Un viernes extremadamente caliente

Sara, la protagonista de la historia y mi esposa desde hace más de 25 años luce sus flamantes 52 con un aspecto realmente increíble lo que la convierte en principal foco de atención sea cual sea el lugar donde se presente. Como era habitual todos los viernes, nos disponíamos a disfrutar de nuestra “sagrada” velada nocturna en pareja así que ella, tras una interminable estancia en el baño, hidratándose y maquillándose, se ajustó delicadamente el precioso sujetador negro de aros y el minúsculo tanga de tira a juego, algo que aventuraba un exitoso final. Posteriormente, terminó de acomodarse su glamouroso vestido de lycra en color negro con corte a medio muslo, escote recto y tirante al cuello. El ceñido material insinuaba una figura espectacular de la que llevo disfrutando tantos y tantos años. Obsesionada con la depilación láser y los centros de belleza, su piel tiene el tacto del de una mujer al menos 20 años más joven lo que unido a su adicción al gym da como resultado lo que yo llamaría una maravillosa WILTF (Woman I’d like to fuck). Tras este largo periodo de acicalamiento nos dirigimos a nuestro restaurante favorito a unas manzanas de nuestro domicilio aunque nos vimos obligados a reservar un taxi ya que sus afilados y largos tacones le impedían andar con soltura, con riesgo además de dañarse algún tobillo.

En cuanto a mí, me llamo Sergio, mido 179 cms y tengo 56 años. He dedicado buena parte de mi vida a practicar actividades físicas de máxima exigencia habiendo participado en varias triatlones populares en las que he llegado a obtener excelentes resultados en las diferentes categorías a las que he concurrido. En la actualidad, mi principal afición es la natación que entreno disciplinadamente en piscina cubierta 4 días a la semana. No es necesario explicar que para atraer a una belleza como la de Sara hay que mantenerse en sintonía o al menos intentarlo. Soy moreno, y tengo la suerte de disponer de una poblada y atractiva cabellera, algo entrada en canas pero inusual en hombres de mi edad.

En Tony’s, tras degustar sus magníficas ostras maridadas con el Mar de Frades 2021, la máxima expresión a mi entender entre los Abariños y sus especiales fresas con chocolate negro al Calvados ya nos anticipaba una noche de incierto y morboso desenlace. Tras llamar un UBER nos trasladarnos a Cosmos, nuestra sala preferida de la capital, donde el quinto día de la semana amenizaban con unas excitantes veladas de Deep House a cuyo ritmo nos entregábamos entre infinitos haces de luces multicolor.

Una vez en la ya atestada Sala nos dirigimos hacia Marco, el apuesto encargado del selecto local. Italiano de unos 2 metros; su físico y encanto desmoronaría cualquier muro que le tendiese mujer en el mundo. Su chaleco negro, e impoluta y camisa blanca nuclear con pajarita parecían haberse creado expresamente para él. Tras sentarnos en nuestro rincón habitual entre dos columnas y con preciosos sofás tapizados en rojo, acto seguido me dirigí hacia el baño donde fui consciente de mi alto estado de excitación. El acto central de la noche estaba por descubrir. Al recuperar mi lugar observé que Sara no estaba, sólo su chaqueta ya que el bolso y el resto de prendas los dejamos en la consigna de entrada.

El cimbreo de sus caderas, su pétreas nalgas y larga melena rubia proyectadas en el centro de la pista de baile, polarizaban todas las miradas masculinas y también femeninas, sabiendo que se había convertido en el objeto del deseo de todos ellos. Pasaron varios minutos en los que la observaba obteniendo una extraña pero real excitación al advertir esas obsesivas miradas cuya traducción literal sería “deseo follarte de forma salvaje”.

Marta volvió a nuestro sitio a saborear su Sex on the beach a la vez que pedíamos otro y luego otro más. Transcurrida más de hora y media Sara volvió a la pista aprovechando una conversación que yo estaba manteniendo con Marco. Fue entonces cuando, de soslayo, fui testigo de un “acoso” consentido por dos apuestos jóvenes de unos 35 años de impresionante estatura y físico, similar a los jugadores de balonmano. El movimiento de los tres rayaba la provocación y ese espectáculo pasó a concentrar la atención exclusiva de los allí presentes. No había aproximaciones sino contacto real e intenso, sus caras se acercaban y Sara no parecía inhibirse en absoluto.

A la ½ hora Sara, escoltada por Silvio y Adrián, que así se llamaban los muchachos, se acercaron a mí para formalizar las oportunas presentaciones. El nivel de alcohol era manifiesto en los gestos de Sara así como en el modo de vocalizar las palabras más sencillas. Mientras les invité a la enésima consumición fuimos abordando conversaciones triviales ya que nos costaba pensar ágil y coherentemente. Tanto Silvio como Adrián flanqueaban a mi mujer “sin cortarse un pelo” algo a lo que no puse la más mínima objeción y su corto vestido se subía hacia sus caderas sin que reaccionase tan siquiera instintivamente. En un momento determinado la conversación adquirió un tono caliente lo que me provocó otra erección esta vez ya casi definitiva.

De repente, y no puedo recordar cómo, nos vimos los cuatro en el flamante Mercedes clase S de Silvio cuyo precio de mercado brincaría fácilmente los 100.000 €. Con la excusa de mostrarme las excelencias de su vehículo, me acomodé en el asiento del copiloto por lo que Sara y Adrián disponían de un espacio exclusivo para ellos en el asiento trasero. Nos dirigimos por la autopista hacia la casa de éste que resultó ser un chalet en una exclusiva urbanización de la zona metropolitana de la ciudad. Después de asistir atónito a la virtuosa forma de conducir de Silvio , minutos más tarde pude observar, a través de un espejo interior, cómo Sara se entregaba totalmente a su acompañante trasero. Además, pude oír con claridad cómo le pedía, básicamente le ordenaba, que le entregase su tanga a lo que Sara accedió sumisamente. La situación era de enorme intensidad y ya habíamos hecho un movimiento irreversible por lo que una vez llegados a la que yo denominaría espectacular mansión, pusieron una tenue luz en en salón y el Sexual Healing de Marvin Gaye. Nos ofrecieron ponernos cómodos y quitarnos ropa mientras Silvio ponía otras copas y Adrián bailaba la canción fusionado con Sara. En un momento dado, ellos se desnudaron dejando sólo sus slips mientras Sara fue acomodada totalmente desnuda en posición decúbito prono, es decir, boca abajo. Poco después sacaron un aceite lubricante que fueron extendiendo con las cuatro manos por el cuerpo de mi esposa cubriendo todos sus orificios, mientras yo asistía pasmado pero en estado de total excitación, de hecho, también me incorporé de inmediato a la fiesta poniendo mi humedecido glande en la boca de Sara para que en la primera o segunda succión provocase una gran eyaculación que ingirió como una auténtica zorra. La situación llevaba un crescendo impresionante lo que se resolvió con un movimiento brusco de Silvio que cogió a Sara en brazos y la trasladó a uno de los dormitorios de la planta superior a donde le seguimos todos soltándola bruscamente en el colchón tamaño King Size, abriéndole totalmente las piernas y haciéndole un intenso cunnilingus a la vez que su amigo le ofrecía su erecto pene de un tamaño proporcional a su figura, es decir, gigante. Sara era sometida por nosotros tres y no desistía de ser follada con ruegos altos y claros. Tras dilatar su ano con la ayuda del lubricante Silvio fue introduciendo sucesivamente sus gruesos dedos llegando hasta introducir tres de forma simultánea, deslizándose con una facilidad asombrosa.

Me di cuenta que no se iban a utilizar preservativos en ningún momento y yo tampoco lo había impedido porque mi bloqueo, preso de la lujuria más desmedida, era total concediendo a ambos el disfrute compartido de mi esposa, aunque lo más importante es que era ella quien lo consentía.

En este caso, fue Adrián el primero que preparó su polla para profanar el ano de Sara y, pese a su también descomunal tamaño, la penetró en su totalidad embistiendo violentamente su culo hasta que, tras varias arremetidas, se corrió en su interior con una notoria exhalación y depositando su enorme cuerpo sobre la delicada espalda de Sara. Poco después se incorporó y al extraer semejante verga, una enorme cantidad de semen brotó del esfínter de Sara, muy dilatado y enrojecido. Era mi turno y en mi caso, me preparé para follarle su precioso y depilado coño que se mostraba lubricado hasta límites que nunca había percibido en mi esposa. Ella colaboraba plenamente con los tres sin ofrecer una mínima resistencia, es más, parecía desear que esta situación fuese interminable.

Sara imploró esta vez a Silvio que le follase por detrás a lo que este no tardó absolutamente nada. Una última eyaculación dejó la cama tan mojada que parecía que habían echado una piscina entera.

Poco después yacíamos los tres en la enorme cama, abrazados y desnudos permaneciendo dormidos hasta más de las 13 horas. Al levantarnos, en estado de sobriedad y algo avergonzados, nos duchamos, nos vestimos rápidamente solicitando los servicios de un taxi.

En el trayecto no hablamos ni una sola palabra acerca de lo sucedido pero la situación intensificó nuestras posteriores relaciones y dejó abiertas las posibilidades de nuevos encuentros como estos.