquilo. Vamos paso a paso.

Jonathan: ¿Y con otras mujeres? ¿Qué onda?

Marcos: Le he dicho que me encantaría verla con otra; pero, no hay caso.

Liluska: No siento atracción, no me imagino el lesbianismo.

Jonathan: ¿Y un travesti? Cumpliría todas las funciones

Marcos: ¡Uy! ¡Qué morboso! Quizás.

Liluska: Ya se fueron a la banquina. ¡Basta!

Con este tenor, terminamos de cenar, y yo estaba a punto caramelo. Así que me levanté a bajar la intensidad de las luces; mientras que, Marcos puso música jazz de fondo.

Yo me apoyé en el respaldo del sofá, frente a ellos y de pie, que permanecían en la mesa. Me subí la pollera, contorneándome con movimientos sexy, y comencé el striptease, bajándome el culote, para sacarme el huevo rosa de la vagina. En ese instante, ellos observaron que estaba totalmente húmeda. A continuación, comencé a desabrocharme la blusa; pero:

Marcos: ¡No te la saques!

Así que continué bajando el cierre de la pollera, dejándola caer; así, baile por unos instantes, hasta que les mostré los dos consoladores. Ellos gritaron como si estuvieran en un cabaret.

Me dirigí hacia un aparador, en donde coloqué un consolador, pegándolo con su ventosa, a la altura de mi cola; luego, tomé el otro y les mostré como la chupaba. Mientras, jugaba con mi ano, sobre el otro consolador.

Mientras lo introducía en mi cola, accioné la perilla del vibrador en mi mano, y separé algo mis piernas.

En eso, Jonathan se levanta, como para venir.

Marcos: ¡Siéntate!, aún no terminó.

Así que les mostré, como jugaba con los elementos siliconados, hasta que me resistí el orgasmo.

Mientras me miraban boquiabiertos, me agaché y comencé a gatear hacia ellos. Una vez debajo de la mesa, desabroché la bragueta de Marcos, sacando con dificultad, su erecto miembro; al mismo tiempo que, con mi otra mano, masajeaba el bulto de Jonathan. Ambos habían subido el mantel, para observarme.

Chupándosela a Marcos, bajaba el cierre del pantalón de Jonathan, y él me ayudó a liberar su verga. Me alterné con las mamadas, mientras ambos, me masajeaban los pechos, por encima de la blusa transparente, hasta que me tomaron de las manos, para sacarme debajo de la mesa.

Cuando me incorporé, me tomaron de los brazos, como custodiándome, y nos dirigimos hacia la habitación nuestra, a la cama doble.

Allí, me hicieron sentar en borde, y colocaron sus miembros frente a mi cara, para que siguiera mamándolos; lo cual, hice con esmero.

Luego de un rato, Marcos obligó a Jonathan a agacharse, para que me besara la vagina; mientras él, ocupaba toda mi boca y sus manos monopolizaban mis erectos pezones.

Al cabo de un par de lengüetazos de Jonathan, no aguanté y me vino un tremendo orgasmo contenido. Él como un bebé, se tomó todo el líquido y siguió jugando con su lengua.

A esa altura, los necesitaba dentro mío; y por suerte, Marcos me tomó y recostó en la cama, ordenándole a Jonathan que me cogiera. Acomodándome en cuatro patas, el pibe me tomó de la cintura y me ensartó, sin dejarme llegar a la cabecera de la cama.

Marcos nos observaba, y yo lo miraba expresando mi placer. Luego se acercó, y me metió la suya, nuevamente en la boca; así, permanecimos hasta mi segundo orgasmo.

En el último gemido, me tomó Marcos y me recostó, acomodándose él, detrás de mí; sabía que quería penetrarme por el ano; así que, lo ayudé.

Cuando comenzamos cómodamente a coger, Jonathan se recuesta frente a mí, buscando nuevamente entrarme por la vagina.

Logramos un acompasado ritmo; mientras, me retiraba por atrás, de la verga de Marcos, me metía hasta el fondo por delante, en la verga de Jonathan.

Así, estuvimos un buen rato, por la traspiración de los cuerpos, hasta escuchar por detrás, un sordo grito y un chorro caliente dentro de mi cola. Marcos no la sacó; mientras, Jonathan rompía el compás que teníamos, bombeándome con fuerza.

Al rato, suelto otro orgasmo, perdiendo la cuenta, y siento que la verga de Marcos, vuelve a hincharse dentro de mi cola; lo que me provoca, otra acabada, pero leve.

Al comenzar a moverse Marcos, Jonathan me llena con abundante leche por delante; y luego, se incorpora para metérmela en la boca.

Jonathan: Límpiamela y vuélvela a parar con tu lengua.

Obedezco mirándolo a los ojos, mientras Marcos me coge casi con furia, y le pido:

Liluska: Más despacio Marcos por favor, que me duele.

Marcos: ¡Uy! Perdón mi amor.

Jonathan: ¿Me puede meter por atrás?

Liluska: Mmm, no sé, la tienes mi grande para mi colita, me parece.

Marcos se sale y se recuesta sobre sus espaldas, ordenándome que lo monte. Yo le obedezco y veo que Jonathan, probará por detrás.

Detengo la cabalgata, para que Jonathan lo haga despacio. Siento que cuidadosamente se abre camino, mi ano se dilata al paso de su mástil; pero, no logra meterlo todo, por lo que comienza a moverse, metiéndomela hasta la mitad.

Trato de retomar el trote sobre Marcos; pero, Jonathan descansa toda su humanidad sobre mi espalda.

Marcos: en esta posición, me encantaría verte como se la chupas a un tercero.

Al escucharlo, Jonathan se metió por completo, y yo grité, al mismo tiempo que me venía un orgasmo desde las entrañas.

Liluska: Cambiemos, estoy exhausta de esta posición.

Deshicimos ese sándwich, nos recostamos de lado, Marcos volvió a entrarme por detrás, eso me alivió mucho, y Jonathan se metió por delante, bombeando rápido, porque quería volver a acabar.

Estuvimos un buen rato así, ya que Marcos me hacía la cola muy suavemente, y Jonathan no lograba eyacular; pero yo, expulsaba las últimas gotas, quedándome seca por dentro.

De repente, Jonathan se arquea hacia atrás, introduciéndose hasta el fondo y soltando un penetrante chorro de semen; mientras yo, sentía que casi se meten sus bolas dentro de mi vagina.

Jonathan: ¡Espectacular! El mejor polvo de mi vida.

Y se recuesta de espaldas, mirando el techo y tomándome un pecho con su mano, como si se tratara de un apoya manos.

Mientras tanto, Marcos seguía culéandome muy suave y susurrándome al oído, que amaba.

Los primeros rayos de sol, nos sorprende exhaustos; habíamos estado cogiendo toda la noche y perdimos la noción del tiempo, seguramente por la intensidad de las acciones.

Poco a poco, nos quedábamos dormidos, pensando y exclamando, que habían sido los mejores polvos de nuestras vidas.

Al mediodía me desperté sola en la cama, y de fondo escuchaba la máquina de cortar césped.

Me puse la bata y salí al parque; allí estaban ellos dos, uno cortando el pasto y el otro recogiendo las hojas.

Liluska: Vaya ¿Qué mosquito les picó? O ¿soy la única hecha una piltrafa?

Marcos: ¡Hola mi reina! Me despertó una llamada de la empresa.

Liluska: ¿Un domingo?

Marcos: Sí, no me hables, estoy furioso. Resulta que el miércoles, debo viajar al interior a cerrar una filial.

Liluska: ¡Uy! ¡No! Por favor, cuídate. ¿Por cuántos días?

Marcos: No te preocupes, no hay gente, sólo es poner en orden unos papeles. Al otro día estoy de regreso.

Jonathan tenía puesto los auriculares, y no se percató de mi presencia.

Liluska: ¡Ah! Bueno, no es tan grave.

Marcos: No, pero quizás me demande un par de viajes.

Liluska: Voy a preparar café ¿Quieren?

Marcos: Sí, gracias.

Jonathan: ¡Oh! Liluska no te vi. Buen día. ¿Te encuentras bien?

Liluska: Hola, si estoy bien, aunque cansada. Voy a preparar café ¿Quieres?

Jonathan: No es para menos. Fantástico, prepárame uno bien cargado.

En la cocina, preparando la cafetera, pensaba en mi nuevo rol en la casa, la de puta de estos dos hombres, y el mote me molestaba. ¿Porque pensaba de esta manera machista? ¿Acaso no puedo sentir placer por el sexo? Sin que esto signifique, convertirme en una puta.

Con mi anterior relato, muchos me escribieron manifestando cuanto se habían calentado, como desearían que su pareja fuera así. Pero, sepan que es muy difícil y riesgoso aceptar a saltar ciertas barreras, porque siempre se debate sobre el rótulo que a una le otorgan. Sin lugar a duda, debe cambiar la dialéctica entre el hombre y la mujer. Por suerte, Marcos me fue llevando a esta nueva realidad.

La cafetera comenzó a chillar, esfumando los pensamientos elaborados hasta ese momento. En ese momento, irrumpe en la cocina Jonathan.

Jonathan: ¿Escuchaste?

Liluska: ¿Qué cosa?

Jonathan: Papá viaja el miércoles, y no va estar en todo el día.

Liluska: ¿y?

Jonathan: Pensaba que podíamos pasar el día en la cama. No lo haríamos a escondidas.

Liluska: ¡Qué loco! No sé, veremos. ¿Ahora soy la puta de la casa?

Jonathan: ¡No! Por Dios, jamás pensaría así de vos.

Liluska: ¿Entonces?

Jonathan: Simple. Eres la pareja de mi padre, y por lo que vi, tienen buen sexo. A mí me deslumbraste desde el primer día; sin bien al principio sufrí, porque estaba recaliente, las cosas se dieron y puedo disfrutar del sexo contigo, no tanto como quisiera, pero lo disfruto. Y encima, se da que podemos estar los tres haciéndolo. Nada, sólo pienso que somos tres personas que nos gusta el sexo y lo disfrutamos.

Liluska: Bien. Voy a servir el café.

Los días siguientes transcurrieron en una apacible convivencia.

El martes por la noche, cenamos temprano e hicimos el amor con Marcos; él viajaba temprano al otro día.

Al amanecer del miércoles, me levanté con Marcos, para prepararle el desayuno, y media hora después, lo despedía con un profundo beso, en la puerta de nuestra casa.

Al cerrar y con intención de volverme a la cama, me topo con Jonathan que estaba parado detrás mío y desnudo.

Liluska: ¡Qué susto! ¿Qué haces ahí? ¿No despediste a tu padre?

Jonathan: No llegué para la despedida.

Liluska: Déjame pasar.

Jonathan: ¿No tienes ganas?

Liluska: ¿De qué?

Jonathan: De que pasemos el día juntos en la cama.

Liluska: Tengo un poco de sueño ahora.

Jonathan: ¿Puedo dormir con vos?

Liluska: Ok, ven.

Nos fuimos a mi habitación y nos acostamos; pero, al rato, siento la mano de Jonathan en mi cola. Lo dejé hacer, porque la idea, me había despabilado, aunque me hacía la dormida.

Luego, su dedo recorría mi rayita y comencé a calentarme; pero, seguía simulando.

Jonathan estaba creyendo que estaba dormida, porque se acercó con su duro miembro y tomó mi mano; la cual, la dejé muerta, y la llevó hacia su verga. Él le dio forma de tubo a mis dedos y deslizó su miembro entre ellos. Mientras tanto, con su otra mano, me corría el bretel del camisón, para descubrir uno de mis pechos, que mostraba ya, el pezón endurecido.

Yo no sabía cuanto más podría simular; ya que él, se estaba saliendo de sus cabales, moviéndose más rápido en mi mano, temiendo que hiciera un enchastre, en cualquier momento. Así que abrí mis ojos.

Liluska: ¿No podías esperar un poco a que durmiera algo?

Jonathan: No, perdón. Ponte las medias negras, por favor.

Liluska: ¿A esta hora de la mañana?

Jonathan: Sí, dale. Y trae tu colección de juguetes.

Liluska: Eres vicioso como tu padre.

Me levanto y del cajón, saco un consolador y dos vibradores, arrojándolos a la cama; luego, tomo un par de medias negras, y me las coloco de manera sexy, en el borde de la cama.

Él estaba acostado de espaldas, así que cuando terminé de subirme las medias, dejé caer mi camisón de raso, simplemente retirando los breteles de mis hombros, y comencé gatear sobre la cama, en dirección a su mástil; estaba pensando en regalarle una tragada de leche; total, él se recuperaba pronto.

Cuando llegué, tomé su verga con mis manos y comencé a succionarla.

Jonathan: Date la vuelta, ofréceme tu culito, te voy a poner esto.

Me muestra la perita que dilata el ano, lamiéndola; yo obedezco; así que, quedamos en posición de 69. Él me lo colocó suavemente; mientras yo, me esmeraba con la mamada. Luego, tomó un vibrador.

Jonathan: Este tiene mi tamaño.

Giró la perilla y comenzó a introducirme el vibrador en mi vagina; al mismo tiempo que, acercaba su cabeza, para jugar con su lengua en mi clítoris. Lo escuchaba gemir entre mis piernas.

Jonathan: Espera ¡Me vengo!

Me la meto lo más profundo que puedo, y logro que su chorro se estrelle en mi garganta. Mientras emitía sonidos de placer, termino de limpiarle el glande, y para mi sorpresa, no deja de seguir dura.

El vibrador ya hacía efectos en mi vagina, arrancando gemidos y movimientos acorde a los que imprimía Jonathan.

Jonathan: ¿Hacemos una prueba?

Liluska: ¿Cuál?

Jonathan: Gira hacia mí.

Roto mi cuerpo, y quedamos acostados de lado y de frente. Siguió maniobrando el vibrador, en la zona totalmente empapada y se acercó a mí. Quería probar de meterse junto al vibrador.

Liluska: ¡Para! ¡Te volviste loco!

Sentía medio vibrador metido y su glande intentando abrirse camino.

Jonathan: Probemos, si lo logramos, tenemos una sorpresa para cuando estemos con papá.

Estaba partiéndome por la mitad, hasta que, no sé cómo, también logró meter hasta la mitad su verga. Yo estallé de un grito y un tremendo orgasmo experimenté.

Dilatada mi vagina, se movía a la par del vibrador, obligándome a contraer las nalgas.

Liluska: ¡Ya es suficiente!

Se salió, pero dejó el vibrador, que ya hacía estragos en esa sensibilizada región. Se pasó hacia atrás, y allí, sacó suavemente el dilatador, para introducirme su verga.

Con los dos adentro, en un par de bombazos, comencé a sentir otro orgasmo, tipo ametralladora.

Jonathan: ¡Que lindo es estar así! ¿Verdad?

Liluska: Mmm, sí.

Jonathan: Cuéntame ¿Qué fantasías has hecho?

Liluska: ¡Ag! ¡Ag! ¿A qué viene esa pregunta?

Jonathan: No sé, quiero saber

Liluska: Ninguna

Jonathan: ¿Cómo? Nuestro trío ¿no fue una?

Liluska: Era la fantasía de tu padre.

Jonathan: ¿No tienes fantasías?

Liluska: No, simplemente me gusta el sexo y lo disfruto.

Él se movía cómodo en mi ano, hacía un buen rato; mientras, yo volvía a acabar y ya no soportaba más el vibrador en mi vagina.

Liluska: Sácalo por favor.

Jonathan lo retiró, y me clavaba cada vez más al fondo.

Jonathan: Yo tengo un montón de fantasías, y tu eres siempre la anfitriona.

Tuve miedo de preguntar, por lo que seguí disfrutando del placer en mi ano; pero, él siguió.

Jonathan: Tengo un par de amigos bien dotados, que podríamos llenarte todos tus agujeros.

Liluska: Olvídalo

Jonathan: ¿Se la chuparías a un desconocido? por ejemplo ¿en un estacionamiento?

Liluska: Quizás

Esa respuesta fue como un detonante, porque me llenó de leche. Permaneció un rato allí, y sentía que no dejaba de seguir dura. Brincó sobre mí, para meterse por delante.

De esta manera, tuvimos una maratón de sexo hasta el mediodía, cuando nos dio hambre; así que, almorzamos algo simple. Me sentía como una adolescente con Jonathan.

Cuando terminamos con la sobremesa, él no tenía otro tema de conversación, que el sexo; por lo que, volvimos a la cama…